miércoles, 22 de septiembre de 2021

Siervos inútiles

Cuando Jesús envió a los Doce a proclamar el Reino de Dios les dio algunas advertencias, unas de ellas fueron estas:
"Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».
Muchas veces queremos que todos nos oigan o que acepten las cosas que les decimos. A algunos les gusta quedar bien con todos y que nadie hable mal. Pero no es así: el Evangelio no resulta muy agradable a muchas personas, y no todas están abiertas o dispuestas a creer la Palabra de Dios.
Al principio pareciera que lo que decimos o que lo que vivimos está mal o hemos dado una mala imagen. Puede ser que sí, pero no siempre es así. Hay mucha gente que aprecia la labor de los cristianos, y sobre todo, muchos logran comprender y aceptar la Palabra de Dios con corazón sencillo y docil.
A veces, también, no sabemos transmitir el mensaje del evangelio como nos pide el Señor, y otras no vemos los frutos de lo que hemos sembrado o predicado, pero ver o no los frutos ya no es asunto nuestro, porque es el Señor quien debe seguir regando y la persona quien seguirán madurando en la fe.
Lo que nos da a entender Jesús es que somos simples instrumentos en sus Manos, y es Él quien nos envía a predicar Su Palabra. Y, por eso tenemos que tener una conciencia muy clara de quiénes somos y de lo que hacemos, e intentar, con todos los medios que Él pone a nuestro alcance, mantenernos en fidelidad a Su Voluntad. Por que, muchas veces, con el afan de ser "estrellas" en el mundo de la evangelización nos vamos olvidando del mensaje de Cristo y nos quedamos en mensajes humanos, que suenan muy bien y muy lindos, pero no son la Palabra de Dios que es la Sana y Salva.
¿Por qué a Jesús y a los apóstoles no los recibieron en muchos lugares? Como dice en el evangelio que muchos discípulos decían: "tus palabras son muy duras". Sí, el Evangelio es duro, y es más duro cuanto más duro sea nuestro corazón para encontrar la Verdad, cuanto más duro sea nuestro corazón para reconocer nuestro error, nuestro pecado, entonces las Palabras de Jesús resonará muy fuertes, y ante ellas, lo mejor es cerrar el corazón, pues lo que me estás diciendo no me gusta.
Y, sí, cuando nos creemos los Salvadores del mundo podemos llegar a tener mucha gente que nos "adule", y cuando no sea así caeremos en depresión o sinsentido de nuestra misión. Pero si nos damos cuenta que el Salvador es el Señor, y sólo somos, como Él nos dice "siervos inútiles", entonces podremos descubrir que la misión sólo se puede vivir y dar buenos frutos si lo dejamos a Jesús, el Salvador, ser protagonista y lo anunciamos a Él como el Único Salvador y Mediador entre Dios y los Hombres. De todo lo demás se ocupa Él mismo, el instrumento sólo esparce la semilla en el campo y el Sembrador se encarga de regarla y hacerla crecer si ha caído en tierra fértil.

 

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