sábado, 18 de octubre de 2025

Poneos en camino

«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino".
Hoy más que en el aquella época es necesario que nos pongamos en marcha, pero en la marcha que el Señor quiere y no en la marcha que nosotros queramos o que pensemos que es tal o cual.
Hoy hay muchos que teniendo como baluarte el tema de la Iglesia sinodal lo único que buscan es mandar en la comunidad, no buscan el servir en la comunidad o ir de misión que es lo que sería lo mejor, sino tener el poder de hacer que los demás hagan lo que ellos quieren. Es que el apetito de poder sigue reinando en los hombres, y más en aquellos que creen que lo saben todo y buscan tener un "nombre" o un "status" dentro de una comunidad cristiana.
El Señor nos envía a todos a anunciar el Reino confiando sólo en su Providencia, y, sobre todo, no deteniéndonos en el camino por nada, sino que con el corazón puesto en su Corazón y nuestra mente buscando su Voluntad.
Está claro que todos somos necesarios en la misión de la Iglesia, porque todos somos parte del Cuerpo de Cristo, pero, también, es cierto que cada miembro tiene una función diferente y especial, nadie es más que nadie, pero todos tenemos funciones y lugares diferentes en este Cuerpo Místico de Cristo. Por eso, en estos tiempos tan complicados y tan envueltos en las tinieblas del mundo debemos buscar y saber cuál es nuestro lugar, qué es lo que el Padre quiere y qué es lo que debo hacer para alcanzar la perfección que Dios ha pensado para mí.
Para ello necesitamos vaciarnos del espíritu del mundo y de mi propio yo para que, llenos del Espíritu del Señor, podamos discernir cuál es nuestra propia vocación, cuál es el llamado que Dios nos está haciendo y habiéndolo descubierto, sin miedo y con plena confianza en Su Voluntad, poder lanzarnos a alcanzar la meta.
Hay un mundo que está esperando que llevemos la Palabra de Dios, que le mostremos el Camino de la Salvación, viviendo, sobre todas las cosas, el mandamiento principal: "amaos unos a otros como Yo os he amado, pues en esto conocerán que sois mis discípulos".

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