domingo, 11 de febrero de 2024

Si quieres...

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio».

Comenzamos la última semana de tiempo ordinario antes de comenzar a vivir un nuevo tiempo: la Cuaresma. Y, la liturgia nos ofrece una Palabra del Señor que nos va a llevar pensar qué es lo que tenemos en el corazón para que el Señor nos lo pueda limpiar.
Un domingo, este 11 de febrero, donde celebramos el día del enfermo y la Fiesta de la Virgen de Lourdes, no es casualidad que se unan estos dos días, pues Lourdes es un destino de peregrinación constante para lavarnos y purificarnos, para que, si Dios quiere, le dé la Gracia de sanación a los enfermos que se acercan con Fe a sus aguas milagrosas y bendecidas por la Mano de la Madre de Jesús, y Madre Nuestra.
Lourdes, también, es un lugar de sanación interior, de sanar los corazones que se han ido enfermando por el pecado, por el dolor, por tanta enfermedad que nos va invadiendo del espíritu del mundo. A veces sin pensarlo dejamos que el “virus” del mundo nos intoxique nuestra vida cristiana y, sin darnos cuenta, vamos infectando a todo nuestro alrededor, pretendiendo que todos vivan en las tinieblas y el error que nos transmite el espíritu del Príncipe de este mundo, y no del Espíritu que vive en nosotros y quiere hacernos ser Fieles a la Voluntad de Dios.
Por eso no son sólo los enfermos en sus cuerpos los que necesitan la sanación de Dios, sino los que no nos damos cuenta de que hemos enfermado en nuestro corazón por haber dejado anidar egoísmos, vanidades, rencores, que, con el tiempo se van transformando en lo que seca el verdadero espíritu cristiano, no sólo en mi como persona individual, sino en mi familia, en mi comunidad.
Y en este contexto comenzamos a vivir una fiesta en la que, pareciera, que por ponernos una máscara podemos hacer todo lo que queramos pues nadie nos conoce. Y, sin embargo, las máscaras no disfrazan el alma, sino que la ponen a disposición de esos sentimientos que, sin la máscara, no podríamos expresar. Por eso no dejemos que una máscara de carnaval nos impida vivir cristianamente, pues celebrar una Fiesta de Carnaval no tiene por qué ir en detrimento de las buenas costumbres, de los buenos modales, y, sobre todo, del respeto por el otro que quiere, como todos, disfrutar de una fiesta en alegría y concordia.

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