«¿Quién me ha tocado el manto?».
Los discípulos le contestaban:
«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».
Si miramos esta escena sin pensar un poco, se nos ocurre que Jesús era un poco histérico, además por la respuesta de los apóstoles: "Ves cómo te apretuja la gente y preguntas ¿quiéen me ha tocado?". Pero ¿qué te pasa?
Pero no era sólo que estaba nervioso o enfadado porque le habían tocado, sino que todo en Él tiene otro sentido que nunca, si lo vemos simplemente, no se lo encontramos. Y ¿cuál era el sentido?
"Él le dice:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
No era le manto de Jesús el que tenía el poder de curar, sino la fe de la persona. No era que no quería que lo tocaran, sino que no hicieran del hechco algo mágico, sino que todo se basa en la fe de cada uno, y, por sobre todo, en lo que Dios quiera que ocurra.
Pues, como sabemos, Jesús no sanó a todos los enfermos, ni curó a todos los leprosos, ni resucitó a todos los muertos, ni dio la vista a todos los ciegos. Los milagros que hacía por la fe de la gente, era, sobre todo, para demostrar que lo que necesitamos es creer, que la Fe es lo que da sentido a la enfermedad, a la ceguera del cuerpo, a la muerte temporal, a todo.
Si no tenemos fe no le encontraremos sentido a lo que nos toca vivir, pues aunque, muchas veces, digamos que no creemos siempre pensamos en que necesitamos que Dios nos tienda una mano.
Y así lo vemos en el segundo milagro: el jefe de la sinagoga, cuando ve que su hija ya no tenía remedio, va en busca del milagro de Jesús, y lo que le responde Jesús, tambien es muy decidor:
"Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».
Basta que tengas fe para poder realizar todos los milagros que esperas que sucedan, pero sucederan no del modo que tú quieres, sino de la forma que Dios quiera, por eso, la Fe no es para hacer actos de magia, sino para darle sentido a la vida y fortaleza a nuestro espíritu para aceptar lo que Dios nos pida o permita vivir. Así podremos hacer el milagro de dar esperanza, de dar alegría, de dar amor, de saber perdonar y pedir perdón, de dar fortaleza en los momentos de debilidad, de consuelo, y sanar tantas enfermedades del corazón del hombre como la soledad, la falta de sentido, la desesperanza en la vida, la frustración, y muchas más que hoy día vemos a nuestro alrededor.
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