"En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse".
No es sólo una exhortación para aquellos días ni tan sólo para los apóstoles, sino que nos viene bien a todos en todos los tiempos, pero, fundamentalmente, en estos tiempos en donde la hipocresía parece un virus que se propaga por el aire. La falsedad en la vida diaria es algo tan común que lo vamos publicando constantemente en las redes sociales y por la calle también, y, lo peor es que nos creemos que esa es la vida verdadera de los otros y también de nosotros.
Claro que al llegar a la soledad de nuestra casa, de nuestra familia, todas las máscaras se caen y comienza el calvario de reconocernos a nosotros mismos, y surge la pregunta tan demoledora, en algunos casos de ¿quién soy? Para muchos no hay respuesta pues no saben responder, se ha vivido tanto para dar una imagen que el mundo quiere que demos que se han olvidado de buscar la esencia personal, de buscar el sentido de la vida.
"Por eso, lo que digáis den la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea".
Y sí, al final sale a la luz lo que no estoy viviendo, lo que no soy o lo que soy en verdad, y ese vacío es el que produce dolor en el alma, el que descubran que mi vida no es tal como la pinto, y, por sobre todas las cosas, el descubrir que mi vida no como digo que es sino que hay un vacío inmenso en el interior de mi corazón.
Hoy es ese el peligro que se está viviendo y que no nos damos cuenta, las Redes sociales son sólo una muestra de lo que llevamos en el corazón: vacío que se hace foto y se muestra como lo mejor de la vida, sin embargo la vida está vacía y no tiene hacia dónde ir.
Darse cuenta a tiempo de esa verdad es aprender a sanar y a llenar el vacío con lo mejor que se nos ha regalado: la Vida en Dios, pues es el único que sabe hacia dónde está la meta que satisface a mi vida, la meta que da sentido a mi vida, y el sentido que da felicidad a mi caminar. Encontrar al Señor en el camino de nuestras vidas es el mejor estímulo para recorrer todo el sendero y alcanzar lo que tanto ansía el corazón.
viernes, 17 de octubre de 2025
El vacío de la hipocresía
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