viernes, 23 de julio de 2021

La poda de Dios

"Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto".
¿Cuál es la poda de la que habla el Señor? Al volver a leer esta pregunta me acordaba de un relato de una florecilla de San Francisco de Asís (son breves relatos de anécdotas). Cuenta el Hno. León (que siempre estaba con Francisco para todos lados) que un día estaban terminando de hacer unos cestos de mimbre. Cuando finalizó Francisco vieron que le había quedado muy lindo, y el Hermano León le dijo que podrían sacar mucho dinero con la venta. Pero Francisco se levantó y lo prendió fuego hasta quemarlo. El Hermano lo miró sorprendido y le pregunto el por qué lo había hecho. Francisco le respondió que para que no creciera en él la vanidad de creer que por él mismo había salido tan bien el cesto, sino que era un don de Dios. El próximo lo iba a hacer pensando en eso.
Cuando creemos que todo es obra nuestra y que todo nos sale bien por nuestro propio esfuerzo, el orgullo se transforma en vanidad, y la vanidad en soberbia. Y si no somos capaces de darnos cuenta, será el Señor quien venga a podar nuestro pecado para que no nos perdamos en la oscuridad del error.
Claro está que siempre lo hará cuando nos hayamos decido a recorrer el camino de la santidad, porque si no estamos recorriendo ese camino no hará nada para socorrernos, a menos que vaya poniendo pistas a nuestro lado para que las veamos, o hermanos que nos vayan advirtiendo. Cosa que, cuando estamos enceguecidos por la fama o la vanidad, no veremos ni escucharemos a quienes nos advierten que nos estamos equivocando de camino.
En todos, y cuando digo en todos quiero decir en laicos y consagrados, sacerdotes y religiosos, profesionales y no; en todos la semilla del pecado es la que más brota en nuestro corazón, y el deseo de la fama, de ser los mejores, y de mostrar que podemos si nos lo proponemos es lo que primero comienza brotar. Por eso el Señor necesita podarnos para ayudarnos a purificar nuestras acciones y fortalecer nuestra alma para una entega generosa y verdadera por Reino de Dios.

 

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