"Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Comenzamos bien el día con una palabra fuerte de Jesús que no es sólo para los fariseos o doctores de la Ley, sino para todos nosotros, para que nos volvamos a revisar en nuestra conducta personal.
En lo común podríamos decir: hecha la ley, hecha la trampa; porque siempre se encuentra un resquicio por donde poder descubrir qué o cómo hacer para no hacer lo que debo hacer. Siempre encontramos un argumento válido (para nosotros) para no obedecer a Dios, sino para poder hacer lo que queremos.
Pero, siempre tenemos muy a flor de piel la ley para hacerla cumplir a los demás. Ahí sí que somos muy justicieros e intentamos que los demás hagan lo que digo: ya sea en mi pareja, en mi familia, en mi trabajo, en mi comunidad; en cualquier lugar siempre estoy mirando con el rabillo del ojo para el otro lado para ver qué están haciendo y cómo lo están haciendo. Y, generalmente, no miro para aprender de los demás y crecer, sino que miramos para poder descubrir el error, para decirle o señalar con el dedo el pecado o error de mi hermano.
También es cierto que, muchas veces, me quedo con su pecado para cubrir mi falta de amor hacia los demás. Descubrir sus errores me ayuda a poder quedarme muy tranquilo para decir: "a fulanito... no, con ese no hablo porque... ¡ese! es un tal o cual", y así creo que estoy bien cubierto por si viene el Señor y me dice: "no has amado a tu hermano".
Y, así, voy gestionando "mentiras piadosas" sobre mí mismo para cubrir mis faltas de amor, de humildad, de pureza, de pobreza, y de tantas otras faltas al evangelio. Soy yo mismo quien gestiono mis propias leyes para no cumplir con los mandamientos, y, sobre todo, para no vivir el mandamiento del amor.
"Anuláis el mandamiento de Dios para mantener vuestras tradiciones", así lo hacemos para quedarnos muy cómodos sentados en nuestros 13 y no comprometernos con nada, salvo conmigo mismo.
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