"Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas".
Este IV Domingo de Pascua es llamado el Domingo del Buen Pastor, las lecturas nos llevan a pensar y a meditar en Jesús como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, pero, también, las meditaciones nos intentan mostrar a los pastores de nuestros pueblos, a los pastores del Pueblo de Dios que a imagen de Jesús intentan llevar hacia el Padre a todos aquellos que el Padre ha elegido sus hijos adoptivos. Por eso, en este Domingo se nos pide rezar por las vocaciones sacerdotales, y por los sacerdotes, para que, fieles a Cristo, puedan crecer, cada día, como buenos pastores, fieles, como el Buen Pastor, a la Voluntad del Padre que nos fuerza manifestada por su Hijo.
Muchas veces miramos a los pastores y queremos ver en ellos la santidad de Jesús, y, así debería ser, pero nos olvidamos de que ellos, como todos los hijos de Dios, cargan, sobre sus hombros y en su corazón, como diría San Pablo, “la espina del pecado original” por la cual no siempre hacemos lo que debemos, sino lo que queremos y lo que no debemos. Por eso, la oración por la santidad del clero es esencial en todas las comunidades, porque nos alimentamos, también, con las oraciones de nuestras comunidades que no buscan el mal para los pastores, sino que crezcan y se realicen, plenamente, como servidores del Evangelio.
Pero, también, en este domingo las lecturas nos ayudan a pensarnos y a reflexionar sobre nosotros, cada uno, como ovejas de un mismo redil, como miembros de una misma comunidad, como hermanos que nos buscan su propio beneficio, sino que, como el Cordero de Dios, buscan, con constancia y disponibilidad, centrarse en vivir la Voluntad del Padre. Porque, ni los pastores ni las ovejas, ninguno estamos exentos de vivir la Voluntad de Dios, que es lo esencial en nuestras vidas como cristianos, y es lo que nos llevará a poder crecer como verdaderos hijos, y, sobre todo, como verdaderos hermanos que intentan crear comunidades de hombres, varones y mujeres, que se aman a pesar y con sus propias diferencias y carismas.
Así el Domingo del Buen Pastor nos ayuda a centrar nuestra mirada en Jesús, porque Él como Manso Cordero aceptó ser obediente al Padre hasta la muerte y muerte en Cruz, y así el Padre lo nombre como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, y así nosotros, cada uno de los hijos de Dios, con el corazón invadido de Su Amor podremos forjar verdaderas comunidades cristianas, bajo un mismo y Único Pastor.
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