"El Señor dirigió la palabra a Jonás:
«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Ninive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».
Jonás se puso en marcha hacía Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
«Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada».
Los ninivitas creyeron en Dios; proclamaron el ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor".
Así como le pasó a Jonás, también Dios nos pide a nosotros que anunciemos un tiempo de conversión, de cambio de nuestra vida para poder ser Fieles a la Voluntad de Dios, para salir de las tinieblas del pecado del mundo y vivir a la Luz del Evangelio.
Muchas veces, seguramente, nos preguntaremos o nos diremos a nosotros mismos, que no somos pecadores, que vivimos bien sin hacer daño a nadie, y, como muchos dicen: no robo ni mato.
Otras veces, pensaremos que ¿qué tengo que ver yo con los demás? ¿Cómo les voy a decir que se conviertan del pecado si soy, también, pecador? Y otras tantas evitaré decir algo por si se ofenden o por si me tildan de no se qué. La vergüenza, el miedo, el desinterés son algunas de las situaciones que me impide, muchas veces, decir "hermano, te has equivocado, vuelve al camino del Señor".
Pero, también es cierto, que no tenemos una clara conciencia de qué es y qué no es pecado, porque no hemos madurado lo suficiente en la reflexión del Evangelio y de la Voluntad de Dios. Por eso, en este tiempo de cuaresma, necesitamos profundizar en la Palabra de Dios, madurar en lo que es la verdadera relación con el Señor y con Su Voluntad. Sobre todo, porque nuestros pecados, además de ser de acción voluntaria, son de omisión, y muchas veces, de omisión voluntaria, pues sabiendo lo que tenemos que hacer no lo hacemos.
¿Por qué tenemos que descubrir el pecado? ¿Por qué tenemos que convertirnos y anunciar la conversión? Para la salvación de nuestras almas. ¿Por qué una madre o padre le llama la atención a su hijo para que quite la mano de arriba de la llama o que se cuide cuando va a cruzar una calle? ¿No es acaso que quiere salvar la vida de su hijo? Así, también, nuestro Padre del Cielo quiere salvar nuestra alma y por eso nos invita a la conversión, y nos llama a ser apóstoles de la conversión y de su Misericordia.
miércoles, 21 de febrero de 2024
Apóstoles de conversión y misericordia
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