En este día de la Virgen del Rosario la lectura de los Hechos de los apóstoles nos lleva aquellos días, después de la crucifixión de Jesús, cuando los apóstoles, por miedo, se reunían a rezar, y en medio de ellos estaba María, la Madre de Jesús y nuestra Madre. Esa imagen es la que se me hace que podemos llegar a pensar cuando estamos rezando el Rosario: María está junto a nosotros, acompañándonos mientras meditamos los misterios de la vida de Jesús y de María, y, sobre todo, donde intentamos elevar nuestra mente y nuestro espíritu hacia Dios.
Porque, a veces, nos olvidamos que en todas las oraciones, ya sean las hechas (Padre nuestro, Ave María, Gloria, Rosario, Via Crucis, etc.) siempre estamos elevando nuestra alma a lo Divino y sobrenaturalizando lo natural, pues en cada rezo o diálogo que tenemos con las personas divinas, ellas están junto a nosotros.
La oración es la que nos lleva al diálogo con el Padre, o el Hijo, el Espíritu Santo, o con la Madre que intercede por nosotros, o los santos que también llevan nuestras oraciones hasta el corazón del Padre.
Queremos, está claro, que nuestra oración sea escuchada y se haga lo que pedimos, pero no siempre, como dice san Pablo, sabemos pedir lo que nos conviene. Pero lo que es cierto que siempre nuestra voz es escuchada en los Cielos, aún cuando no digamos nada porque el Espíritu que habita en nosotros y nuestro Ángel custodio siempre están llevando nuestros deseos y necesidades al corazón del Padre.
El Rosario, que es el arma que nos ha dado La Madre, nos ayuda a contemplar y recordar la vida de Jesús y María, son misterios que nos llevan a los momentos más importantes de sus vidas y que lo son para nosotros porque en ellos el Padre comenzó la tarea de nuestra salvación. Así mientras desgranamos las cuentas del Rosario meditando cada palabra, le vamos entregando al Padre por manos de María nuestro tiempo, nuestra vida para que esa oración ayude a quienes lo necesita, interceda por nosotros y por la salvación del mundo, trayendo la paz a nuestro corazón y, por medio de nosotros, a cuántos el Padre quiera dársela.
martes, 7 de octubre de 2025
Virgen del Rosario
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