«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
En algún lugar, en algún tiempo, me decía alguien: "yo soy un instrumento del amor de Dios, porque todos los que están aquí son malos y pecadores". Y dentro mío pensaba: no juzguéis y no seréis juzgados, si realmente eres instrumento del amor has de mirar con amor a los demás, pero si los miras con esos ojos sabiendo que tú eres lo más bueno del mundo... entonces, no hay verdadero amor en ese instrumento.
Es evidente que siempre y en todo momento estamos juzgando, porque esa es nuestra actividad cerebral, causa de nuestra inteligencia, pero una vez que hacemos el juicio tenemos que ver cómo actuamos, cómo dejamos que esa mirada nos ayude a mirar a nuestros hermanos: si con misericordia o con justicia, si para ayudar o para condenar, si para salvar o ajusticiar, si con rencor o con misericordia.
Porque no podemos dejar que nuestros pre-juicios (juzgar antes de conocer a la persona en todo su contexto) nublen nuestra capacidad de amar, porque, el mismo Jesús nos lo pidió: amad a vuestro enemigos y más cosillas. Por eso el listón que nos ha puesto en orden a nuestro modo de relacionarnos con los demás es como el Padre se relaciona con nosotros. Es un listón muy alto, sí, y por eso mismo lo puso ahí para que no nos quedemos dormidos en que como somos buenitos siempre juzgamos bien a las personas. Pero, lo fundamental no es que juzguemos bien a las personas sino que las amemos como nos ama el Señor, que perdonemos como perdona el Señor, que ayudemos como nos ayuda el Señor...
lunes, 26 de febrero de 2024
Instrumentos del amor
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.