Comienza la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a san Policarpo de Esmirna.
Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a Policarpo,
obispo de la Iglesia de Esmirna, o más bien, puesto él mismo bajo la vigilancia o
episcopado de Dios Padre y del Señor Jesucristo: mi más cordial saludo. Al comprobar que
tu sentir está de acuerdo con Dios y asentado como sobre roca inconmovible, yo glorifico
en gran manera al Señor por haberme hecho la gracia de ver tu rostro intachable, del que
ojalá me fuese dado gozar siempre en Dios. Yo te exhorto, por la gracia de que estás
revestido, a que aceleres el paso en tu carrera, y a que exhortes a todos para que se salven.
Desempeña el cargo que ocupas con toda diligencia corporal y espiritual. Preocúpate de que se
conserve la concordia, que es lo mejor que puede existir. Llévalos a todos sobre ti, como a
ti te lleva el Señor. Sopórtalos a todos con espíritu de caridad, como siempre lo haces.
Dedícate continuamente a la oración. Pide mayor sabiduría de la que tienes. Mantén alerta tu
espíritu, pues el espíritu desconoce el sueño. Háblales a todos al estilo de Dios. Carga sobre
ti, como perfecto atleta, la enfermedades de todos. Donde mayor es el trabajo, allí hay rica
ganancia.
Si sólo amas a los buenos discípulos, ningún mérito tienes en ello. El mérito
está en que sometas con mansedumbre a los más perniciosos. No toda herida se cura con el mismo
emplasto. Los accesos de fiebre cálmalos con aplicaciones húmedas. Sé en todas las cosas
prudente como la serpiente, pero sencillo en toda ocasión, como la paloma. Por eso
justamente eres a la vez corporal y espiritual, para que aquellas cosas que saltan a tu vista
las desempeñes buenamente, y las que no alcanzas a ver ruegues que te sean manifestadas.
De este modo nada te faltará, sino que abundarás en todo don de la gracia. Los tiempos
requieren de ti que aspires a alcanzar a Dios, justamente con los que tienes encomendados,
como el piloto anhela prósperos vientos, y el navegante, sorprendido; por la tormenta, suspira
por el puerto. Sé sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna,
de cuya existencia también tú estás convencido. En todo y por todo soy una víctima de expiación
por ti, así como mis cadenas, que tú mismo has besado.
Que no te amedrenten los que se dan aires de hombres dignos de todo crédito y
enseñan doctrinas extrañas a la fe. Por tu parte, mantente firme como un yunque golpeado por
el martillo. Es propio de un grande atleta el ser desollado y, sin embargo, vencer. Pues ¡cuánto
más hemos de soportarlo todo nosotros por Dios, a fin de que también él nos soporte a nosotros!
Sé todavía más diligente de lo que eres. Date cabal cuenta de los tiempos. Aguarda al que está
por encima del tiempo, al intemporal, al invisible, que por nosotros se hizo visible; al
impalpable, al impasible, que por nosotros se hizo pasible; al que en todas las formas posibles
sufrió por nosotros.
Las viudas no han de ser desatendidas. Después del Señor, tú has de ser quien cuide
de ellas. Nada se haga sin tu conocimiento, y tú, por tu parte, hazlo todo contando con Dios,
como efectivamente lo haces. Mantente firmé. Celébrense reuniones con más frecuencia. Búscalos a
todos por su nombre. No trates altivamente a esclavos y esclavas; mas tampoco dejes que se engrían,
sino que traten, para gloria de Dios, de mostrarse mejores servidores, a fin de que alcancen de él
una libertad más excelente.
viernes, 30 de julio de 2021
Soportarlo todo por Dios...
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