"Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
"Las migajas que tiran los niños", siempre me hace pensar a las cosas que nosotros no valoramos de nuestra fe, de nuestra liturgia, de nuestros sacramentos. Y, a veces, tampoco dejamos a otros que los neceistan acercarse a ellos, y no porque se lo impidamos, sino porque nuestro testimonio es tan malo que no quieren acercarse.
Tenemos un tesoro tan grande dentro de nuestra Iglesia que no sabemos valorar, ni tampoco valoramos nuestra vida cristiana pues la dejamos de cuidar, de madurar, y, muchas veces, como Solomón nos dejamos convencer por otros dioses de personas a las que queremos.
"Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos de Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre".
¿Por qué vamos buscando soluciones en otros dioses que no es nuestro Dios y Padre? Por que, en realidad, no hemos conocido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, nos hemos quedado con lo aprendido en una catequesis de niños y se nos ha quedado inmaduro el saber. Y, además, las cosas del mundo nos quitan y nos dejamos absorver tanto que nunca tenemos tiempo para lo esencial de nuestra fe.
Y así, con una fe inmadura no damos buen testimonio de cristiano, y dejamos que el Banquete Celestial quede vacío de hijos que necesitan alimentarse. Y lo que es peor que nuestro testimonio no ayuda a los que buscan al Señor para acercarse al Banquete, sino que los alejan cada día más.
¿Somos conscientes que nuestra actitud en la vida diaria es un testimonio de nuestra vida de fe? ¿Somos conscientes que nuestras palabras y nuestras actitudes con los hermanos, la familia, los amigos, e, incluso, con la gente que no me es grata es también un testimonio para los que buscan a Dios?
¿Encuentran en mi vida un testimonio bueno para acercarse a Dios? ¿Encuentran en mi la alegría, la esperanza, la fe, el amor, la fraternidad, la amabilidad y tantos otros frutos del Espíritu Santo?
Aunque a veces pensemos que no somos dignos de ser apóstoles del Señor, desde el bautismo el Señor nos ha enviado al mundo a ser sus apóstoles, sus discípulos, evangelizadores, testigos veraces de la Buena Noticia de la Salvación. Le puedes poner el nombre que quieras pero si tus palabras y obras no hablan de Dios, entonces....
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