"Hermanos, no os quejéis, unos de otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas".
Las quejas de unos contra otros... es el pan nuestro de cada día porque queremos que todos sean como yo quiero que sean, y, si alguno se sale de esos parámetros, ya me quejo, lo juzgo y, generalmente, lo condeno frente a los demás.
Nuestra vanidad y orgullo nos enemistan, muchas veces, con personas que pueden ser necesarias para mi vida, sobre todo, para crecer en la paciencia, en la comprensión, y, sobre todo, en la base de todo que es el amor, el respeto.
No pocas veces nos encontramos que estamos criticando, y a veces duramente, y otras dejando de lado, a las personas que no son como a mi gustan, que hablan de determinada manera, que actúan de otra forma, que esto o que lo otro. Siempre, en realidad, tenemos excusas para poder criticar a alguien, pero muy pocas veces encontramos argumentos para "amar como Jesús no amó".
Has pensado que si Jesús usara tus mismos criterios para poder amarte ¿podría amarte o te criticaría como tú lo haces con los demás? Eso es lo que Él dice: "la vara que uséis para los demás se usará para vosotros".
"Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor; mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia".
¿No le pides acaso tú paciencia al Señor para que te comprenda, para que te escuche? Y ¿tú no puedes tener la misma paciencia para con tus hermanos, para escucharlos, para comprenderlos, o solamente para amarlos tal y como son?
"Y, sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena".
Se nos llena la boca, muchas veces, diciendo que somos cristianos, o los mejors cristianos, pero ¿Cristo, Jesús, que es tu modelo de vida, actuaría como tú actúas? Ahí vamos a descubrir que no somos tan cristianos como parece y, por eso, el Señor, sabiendo que, muchas veces, decimos o vivimos sin ponernos a pensar en cómo lo hacemos, nos ha dejado el Sacramento de la Reconciliación. Claro que este sacramento no es mágico, y no funciona si no pido perdón primero a mi hermano, a quien he ofendido, contra quien he hablado mal: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden". El Señor nos perdonará si antes hemos pedido perdón a quien se lo tenemos que pedir, si antes me he convertido y convencido de que tengo que amar de verdad y no sólo a quien me ama, pues eso también lo hacen los pecadores y los paganos. Por eso mismo, antes de pedir perdón al Señor en el Sacramento, tengo que dar el paso de pedirle perdón a quien he ofendido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.