"Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Hace mucho tiempo, en alguna comunidad en la que estuve, (como suele ocurrir en muchos lugares), la gente de la comunidad pedía que entrase gente nueva para poder hacer las cosas, sobre todo, que atrajese a los jóvenes para que la iglesia tuviera más vida. Yo les respondí que sí, que iba a intentar que ellos viniesen para tener más gente y, sobre todo, gente joven en la comunidad, pero con una condición. ¿Cuál? me preguntaron. Que si venía gente nueva, con nuevas ideas, y con nuevas propuestas para trabajar en la comunidad que no se les ocurriera espantarlos diciendo: "aquí toda la vida se hicieron las cosas así", porque esa es la forma que tenemos para que nunca haya gente nueva en nuestras comunidades.
Así le pasaba a los fariseos. Seguramente ellos rezaban por la conversión de los pecadores, pero cuando los pecadores se convertían, no los querían porque les recordaban sus pecados pasados, y siempre seguían estigmatizados por ellos.
Somos muy proclives a vivir la justicia de Dios, juzgando a todos con el dedo de Dios, pero no somos capaces de amar con el Amor de Dios, que, cuando perdona, perdona y se olvida de nuestros pecados.
Cuando Dios llama a los pecadores a su mesa, es porque les ha ayudado a cambiar su corazón, y, por eso quiere compartir con ellos una Vida Nueva, y nos pide a nosotros que, como "justos" que somos los recibamos con amor en la mesa fraternal. Por que, aunque nos creamos mejores que los demás, ya por pensar eso no somos mejores, sino que, casi casi, somos peores, por que estamos siendo justicieros y prejuiciosos, sin tener en cuenta cuáles son las intenciones que Dios tiene con cada uno de nosotros. Y, sobre todo, olvidándonos de todo lo que el Señor nos ha perdonado, y, por eso Él nos enseñó a decir: "perdona nuestros ofendas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden", y, nos dijo también: "con la misma vara con la que jusguen seréis juzgados". Pequeñas frases para recordar e intentar vivir....
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