domingo, 23 de enero de 2022

Investigar antes de hablar

“…también yo después he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”.
“Investigar todo… para que conozcas la solidez de las enseñanzas”, perdón que repita las palabras que están arriba, pero no podía comenzar si no lo hacía. ¿Por qué? Porque es lo que debemos seguir haciendo en todo momento: investigar lo que vamos a transmitir, lo que vamos a enseñar. O, mejor dicho, madurar bien si lo que vamos a transmitir o enseñar es lo que es verdad, es lo que creo, es lo que debo. Porque, para todas las cosas que recibimos, diariamente, y las que escuchamos, y las que decidimos compartir con los demás, tendríamos que aplicar el triple filtro socrático. Sí, seguro que alguna vez lo has escuchado o leído en las redes sociales, pero son esas cosas que se nos van enseguida de la cabeza porque, en realidad, no las queremos usar.
El filtro de la verdad, de la bondad y de la utilidad.
San Lucas en este relato usa, sin querer o queriendo, el triple filtro. A él le pareció bueno y útil transmitir el mensaje que había recibido de los apóstoles, pero antes de transmitirlo decidió buscar si era verdad lo que iba a transmitir. Y una vez que llego a que era verdad lo que había recibido decidió transmitirlo con fidelidad.
Así tenemos que hacer nosotros no sólo con nuestra fe, o quizás deberíamos preguntarnos si tener fe ¿es bueno para nosotros? ¿es de utilidad para mi vida? ¿es verdad lo que creo? Si es verdad lo que creo, si es útil para mi vida, y es bueno para todos ¿por qué no la transmito como transmito los chismes que escucho todos los días?
Si nos esforzáramos por transmitir la fe como transmitimos los chismes, seríamos los mejores evangelizadores de todos los siglos, pero parece, a veces, que la fe que decimos tener, no es verdad, ni buena, ni útil… ¿será cierto?
Igualmente, en el ámbito de la vida de fe tenemos que seguir madurando, creciendo, no en cuanto a conocimiento intelectual, sino a conocimiento personal con el Señor, al encuentro con la Palabra, en la reflexión, en la oración, para que sea Ella la que ilumine y me exija que la comparta…


 

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