«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
¿Por qué nos cansamos? ¿Por qué nos agobiamos? En un momento o en otro, siempre, sentimos el mismo cansancio y agobio, por unas cosas u otras, pero hay situaciones que nos cansan, y otras que nos agobian. Y el Señor lo sabe, porque Él mismo, también, como hombre vivió ese cansancio y ese agobio. Él también, como nosotros, sufrió el dolor, la tristeza, la angustia, la desesperación, todo como nosotros, menos el pecado. Por eso puede ayudarnos a salir de esos momentos de cansancio y agobio, pues Él es nuestra Salvación, Él es nuestro descanso y sosiego.
Aunque, en realidad, no es Él mismo sino su yugo. ¿Su Yugo? Si nos ponemos a pensar cuál es el Yugo del Señor, no creo que nos guste tanto poder llevarlo, pues su Yugo es lo que nos salvó y lo que nos salvó fue su Obediencia al Padre hasta la muerte y muerte en Cruz, es decir, la Cruz de Cristo es su Yugo, y ¿es eso lo que nos dará sosiego y descanso? Así lo dice Él, y si lo dice Él tiene que ser verdad.
Y ¿seguro que Su Cruz es sosiego para nosotros?
Es cierto que yo no quiero entender todo, ni tampoco lo entiendo todo, pero intento entender el por qué el Señor nos pide cargar con su Yugo, no porque quiera que suframos lo que Él sufrió en el Camino al Calvario o en el Calvario mismo, sino que aprendamos que no podemos cargar solos un yugo tan pesado, ni que (como muchas veces escuchamos pero nunca nos lo creemos) Dios Padre no nos deja solos para llevarlo, y nunca nos pedirá cargar algo más pesado que no podamos llevar.
Jesús, antes del Huerto de los Olivos sufrió esa angustia de muerte de saber cómo serían los días venideros, pero, aunque su ser humano quería, su ser Hijo aceptó la Voluntad del Padre, y, dice el evangelio, que los ángles bajaron a consolarlo.
Así será con nosotros: cuanto más nos revelemos contra la voluntad de Dios, o cuanto más queramos llevar solo nuestras cargas, más nos sentiremos agobiados y cansados, pero cuando decidamos aceptar, aunque nos cueste, la Voluntad de Dios entonces Él nos dará la ayuda necesaria para alcanzar la meta.
Nuestra ayuda es el Nombre del Señor que hizo el Cielo y la Tierra, en Él creemos como nuestro Padre todopoderoso y si Él envió a su Hijo a la muerte para salvarnos, ¿no enviará a sus ángeles para ayudarnos a cargar nuestras cruces y yugos?
En realidad el mayor peso no es la Cruz, sino la decisión de confiar que esa Cruz es Voluntad del Padre para nuestra salvación y la del mundo entero, y entonces, la confianza en la Providencia Divina nos aliviará la carga, pues será El nuestro Cireneo, nuestra Verónica y es Nuestra Madre quienes nos acompañan en el caminar.
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