"En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús".
El testimonio de Juan Bautista le permitió a los discípulos acercarse a Jesús, interesarse, por lo menos, por lo que decía Juan y así ponerse en contacto con Él.
"Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
La curiosidad les llevó a acercarse a Jesús y preguntara lo que querían saber, y Jesús los invita a conocer, a ver, y a creer.
Así tiene que ser, también, nuestro testimonio: sembrar, por lo menos, la curiosidad en la gente que nos escucha.
Hace unos días decía en la iglesia: ¿cuánto tiempo pasamos hablando con la gente? ¿En la tienda, en el super, en el bar, en la peluquería, en la acera...? ¿Cuánto de ese tiempo lo dedicamos a hablar de nuestra fe, de nuestra oración, de lo que significa para mi creer, rezar, ir a misa...? Son esos momentos en los que yo doy testimonio de mi fe, de mi vida espiritual, de lo que significa ser cristiano.
Pero no, no hablamos de esas cosas. Quizás nos de vergüenza o no sepa como hacerlo. Por eso creemos que sólo pueden hablar de las cosas de la religión aquellos que son misioneros, o enviados, o catequeistas o sacerdotes o religiosos, pero ¿yo en mi vida diaria hablar de Dios? ¿Quién soy yo para hablar de esas cosas?
Muy simple, desde el momento en que recibimos el bautismos hemos sido enviados por Dios al mundo para llevar la Buena Noticia de la Salvación. NO. No necesitas ningún título académico para hablar de Dios, y, que me perdón los académicos, pero es mejor que no tengas ningún título, porque a los académicos, muchas veces, no se les entienden las cosas.
Para hablar de Dios sólo hace falta que creamos en Él, que hayamos tenido la experiencia de estar con Él, en la oración, en la reflexión de la Palabra, en la Eucaristía... Halba de tu fe, da testimonio de tu fe, siembra la semilla de la curiosidad del vivir en Dios, con Dios y para Dios.
¿Te animas a dedicarle algún minuto de tu conversación diaria con la gente, con los amigos, con la familia, para hablar de Dios?
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