"¡Ay de los pastores que dispersan y dejan que se pierdan las ovejas de mi rebaño! - oráculo del Señor -.
Por tanto, esto dice el Señor, Dios de Israel a los pastores que pastorean a mi pueblo:
«Vosotros dispersasteis mis ovejas y las dejasteis ir sin preocuparos de ellas. Así que voy a pediros cuentas por la maldad de vuestras acciones - oráculo del Señor -."
No seremos pocos los que compareceremos ante el Señor por haber dispersado a sus ovejas, porque, como dice el dicho: de carne somos, y no siempre hacemos lo que debemos, sino que, en muchos casos nos movemos por lo queremos, y lo que queremos no es, ni de cerca, en algunos casos, lo que el Buen Pastor quiere.
No es que no tengamos buenas intenciones, muchas veces, para llevar una buena pastoral en nuestra comunidad, sino que, esa pastoral no es la que Dios quiere que llevemos, pues nos hemos alejado de Dios, o, por lo menos, no hemos buscado Su Voluntad para ver si eso era lo que Él quería para su rebaño.
Pero, también es cierto, que no siempre somos los sacerdotes ministeriales los que dispersamos a la comunidad, sino que, también, los sacerdotes reales (es decir todos los bautizados que fuimos ungidos con el santo crisma como sacerdotes, profetas y reyes) son los que se encargan, a veces, no sólo de dispersar el rebaño, sino también de no dejar entrar a algunas ovejas perdidas que buscan un lugar.
El pecado original está tan dentro nuestro que nos olvidamos que todos, curas, religiosos y laicos, formamos una misma comunidad, pero que esa comunidad tiene que estar centrada en la Voluntad de Dios, en el Evangelio, y no en el gusto o el querer de algunos o de algún grupo en especial. Pues el apetito de poder se adueña, muchas veces, no sólo de cosas, sino de personas o de áreas de pastoral pues eso me da "renombre" o "poder", y eso no es lo que Jesús nos enseñó, y, por eso, muchas comunidades van muriendo, pues los que estamos dentro no generamos vida, sino que generamos división, disunión, etc. etc.
Por eso, la renovación de una comunidad, para que tenga viva, tiene que estar en la intensidad de su vida de oración, de búsqueda de la Voluntad de Dios, para que sea sólo ese el Camino hacia al Verdad, al Amor, a la Vida, pues no estamos para ser servidos, sino para servir a los demás desde la Voluntad de Dios.
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