"Pues bien, Señor, mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal".
No es debilidad reconocer que hay cosas que no sabemos hacer, reconocer que necesitamos ayuda para ciertas cosas pues no están a nuestro alcance, ya sea por juventud, por falta de práctica, por falta de conocimiento. La actitud de Salomón es la que necesitamos en nuestra vida: humildad, pues nos ayudará a saber discernir la voluntad de Dios para poder caminar por dónde El quiere.
Nos encontramos muchas veces con varios senderos que, por no pedir ayuda, o por no saber cómo interpretar la voluntad de Dios, elegimos el equivocado o el que no nos lleva directamente hacia donde Dios quiere, porque, en definitiva, el cristiano debe siempre o, mejor dicho, debería siempre escoger el sendero que lo lleva por el Camino de la Voluntad de Dios, hacia la santidad personal.
Quizás discernir entre el bien y el mal, básicamente, lo sabemos, aunque, también, muchas veces nos equivocamos, porque elegimos el menos malo, pero no el más bueno. Pero, cuando hablamos entre cristianos, no nos referimos a elegir el menos malo o el más bueno, sino a discernir entre lo que es Voluntad de Dios y lo que no es Voluntad de Dios. Y es ahí donde siempre neceistamos la ayuda correspondiente para hacerlo, pues no siempre la Voluntad de Dios se nos manifiesta de manera explícita, o mejor dicho, nunca se manifiesta de manera explícita. Y, por esa razón, los cristianos nos manejamos, generalmente, por lo bueno y no por lo santo.
Por eso mismo, Salomón no pidió ni riquezas, ni poder, ni gloria, sino sabiduría para saber elegir y poder gobernar. Nosotros como hijos de Dios, configurados con Cristo resucitados, y que no sólo nos llamamos sino que somos hijos, y por eso nos denominamos cristianos, tenemos que alcanzar, como nos dijo Jesús: la santidad por el Padre es santo, y es el camino de la perfección en el amor a la Voluntad de Dios. Y por eso tenemos que pedir no la sabiduría humana, sino la sabiduría que viene de Dios, del Espíritu de Dios, para poder discernir, aceptar y vivir el camino de la santidad en el amor.
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