"En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies".
Cuando escuchamos este evangelio ¿hacia dónde se nos va el pensamiento? ¿Quiénes son los obreros que necesita el mundo? ¿Cuáles son los obreros que le pedimos al Padre que envíe al mundo?
Seguramente que lo primero que pensamos es en los sacerdotes (es que somos necesarios, también) pero los obreros que necesita el mundo son los que más trabajan en el mundo (y no porque muchos no trabajemos bastante) sino porque son aquellos que están constantemente en el mundo: los laicos que trabajan día a día, las madres de familia, los padres de familia, los adolescentes, los jóvenes estudiantes o que trabajan, los abuelos, es decir, todos los bautizados somos "obreros" que hemos sido enviados a la mies del mundo para sembrar la Palabra de Dios.
No somos sólo los sacerdotes y religiosos los que tenemos que evangelizar el mundo. También. Pero una gran evangelización la realizan los laicos que se mueven por el mundo en sus respectivas áreas: familia, escuela, trabajos, institutos, universidad... cada uno con su vida y su vocación específica, son evangelizadores, testigos del Amor de Dios y predicadores incansables, con sus vidas, de la Buena Noticia del Evangelio.
Por eso, cuando le pedimos al Dueño de la Mies que envíe obreros a su mies, no le pidamos solamente sacerdotes y religiosos, sino que todos los bautizados tomemos conciencia que somos sembradores de Su Palabra en el campo del mundo. Que todos sepamos que no hace falta tener un título para llevar la alegría del evangelio, sino que hay que vivir el evangelio con alegría para que se note que somos cristianos, que somos hjios de Dios. Y, con la ayuda del Espíritu Santo, hablar de la Buena Noticia, dejar de lado los comentarios de nuestros vecinos, y anunciar la Palabra de Dios, a tiempo a destiempo, para que todos puedan oirla y pueda llegar al corazón de algunos.
Sí, todos somos obreros en la mies del Señor, trabajemos por nuestra misión y hagamos que el Evangelio se siga propagando por todos lados.
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