martes, 13 de febrero de 2024

Cuidado con la levadura del mundo

"Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?"
Un diálogo clave para nuestro día a día, sí, porque, dìa a día, el Señor nos va hablando y nosotros estamos tan embotados con lo que queremos hacer, con lo que hemos programado, con lo que intentamos por nuestras propias fuerzas que no nos damos cuenta de qué nos quiere decir, para, al final, decir: "es que nunca nos dice nada el Señor", es que no nos habla, es que....
Y es claro, los apóstoles se habían olvidado el pan y al hablarles Jesús de la levadura de los fariseos, pensaban que era una indirecta por el olvido, y no, no era una indirecta, sino que Jesús quería decirles otra cosa, pero como ya estaban más pendiente del pan que de Su Palabra, no entendieron.
Y así nos suele pasar, creemos que nos dice algo para molestarnos, para fastidiar nuestro plan, y no es así. El Señor no quiere fastidiarnos nuestros planes, sino que quiere que vivamos mejor Su Plan, porque ese es el mejor Plan para nuestra vida.
Pero, entonces ¿que es la levadura de los fariseos y de Herodes?
Pues, para mí, es la vanidad, el egoísmo, el egocentrismo, el confiar más en la letra de la ley que en el espíritu de la ley. Cuando confiamos más en nosotros mismos que en Dios, entonces las cosas saldrán al estilo humano, que, muchas veces no está orientado hacia el mejor bien, sino hacia nuestro bien y nuestro plan.
Y, cuando las cosas no salen como yo pensaba, entonces me rebelo contra el Señor porque no me ha ayudado en lo que yo quería hacer y es ahí cuando digo que ya no me ayuda, que pone piedras en mi camino, y voy tirando piedras hacia el Cielo.
Como dice Santiago en la carta:
"Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte".
Cuando dejamos que la levadura del mundo avanza en mi vida, es ahí cuando nos dejamos tentar, no por Dios, sino por el estilo de vida del mundo y caemos en lo que caemos. Por eso, Jesús, nos pide que tengamos cuidado con esa levadura, que te eleva mucho pero luego te tira enseguida al suelo. Los hombres pueden hacer un gran altar, pero al menor error, te tiran al pozo más hondo.

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