sábado, 25 de septiembre de 2021

Sus palabras son duras

«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto".
El lenguaje de la Cruz siempre nos parece duro y difícil, pues no hemos sido creados para sufrir, hemos sido creados para compartir la felicidad y la plenitud de la vida en Dios, en su Amor; pero el pecado original nos encadenó al sufrimiento y la muerte, al sufrimiento de la carne y a la muerte en la Gracia, por eso el Hijo de Dios tuvo que venir a liberarnos del pecado y darnos una Nueva Vida en la Gracia, por medio de la filiación divina que nos devolvió con su muerte y resurrección.
Sabemos y conocemos de lo que el Señor nos libró y lo que nos devolvió, pero igualmente cuando sentimos la palabra Cruz, se nos achica el corazón, pues la Cruz siempre es dura y cuesta aceptarla. No le preguntamos al Señor cómo será o cuando tendremos que asumirla, sino que, muchas veces, cuando llega el momento intentamos quitárnosla de nuestros hombros, así como Jesús le pidió al Padre en el Huerto de los Olivos.
Y es en ese momento donde tenemos que volver a llevar nuestra mirada y nuestro corazón: al Huerto de los Olivos. Sí, saber que humanamente, también al Hijo de Dios, se le hizo demasiado pesado asumir la Cruz de la Pasión, y por eso ante el Padre lloró para que se le quite ese Caliz que tenía que beber. Pero, el amor al Padre y a Su Voluntad, le dieron la fuerza para saber que Ese era el Camino que tenía que recorrer y salieron las hermosas palabras de sus labios que nos permitieron ser redimidos: "pero que no se haga mi voluntad sino la tuya".
No es el Camino que quería el Padre para su Hijo y para sus hijos, pero es el Camino necesario para alcanzar aquello que habíamos perdido por el pecado original. Por eso la Cruz ya no es una desgracia o un castigo del Padre a sus hijos, sino que es signo de redención para quién la asume y para el resto de los hombres que necesitan de la Gracia de la Cruz, para encontrar el Camino de la salvación.
El sufrimiento comienza a tener valor de redención desde que el Hijo de Dios asumió en su carne el sufrimiento del pecado de los hombres, y muriendo en la Cruz mató al mismo pecado y nos devolvió la Vida de hijos de Dios. Por eso hemos de pedir siempre la fortaleza del Espíritu Santo para poder asumir cada día la cruz que nos toque llevar para nuestra salvación y la del mundo entero.

 

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