«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras".
No siempre nos queremos acordar de las lamentaciones de Jesús sobre las ciudades y sobre las personas, porque recordarlas significa que también, en nuestras vidas, pueda suceder lo mismo. ¿Se puede lamentar de nosotros el Señor? ¿Puede llegar a decirnos lo mismo que le dice a las ciudades? Porque, además de lamentarse emite un juicio fuerte sobre ellas: el día del juicio le será más llevadero a Tiro y a Sidón. Sí, el juicio será más llevadero para quienes no conocieron la Palabra de Dios, que para quienes la estuvimos escuchando toda la vida y no la hemos puesto en práctica.
También es cierto que existe la misericordia divina, me vais a decir. Pero, la misericordia va unida a la justicia, y Dios Padre no sólo es misericordioso, sino que, también, es justo como nos lo hace ver Jesús: "si en ellas se hubieran hecho los milagros que en vosotras se habrían convertido". Si nosotros valoráramos lo que tenemos de parte del Señor... pero, muchos seguimos sin convertirnos.
¿Es cierto que no tenemos nada de qué convertirnos? ¿Es cierto que ya vives radicalmente el Evangelio y eres Fiel a la Voluntad de Dios? ¿Es cierto que no pecas en todo el día?
No es que tengamos que rasgarnos las vestiduras y horrorizarnos porque somos pecadores, sino que tenemos que aceptar nuestros errores y pecados para poder convertirnos. Descubrir y aceptar que no hemos valorado todo lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas y descubrir que aún queda mucho por vivir, y no importa la edad, sino que importa que aún estamos aquí, y mientras estemos en este valle de lágrimas tendremos que seguir llorando nuestros pecados, para poder alcanzar la conversión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.