domingo, 20 de febrero de 2022

Tambien los pecadores lo hacen

"Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo".
Generalmente, en las confesiones de niños, me gusta recordarles este pasaje del Evangelio para saber que todo lo que hagamos a los demás, es lo que queremos permitir a los demás que hagan con nosotros. Y así, si nos ponemos a pensar cómo tratamos o qué decimos de los demás ¿te gustaría que lo hicieran contigo o lo dijeran de ti?
Pero siempre viene bien recordar. Bueno, en realidad tenemos que recordar muchas cosas del Evangelio, porque, en verdad, se nos van escapando detalles esenciales de los consejos evangélicos. Pareciera que sólo queremos recordar pequeños partes del evangelio, sobre todo las que no hablan de que tenemos que convertirnos y vivir de acuerdo con la Ley del Amor.
Es muy sutil nuestra apreciación del Evangelio cuando queremos escudarnos en que lo que hicimos con nuestro hermano no ha sido injusto o malintencionado, sino que lo hemos hecho con todo el amor, aún cuando no se ha visto ni amor, ni compasión, ni, sobre todo, deseo de corrección fraterna. Sino que, muchas veces, somos muy “justicieros” con los demás, pero no hacemos nada por estar junto a él para ayudarlo a cambiar, o, por lo menos, para decirle cómo lo veo. Comenzamos, generalmente, por el final de lo que Jesús nos ha dicho sobre la corrección fraterna. Está bien os lo voy a recordar:
1º paso: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
2º paso: Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos.
3º paso: Si no les hace caso, díselo a la comunidad,
4º paso: y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
A veces, cuando algo no nos gusta de alguien (y ni siquiera estoy hablando de que haya pecado contra mí) voy y lo comento a toda la comunidad, pero no tengo el valor (que sería lo mínimo requerido) para ir a preguntarle a mi hermano, en privado, “esto que veo de ti ¿es así? ¿por qué lo haces? ¿puedo ayudarte?”
Y así sigue el Evangelio, diciéndonos no que hagamos lo mínimo sino que aspiremos a lo máximo del amor.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.