Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Aún en el dolor de haber perdido a su hermano, Santa Marta, expresa una confianza total en Jesús, en su mediación con el Padre, sabiendo que lo que él pida el Padre se lo concederá. Una confianza que, seguramente, no estaba fundada en que Jesús resucitaría a su hermano de entre los muertos, sino en que Él le daría la fortaleza necesaria para llevar adelante la cruz del dolor, de la muerte.
Habrían pasado muchas horas hablando, Jesús tenía mucha amistad con ellos y, entre charla y charla, les habría hablado de la eternidad, de la vida después de la muerte, pero, como le pasó a Él mismo, ante ese gran misterio el corazón sufre, y por eso lloró ante la tumba de Lázaro.
Con este evangelio terminamos las semanas de cuaresma, es la puerta de entrada a la Gran Semana de nuestra fe, y nos anima a buscar a Dios en cada momento, y, especialmente, en los momentos de dolor. Buscarlo en el dolor para que nos ayude a llevar la Cruz, para que nos de esperanzas de que no todo termina, sino que él mismo es la meta de la Vida, pues Él resucitó de entre los muertos para darnos Vida Nueva, aquí en la tierra y, después, en el Cielo.
La confianza que demuestra Santa Marta en el Señor, es la confianza que tenemos que llegar a conquistar, pues en esa confianza es donde sustentamos nuestra esperanza y nuestra fe, pues sabemos que Él abogará por nosotros ante el Padre, y el Padre le dará todo lo que Él pida, siempre y cuando todo sea para vivir según Su Voluntad, para alcanzar, cuando sea necesario, la fortaleza para beber el cáliz que nos toque, en el momento oportuno.
A veces llamamos al Señor para que venga a librarnos de la Cruz, pero ese no es el camino, sino que tenemos que pedirle que nos ayude a llevarla, para que nuestro espíritu se fortalezca y nuestra fe se acrisole para seguir siendo obediente, como lo fue Él hasta la muerte y muerte en Cruz. Así, aunque nuestra fe parezca que está muerta Él encenderá nuestra fe con la Gracia del Espíritu y podremos salir, nuevamente, a la vida para dar testimonio de nuestra fe.
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