domingo, 27 de febrero de 2022

Corrección fraterna

"¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano".
Muchas veces estas frases nos sirven para escudarnos de los consejos o llamadas de atención que nos hacen nuestros hermanos, pues lo que está en juego en una corrección fraterna es el propio yo, nuestro orgullo y, a veces, nuestra vanidad de sabernos tan buenos y santos que nadie puede o debe corregirnos. Sin embargo, Jesús, no quiere que esta exhortación nos sirva de escudo, sino que nos sirva para pensarnos a nosotros mismos, para descubrir que, así como es bueno ayudar a nuestros hermanos con la corrección fraterna, también debemos aprender a aceptar de nuestros hermanos las correcciones que tengan para nosotros mismos.
Sí, pues la corrección fraterna es parte de nuestra en comunidad, y es algo que Jesús nos pide que realicemos con nuestros hermanos, para lo que necesitamos, no ser perfectos, sino vivir el amor de hermanos, y hacer las correcciones no porque me molesten a mí, sino porque quiero lo mejor para mi hermano, de acuerdo con la Voluntad de dios.
A muchos nos gusta señalar y corregir los errores y defectos de los demás, pero cuando nos toca recibirlas no somos tan “buenitos” y simples, sino que, a veces, sacamos las garras para defendernos de todo aquello que parece que es algo injusto hacia mí. Sin embargo, siempre estamos necesitados de que nos ayuden a crecer, a madurar, a corregir nuestros errores. Claro es que la corrección fraterna nos lleva a profundizar en un diálogo con mi hermano, no sólo a decirle lo que veo sino a escuchar lo que él vive, lo que lo llevó a hacer tal o cual cosa o a decir tal o qué cosa.
Y eso es algo que no estamos acostumbrados a hacer: escuchar a mi hermano. Como dicen por ahí, estamos más acostumbrados a escuchar para responder, que, a escuchar para saber, para entender, para poder dialogar. A veces, en reuniones estamos hablando de tantas cosas a la vez que no sabemos por dónde va la conversación, y menos si hay algo que decirle a alguien, siempre estamos preparados para contestar devolviendo el argumento con otros que nos defiendan o ataquen, pues “no hay mejor defensa que un buen ataque”, dicen por ahí.
Y vuelvo al principio, no es que Jesús no quiere que nos ayudemos a crecer, sino que no lo hagamos simplemente por justicia, rencor o venganza, sino porque Dios nos pide que lo hagamos según Su Voluntad y no la mía.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.