martes, 21 de octubre de 2025

Estar siempre preparados

«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame".
Generalmente estas exhortaciones de Jesús, a primera vista, parece que nos estuviera hablando del día de nuestra muertes, el día en que nos llame para volver a la Casa del Padre, que estemos preparados para presentarnos ante Él. Quizás también sea así, estar preparados para ese día es un buen comienzo del día, porque eso nos indica que sabemos que ese día llegará, pero no sabemos cuando y tenemos que estar listos, sin miedo y con esperanzas de que volver a la Casa del Padre será el viaje que nos lleve a la Luz, al Amor y a la Paz, pues el encuentro con el Padre ha de ser el esperado por todos los hijos.
Sí, es una realidad que no la pensamos, que no la queremos pero que la tendremos que vivir y sin desesperarnos porque llegara, vivir en la esperanza de que todavía el Señor nos quiere aquí para seguir trabajando, como dice san Pablo: "Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros".
Pero, también se puede entender la exhortación de Jesús en el hecho de estar siempre preparados y prevenidos para que al escuchar Su Voz, y discernir Su Voluntad podamos hacerla prontamente. Es que, muchas veces, no estamos preparados para que el Señor nos diga algo que no queremos escuchar, o simplemente no estamos preparados para discernir Su Voluntad para nuestras vidas.
Vivimos tan preocupados por nuestros planes que nunca estamos disponibles para el Señor, por eso Él nos pide que estemos con la cintura ceñida y las lámparas encendidas, figura de aquél que Dios le pidió a su pueblo estar preparados porque les iba a conceder la liberación. Así también nosotros sin preocuparnos de nosotros mismos, sino ocupándonos de las cosas del Señor estaremos siempre listos para salir a Su Encuentro, escuchar Su Voz y hacer lo que Él nos diga, pues sabemos que Su Voluntad es lo que nos proporciona el milagro de la felicidad, de la Bienaventuranza: "Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».

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