miércoles, 16 de febrero de 2022

Un buen cristiano

"Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira, pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.
Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía".
No nos damos cuenta, muchas veces, que el arma más letal que tenemos los humanos es nuestra lengua, porque por ella salen miles de palabras y con ella damos vida o muerte a quien se nos antoja, con verdad o sin ella. Y, muchas otras veces, pareciera que la lengua tiene vida propia, pues para algunos no son ellos los que hablan sino sus lenguas, sin saberlo sus dueños.
Hay un refrán, por ahí, que dice: "antes de poner tu lengua en movimiento pon tu cerebro en funcionamiento", pues pareciera que la lengua tiene un cerebro propio o funciona independientemente del cerebro de las personas.
Pero a este refrán le faltaría completarlo con las palabras de la carta de Santiago, y con el mandamiento del amor de Jesús, pues antes de poner la lengua en movimiento habría que poner amor en nuestros pensamientos, para seguir el consejo de San Agustín, sobre esto: "Ama y haz lo que quieras, pero primero ama", pues juzgamos sin amor, sin misericordia, creyéndonos los mejores del mundo, y con el derecho de sentenciar a quien nos parece y a quien se nos ponde difícil de entender o comprender, o simplemente porque me han dicho que había que juzgarlo
Por eso mismo el Señor nos ha dicho: "con la misma vara con que juzgueis seréis juzgados", pero, claro, esa vara que yo uso con los demás no me gusta que la usen conmigo, pues es una vara muy llena de vanidad, de soberbia, de orgullo, y hasta de mentiras, y a mi nadie me tiene por qué juzgar, ni sentenciar, ni hablar de mí, pues yo soy muy cristiano...
"Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía".
Y son tan ciertas estas palabras del apóstol Santiago, que, a veces, creemos que somos muy cristianos porque juzgamos y sentenciamos a los demás, porque comentamos y chismorreamos sobre sus vidas, pero no somos capaces, como nos dice el Señro: "si tu hermano peca, primero ve y habla con tu hermano", pero no quiero salvar la vida de mi hermano, en realidad no me interesa que mi hermano me de sus argumentos de por qué hizo lo que hizo o si de verdad hizo lo que dicen que hizo. Lo único que me interesa es seguir tirando mentiras o juicios sobre la vida de mi hermano. Y, eso ¿en qué me convierte? ¿en un buen cristiano?

 

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