"Hermanos:
Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.
Cuidado con que nadie os envuelva con teorías y con vanas seducciones de tradición humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo".
¿A quién le dice estas cosas san Pablo? ¿A qué tipo de personas exhorta con estas palabras? A aquellas que, como nosotros, se han decidido por seguir a Cristo, a aquellas que recibiendo el Bautismo del agua y del Espíritu, han sido configuradas con Cristo como hijos de Dios.
San Pablo no se dirige a personas que no creen en Cristo, que no creen en Dios, sino a aquellas que dicen creer, pero que, en el fondo, con sus actitudes y forma de vida, pareciera que también aceptan las ideologías humanas y siguen más al mundo que a Cristo.
Es cierto que, aparentemente, las teorías y doctrinas del mundo son muy atractivas y, a simple vista, son mejores que las que nos propone Jesús en el Evangelio, pero tienen una diferencia que, muchas veces, no las pensamos ni las tenemos en cuenta:
"Porque en él (Cristo) habita la plenitud de la divinidad corporalmente, y por él, que es cabeza de todo Principado y Potestad, habéis obtenido vuestra plenitud".
El hombre siempre está en la búsqueda de la felicidad, de la plentiud de su ser, de su vida; pero muchas veces busca la plenitud por el camino erróneo, por el camino más fácil, y es ahí cuando se equivoca, pues el camino más fácil no lleva a la plenitud del ser, sino a una felicidad aparente y superficial que dura lo que dura una flor.
Es así que el hombre de este siglos vive constantemente buscando nuevos estímulos para sentirse vivo, para no descubrirse vacío de sentido y de plenitud. Los estímulos cuanto más fuertes y rápidos son los que hacen que deje de pensar en un sentido más profundo de su vida, en una búsqueda verddadera del sentido de su vida.
Sin embargo san Pablo nos sigue diciendo:
"En él habéis sido también circuncidados con una circuncisión no hecha por manos humanas mediante el despojo del cuerpo de carne, con la circuncisión de Cristo.
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos. Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados, y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él, y nos perdono todos los pecados".
En el Bautismo hemos sido recreados como Hombres Nuevos para vivir una vida plena en el Espíritu, no dejemos que las teorías mundanas y humanas vacíen de sentido nuestra vida critiana, sino que pongamos el esfuerzo en madurar y profundizar nuestra fe para que encontrando el sentido de nuestra vida en Cristo, podamos dar razones y testimoniar la alegría del Evangelio.
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