"Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos.
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra".
Reconocer nuestros errores y pecados no es un acto de debilidad, sino de fortaleza, pues al reconocerlos e intentar convertirnos de nuestros errores y pecados, nos vamos fortaleciendo, creciendo y madurando en la fe. Cuando somos capaces de reconocer nuestros pecados Dios nos da la Gracia necesaria para el arrepentimiento, pues es necesario para dar el paso de la conversión el arrepentirnos de nuestros pecados y querer subsanar las heridas causadas por nuestros actos u omisiones.
De nada nos sirve decir "yo pecador" si, realmente, no hay un arrepentimiento sincero y un dolor por los pecados cometidos, pues sólo así puedo llegar a la conversión. De lo contrario son sólo palabras vacías que no nos dejan crecer ni madurar, sino que son sólo una máscara de arrepentidos pero nada de conversión habrá en el corazón.
"Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas".
Poner la confianza en el Amor del Padre es lo que nos permite alcanzar la humildad necesaria para el verdadero arrepentimiento, pues sabemos que el Padre no quiere "ni sacrificios expiatorios ni holocaustos" sino que busca un "corazón contrito y humillado" al que brindarle todo su Amor y Fortaleza para que vuelva al camino de la santidad.
Por eso Jesús nos exige, cada día, dar un paso más en la relación con los hermanos y nos hace ver que cada acto de nuestra parte siempre será recompensado o no por nuestro Padre y los hermanos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Camino difícil, muchas veces, pero no imposible con la Gracia de Dios, por eso necesitamos, siempre, el verdadero arrepentimiento y el deseo de conversión para seguir intentando alcanzar la perfección que el Padre quiere de nosotros, perfección en el amor.
lunes, 6 de marzo de 2023
Verdadero arrepentimiento
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.