miércoles, 1 de septiembre de 2021

Los demonios lo sabían

"Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban; y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías".
Saber que Jesús es el Hijo de Dios no es la cuestión, es si sabiéndolo soy fiel a Su Palabra o no, pues como vemos en el evangelio, los demonios sabían Quién era Jesús, pero no lo amaban, no lo seguían, sino todo lo contrario buscaban la destrucción del hombre y de su vida.
A veces creemos que aprender de memoria las cosas de Dios, saber las oraciones, conocer la Biblia y poder recitar sus pasajes de memoria, es suficiente para ser buen cristiano. No, no basta, no es suficiente.
También los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos conocían las profecías y esperaban al Mesías, pero igualmente no lo reconocieron y lo mataron porque decían que era un blasfemo y quería destruir la Ley y los Profetas.
Cuando nos cerramos sobre nuestros pensamientos, nuestras ideas y no dejamos que la Palabra de Dios purifique nuestro pensar y nuestra vida, entonces no seremos capaces de vivir de acuerdo a Su Voluntad, no seremos capaces de dejarnos transformar por Cristo.
Cuando nos quedamos "sentado sobre nuestros pecados y errores" diciendo que "somos así ¡qué le vamos a hacer!", entonces tampoco hemos dejado entrar a Cristo en nuestro corazón para que nos convierta. No le damos lugar a la Gracia para hacer de nosotros Hombres Nuevos, testigos veraces del Amor de Dios.
Cuando nos adaptamos a las ideologías del mundo sin ningún problema, y no le damos importancia a la Palabra de Dios que nos dice que eso no está bien, que la Vida del Hombre tiene que ser diferente, porque nos conviene aceptar la palabra del mundo pues la Palabra de Dios es dura para nuestra vida... no estamos siendo Fieles a la Vida que el Señor nos regaló y nos pide vivir.
No, saber de memoria la Biblia y la doctrina católica no nos hace ni católicos ni cristianos, nos hace eruditos. Aceptar que esa Palabra quiere transformar mi corazón y dejar que la Gracia me vaya convirtiendo y ayudando a avanzar en el camino de la santidad, eso sí es lo que Dios me está pidiendo vivir para ser testigo creíble de lo que conozco, porque lo estoy viviendo.

 

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