Para muchos que se creen sabios al leer la parábola del rico y del pobre Lázaro nos hacen ver que sólo los ricos materiales van a ir al infierno (si es que creen que existe, y existe en verdad, aunque no lo crean) sólo por tener muchos bienes materiales. Y, en realidad esa es una parte de la parábola, porque Jesús no sólo se refiere a la riqueza material, sino a toda clase de riquezas: intelectual, espiritual, o cualquier otra si la hubiera, porque en realidad tiene en cuenta lo que dice el Señor por medio del profeta Jeremías:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita".
Algunos tenemos tanta confianza en nosotros mismos, y nos enorgullecemos de lo que somos, a veces intelectualmente, otras espiritualmente, que nos olvidamos de los demás, es más a los demás los consideramos menos que nosotros, y nos pasamos la vida mirándonos el ombligo y creyendo que somos el centro del mundo por lo bueno y santos que somos.
Hay una riqueza, en cada uno, que cuando no se abandona nos va absorbiendo de tal manera que nos impide mirar la necesidad de nuestros hermanos. Tal es así que, muchas veces, nuestras propias cruces, que tendrían que ser causa de santificación y humildad, nos impiden mirar hacia el hermano que nos necesita, porque estoy tan metido en mi propio dolor que no puedo ocuparme del otro.
Al ir escribiendo esto vino a mi cabeza una oración de Santa Madre Teresa de Calcuta:
"Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo".
Ésta es la verdadera pobreza de espíritu que nos hará ricos en Gracia para seguir dando a todos lo que el Señor nos da.
jueves, 9 de marzo de 2023
Riqueza o pobreza, esa es la cuestión...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.