Hoy se unen dos fecha que marcaron mi vida, por un lado la más triste ese que hace 18 años que mi padre volvió a la Casa del Padre, un hombre justo, honrado y lleno de virtudes humanas que dejaron una huella grande en mi vida. Con un corazón inmensao que se abría para cuantos lo conocía, y que, junto a mi madre, nos enseñaron a ser amigos y brindarnos de corazón a todos, incluso a aquellos que no son tan buenos con nosotros, pero si alguien necesitaba una mano, ellos se la daban. Hoy los dos gozan de la alegría infinita junto al Amor de Dios. Y por ellos tengo que dar Gracias a Dios por haberme permitido aprender de sus vidas.
Por otro lado hace 36 años que ingresé en el Seminario, un paso importante que di, quizás sin saber lo que hacía, pero con la confianza que me daba quien, en ese momento, me ayuda a madurar en la fe, y a quien estoy muy agradecido por el acompañamiento que mi brindó y por donde me enseñó a caminar.
Y en este día Dios vuelve a recordarme algo importante, por medio del Evangelio. es Él quien llama, pues mira el corazón del hombre sin importarle lo que piensen los demás, ni tan siquiera aquél a quien Él ha llamado.
"Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme».
Se levantó y lo siguió".
Leví, san Mateo, quizás no pensó en nada más que en levantarse y seguir a Jesús, pues no se puede rechazar ese llamado. O, mejor dicho, sí se puede rechazar, pero queda un vacío en el corazón cuando esas palabras comienzan a sonar en tu corazón, y quieres constantemente dejar de oírlas.
Cuando Jesús llama, ya sea al sacerdocio, a la vida consagrada o religiosa, al matrimonio, a tal o cual misión, no se puede hacer callar su Voz, porque es una Voz que nace en el corazón. Sí, nace en el corazón y no hay sonidos que puedan opacarla, salvo la propia negación a querer escucharlo.
Para muchos es imposible el llamado porque ya tenían planes para su vida, e, incluso, sus padres tenían sus vidas planificadas y eso significa que hay que romper esos planes y dejar que cada uno siga el camino que El Señor quiera.
Pero, también, para otros es imposible el llamado porque con la vida que llevo, pero a mí con lo torpe y pecador que soy....
"Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa, de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que los seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores».
Sí, todos llevamos la espina del pecado original y los pecados personales que vamos acumulando a lo largo de la vida, y eso lo conoce el Señor mejor que nosotros mismos, pero, igualmente, Él nos llama pues es Él quien tiene la perfecta santidad, y nos llama para ser sus discípulos como lo fueron Mateo, Tomás, Pedro y tantos otros que no se fijaron en sí mismos y en sus proyectos, sino que escuchando su Voz lo siguieron.
Si lo escuchas no dudes en seguirlo, sea cual sea la misión que te pida vivir...
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