"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
¿Por qué o para qué vamos a Dios?
A veces parece que a Dios sólo vamos para pedir, para que nos conceda lo que queramos, como si fuera el supermercado de nuestras necesidades materiales, físicas y espirituales. Y, otras muchas veces, vemos cómo otros se acercan a Dios para hacerse de una fama, de un lugar, de un poder.
Es una pena que los cristianos no hayamos podido entender el mensaje de Cristo, como le sucedió a la madre de los Zebedeos, que sólo venía a buscar un lugar de privilegio para sus hijos, sin haber entendido el verdadero mensaje que Jesús les estaba dando, y el futuro que Él esta narrando.
"Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Y esa es la pregunta que nos tendríamos que hacer antes de decidirnos a ser cristianos: ¿podremos beber el cáliz que Jesús ha bebido?
¿Podremos ser fieles a Dios sin buscar un lugar de privilegio a su lado?
¿Podremos vivir la Voluntad de Dios dejando de lado nuestro apetito de poder y de mandar?
¿Podremos cada día ser Fieles a Dios sin buscar nada a cambio?
Seguro que nuestra respuesta, como los hijos de Zebedeo, puede ser ¡Sí, podemos!, pero es una respuesta rápida y seguramente, sale, como la de ellos, del orgullo de no querer quedar mal ante los demás. Pero cuando nos pongamos a pensar en las exigencias verdaderas del Evangelio, podremos llegar a pensar que no podemos vivir esas exigencias.
O, en algunos casos, como dicen muchos: esas cosas son exigencias antiguas que ya no se usan en el siglo XXI.
Y, sin embargo, es cierto, las exigencias del Evangelio no podemos vivirlas, no podemos llegar a vivir todo lo que Jesús vivió si lo hacemos por nuestros propios medios.
Por eso mismo Jesús nos dijo: Sin Mí no podéis hacer nada. Y así es, sin Él no podemos vivir las exigencias del Evangelio, sin Su Gracia no podemos beber el cáliz que Él bebió, por eso necesitamos de una relación sincera, desinteresada y constante con nuestro Dios y Señor, para que Su Gracia esté en nosotros y así podamos llegar a ser lo que Dios ha pensado de nosotros, y compartir con Jesús su misión en este mundo, porque:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
miércoles, 8 de marzo de 2023
Podremos?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.