sábado, 11 de septiembre de 2021

De la abundancia del corazón...

"El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?"
¿Qué es lo que abunda en nuestro corazón? Por que tendríamos que comenzar por hacernos esa pregunta y tener el valor de mirar hacia adentro y analizar lo que abunda en nuestro corazón. Por que de eso se trata, si de la abundancia del corazón hablan los labios... o tendríamos que grabar nuestras conversaciones con los demás para saber qué es lo que sale de nuestros labios para comprender qué es lo que hay en nuestro corazón.
Cualquiera de las dos opciones son las que nos dirán qué es lo que abunda, qué es lo que hemos guardado en el corazón, o con qué alimentamos nuestro corazón, nuestra alma, para saber por dónde va el camino de nuestra conversión, si es que queremos convertirnos al Señor.
Nos hemos olvidado, creo, de que el Señor nos llamó para hacernos sus discípulos, es decir, llenarnos de sus Palabras y de su Vida para poder ensañarla a los demás, para hablar a los demás de la grandeza del Amor del Padre que nos envió a Su Hijo para enseñarnos el Camino para llegar a Él, para ensarñarnos como vivir como hijos de Dios.
Pasa que en este camno, en este peregirnar por el mundo nos vamos contagiando de las cosas del mundo, vamos aceptando el vivir del mundo, y, por eso, de nuestro labios pueden salir, a veces, palabras de Dios, pero no porque estén en nuestro corazón sino porque las hemos aprendido de memoria para señarlar a otros sus errores, para, como le decía Jesús a los fariseos hipócritas: "atais pesadas cargas a los hombros de los demás que vosotros no sois capaces de llevarlas".
Intentemos hacer un buen y profundo examen de conciencia y de corazón para saber qué es lo que abunda y poder, con la Gracia de Dios, quitarlo, dejarlo en sus Manos para que Él nos alivie de la carga, nos de Su Espíritu y nos ayude a ser Fieles a la Vida que nos regaló desde la Cruz y la Resurrección.

 

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