martes, 6 de febrero de 2024

Ni una cosa ni la otra

"Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Si bien esto lo decía Jesús a los fariseos de su época bien nos vale a nosotros en este siglo. Es claro que hoy no nos aferramos a las tradiciones de nuestros padres en el sentido que lo decía Jesús, pero sí nos aferramos a otras tantas cosas que nos vamos inventando para no hacer la Voluntad de Dios.
Creemos, a veces, que lo seguro es lo que siempre se ha venido haciendo y por eso (como otras veces lo hemos dicho) suena aquella vieja y famosa frase: "toda la vida se hizo así". Pero es, sobre todo, un escudo de protección para que no me quiten el poder que tenía sobre algo o sobre alguien. El miedo al cambio es un miedo real que, aunque no se expresa de ese modo, siempre está presente en todos. Salir de la rutina del siempre lo hice así es hacerle pensar a la persona que lo que siempre hizo está mal, y no es así, estaba bien para una época pero no para la nueva época.
Pero, no es que en todo tiempo hay que cambiar todo, sino que en todo tiempo y en todo momento hay que estar abierto a lo que Dios quiere, y saber escuchar lo que Dios nos quiere decir por medio de las circunstancias, los hermanos, etc.
Por eso no debemos quedarnos en los extremos de "toda la vida se hizo así", ni tampoco "siempre hay que cambiar todo para no caer en la rutina". Lo que nos libra de los extremos, y, sobre todo, del apetito de poder y del egoísmo, es buscar siempre la Voluntad de Dios, pues es lo que mejor nos lleva hacia adelante y lo que tenemos la seguridad que va a estar avalado por su Gracia.

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