De la carta de san Clemente primero papa, a los Corintios
Éste es, amados hermanos. el camino por el que llegamos a la
salvación. Jesucristo. el sumo sacerdote de nuestras oblaciones. sostén y ayuda
de nuestra debilidad.
Por él, podemos. elevar nuestra mirada hasta lo alto de los
cielos; por él. vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios;
por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente,
insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el
Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el resplandor de
su gloria y ha llegado a ser tanto mayor que los ángeles, cuanto es más augusto
que el de ellos el nombre que ha recibido en herencia.
Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo
sus órdenes irreprochables.
Fijémonos en los soldados que prestan servicio bajo las
órdenes de nuestros gobernantes: su disciplina, su obediencia. su sometimiento
en cumplir las órdenes que reciben. No todos son generales ni comandantes ni
centuriones ni oficiales ni todos tienen alguna graduación; sin embargo, cada
cual, en el sitio que le corresponde, cumple lo que le manda el rey o cualquiera
de sus jefes. Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los
pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción
de todos.
Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies
no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de
nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos
ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo. Procuremos. pues.
conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada
uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada
por donación de Dios.
El fuerte sea protector del débil, el débil respete al
fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado
quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras,
sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que
sean los demás quienes lo hagan. El que es casto en su cuerpo no se gloríe de
ello, sabiendo que es otro quien le otorga el don de la continencia.
Consideremos, pues, hermanos, de qué materia fuimos hechos,
cuáles éramos al entrar en este mundo; de qué sepulcro y tinieblas nos sacó
nuestro Creador, para introducimos en su mundo, donde ya de antemano, antes de
nuestra existencia. nos tenía preparados sus dones.
Por esto debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen
todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
viernes, 30 de abril de 2021
El único Camino
jueves, 29 de abril de 2021
Nuestro pecado
miércoles, 28 de abril de 2021
Por los frutos los conocereis
martes, 27 de abril de 2021
Las obras que yo hago
lunes, 26 de abril de 2021
Es el Espíritu el que da Vida
Del Libro de san Basilio Magno, obispo; Sobre el Espíritu Santo
El Señor, que es quien nos da la vida, estableció para nosotros la institución
del bautismo, símbolo de muerte de vida: por el agua es representada la muerte y
por eI Espíritu se nos dan las arras de la vida.
El bautismo tiene una doble finalidad: la destrucción del cuerpo de pecado, para
que no fructifiquemos ya más para la muerte, y la vida en el Espíritu, que tiene
por fruto la santificación; por esto el agua, al recibir nuestro cuerpo como en
un sepulcro, suscita. la imagen de la muerte; el Espíritu, en cambio, nos infunde
una fuerza vital y renueva nuestras almas, pasándolas de la muerte del pecado a
la vida original. Esto es lo que significa renacer del agua y del Espíritu, ya
que en el agua se realiza nuestra muerte y el Espíritu opera nuestra vida.
Con la triple inmersión y la triple invocación que la acompaña se realiza el
gran misterio del bautismo, en el que la muerte halla su expresión figurada y el
espíritu de los bautizados es iluminado con el don de la ciencia divina. Por
tanto, si alguna virtualidad tiene el agua, no la tiene por su propia naturaleza,
sino por la presencia del Espíritu. Porque el bautismo no es remoción de las
manchas del cuerpo, sino la petición que hace a Dios una buena conciencia.
Y para prepararnos a esa nueva vida; que es fruto de su resurrección, es por lo
que el Señor nos propone toda la doctrina evangélica: que no nos dejemos llevar
por la ira, que soportemos los males, que no vivamos sojuzgados por la afición a
los placeres, que nos libremos de la preocupación del dinero; todo esto nos lo
manda para inducirnos a practicar aquellas cosas que son connaturales a esa nueva vida.
Por el Espíritu Santo se nos restituye en el paraíso, por él podemos subir al
reino de los cielos, por él obtenemos la adopción filial, por él se nos da la
confianza de llamar a Dios con el nombre de Padre, la participación de la gracia
de Cristo, el derecho de ser llamados hijos de la luz, el ser partícipes de la
gloria eterna y, para decirlo todo de una vez, la plenitud de toda bendición,
tanto en la vida presente como en la futura; por él podemos contemplar como en un
espejo, cual si estuvieran ya presentes, los bienes prometidos que nos están
preparados y que por la fe esperamos llegar a disfrutar. En efecto, si tales son
las arras, ¿cuál no será la plena posesión? Y si tan valiosas son las primicias,
¿cuál no será su total realización?
domingo, 25 de abril de 2021
Escucho su Voz
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Domingo del Buen Pastor. Una bella imagen que el Señor nos ofrece de sí mismo. Pero no es un Buen Pastor a imagen de los pastores de este mundo, sino una imagen que nos habla de su entrega por cada uno de nosotros que, a diferencia de las ovejas, no somos tan dóciles como las ovejas, pues tenemos libertad y razón.
Sí, Él nos conoce, y nos conoce mejor que nosotros mismos pues Él tiene la mirada de Dios, y nos conoce desde lo más íntimo de nosotros mismos. Y sabe cuáles y cómo serán nuestras reacciones a Su Voz, cuáles y cómo serán nuestras reacciones cuando Él, el Buen Pastor nos quiera llevar a otros pastos que no sean los que nosotros queremos.
Las ovejas se acostumbran a la voz del pastor y a sus silbos, y acuden a su presencia y siguen sus órdenes y se dejan conducir por su cayado. Nosotros, a diferencia de ellas, no siempre conocen la Voz del Pastor, o, incluso, conociéndola nos hacemos los sordos cuando no queremos escuchar lo que nos pide. Y, cuando lo escuchamos, pero no queremos seguirlo, tomamos por otro camino, pues nos gustan otros lugares, otras voces, y, nuestro instinto humano nos hace ir a otras praderas que no son junto al Pastor.
sábado, 24 de abril de 2021
Cristo se entregó por nosotros
Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
«Muero por todos -dice el Señor-, para que todos tengan vida
por mí, y con mi carne he redimido la carne de todos. Con mi muerte será
destruida la muerte, y la naturaleza humana, derrumbada junto con la mía,
resucitará. Por esto me he hecho como uno de vosotros, es decir, hombre de la
descendencia de Abraham, para asemejar me en todo a mis hermanos.»
San Pablo, que había entendido bien esto, dice: Así pues,
como los hijos participan de la carne y de la sangre, también él entró a
participar de las mismas, para reducir a la impotencia, por su muerte, al que
retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio.
Nunca hubiera podido ser destruido de otra manera el que
retenía el imperio de la muerte, y por tanto la misma muerte, si Cristo no se
hubiese entregado a sí mismo por nosotros, él solo en pago por todos; pues él
estaba por encima de todos.
Por esto dice en el salmo, al ofrecerse a Dios Padre como
víctima inmaculada: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has
preparado un cuerpo; no te complaciste en holocaustos ni en sacrificios por el
pecado; entonces yo exclamé: «Ya estoy aqui.»
Fue crucificado por todos y en favor de todos, a fin de que,
muriendo uno solo por todos, todos vivamos en él; pues no era posible que la
vida estuviera sujeta a la muerte o que sucumbiera a la corrupción, según su
propia naturaleza. Por sus mismas palabras sabemos que Cristo ofreció su carne
por la vida del mundo, ya que dice: Padre santo, guárdalos. Y también: Yo por
ellos me santifico (es decir: «Me ofrezco en sacrificio.»)
Al decir me santifico, quiere decir: «Me consagro y ofrezco
como víctima en olor de suavidad»; ya que, según la ley antigua, era
santificado o llamado santo lo que se ofrecía sobre el altar. Cristo, pues,
entregó su cuerpo por la vida de todos los hombres y, por su mismo cuerpo,
vuelve a introducir la vida en nosotros. Procuraré explicarlo en lo posible.
Después que la Palabra vivificante de Dios habitó en la
carne, la restauró en aquello que es su bien propio, es decir, la vida, y,
uniéndose a ella de un modo inefable, la hizo vivificante, como lo es él por
naturaleza propia.
Por tanto, el cuerpo de Cristo vivifica a los que de él
participan: aleja la muerte al hacerse presente en nosotros, sujetos a la
muerte, y aparta la corrupción, ya que contiene en sí mismo la virtualidad
necesaria para anularla totalmente.
viernes, 23 de abril de 2021
Sufrir remando
jueves, 22 de abril de 2021
Dejándome conducir
miércoles, 21 de abril de 2021
El baño de regeneración
De la Apología primera de san Justino, mártir, en favor de los cristianos
Vamos ahora a explicar cómo nos consagramos a Dios los renovados por Cristo.
A todos los que han aceptado como verdadero lo que les hemos enseñado y explicado,
y se han comprometido a vivir según estas enseñanzas, se los exhorta a que pidan perdón a Dios de los
pecados cometidos, con oraciones y ayunos, y nosotros nos unimos también a sus oraciones y ayunos.
Después los conducimos hasta el lugar donde se halla el agua bautismal, y allí son
regenerados del mismo modo
que lo fuimos nosotros, es decir, recibiendo el baño de agua en el nombre del
Padre, Dios y Señor de todos, y de nuestro salvador Jesucristo y del Espíritu Santo.
Jesucristo dijo, en efecto: El que no nace de nuevo no
podrá entrar en el reino de los cielos. Y para todos es evidente que no es
posible que, una vez nacidos, volvamos a entrar en el seno materno.
También el profeta Isaías nos enseña de qué manera apartan de
sí el pecado los que han faltado y se arrepienten. He aquí sus palabras:
Lavaos, purificaos. apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar
mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo. haced justicia al oprimido,
defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces. venid, y litigaremos -dice
el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana. blanquearán como la
nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana. Pero, si no
sabéis obedecer. la espada os comerá. -Lo ha dicho el Señor-.
Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra
primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte
y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión
de nuestros padres, y sufrimos la influencia de costumbres malas y de una
instrucción desviada. Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto
de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre y consciente
elección, y consigamos por el agua el perdón de los pecados anteriormente
cometidos, se pronuncia sobre aquel que quiere ser regenerado y está arrepentido
de sus pecados el nombre del Padre. Señor y Dios de todos; y éste es el único
nombre que aplicamos a Dios, al llevar a la piscina bautismal al que va a ser
bautizado.
Nadie hay, en efecto, que pueda llamar por su nombre propio al Dios inefable, y,
si alguien se atreviese a decir que puede ser capaz de ello, daría pruebas de
una locura sin remedio.
Este baño se llama iluminación, porque son iluminadas las mentes de los que
aprenden estas cosas. Pero, además, el que es iluminado es también lavado en el
nombre de Jesucristo (que fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilatos. y en
el nombre del Espíritu Santo, que anunció de antemano, por boca de los profetas,
todo lo referente a Jesús.
martes, 20 de abril de 2021
Los grandes milagros de todos los días
lunes, 19 de abril de 2021
Linaje escogido
Del Comentario de san Beda el Venerable, presbítero, sobre la primera carta de san Pedro
Vosotros sois linaje escogido. sacerdocio regio. Este
título honorífico fue dado en otro tiempo por Moisés al antiguo pueblo de Dios,
y ahora con toda razón lo da el apóstol Pedro a los gentiles, porque han creído
en Cristo, el cual, como piedra angular, ha reunido a todos los hombres para que
tengan parte en aquella salvación que era antes exclusiva del pueblo de Israel.
Los llama linaje escogido a causa de su fe, para
distinguirlos de aquellos otros que, al desechar al que es la piedra viva, se
han hecho ellos mismos dignos de ser desechados.
Los llama también sacerdocio regio, porque están
unidos al cuerpo de aquel que es el rey supremo y sacerdote verdadero, que, en
su calidad de rey, da el reino a los suyos y, en su calidad de pontífice, limpia
los pecados de ellos con la oblación de su propia sangre. Les da el nombre de
sacerdocio regio, para que no olviden la esperanza del reino perpetuo y la
obligación que tienen de ofrecer continuamente a Dios el sacrificio de una
conducta inmaculada.
Son llamados también nación santa y pueblo adquirido,
de conformidad con lo que dice el apóstol Pablo, explicando la afirmación del
profeta: «El justo vivirá por la fe, pero si vuelve atrás no pondré más en
él mi complacencia.» Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su
perdición, sino hombres de fe que vamos hacia la salvación de nuestras almas.
Y dice también en los Hechos de los apóstoles: El Espíritu Santo os ha
constituido como pastores de la Iglesia de Dios. que él adquirió con la sangre
de su Hijo. Así, pues, por la sangre de nuestro Redentor hemos sido hechos
pueblo adquirido, como lo era en otro tiempo el pueblo de Israel,
redimido de Egipto por la sangre del cordero.
Por esto en el versículo siguiente, reflexionando también
sobre el sentido figurativo de la historia de Israel, enseña cómo obtiene su
perfecto cumplimiento en el nuevo pueblo de Dios, diciendo: Para proclamar
sus hazañas. Pues, del mismo modo que los israelitas, liberados por Moisés
de la esclavitud de Egipto, después del paso del mar Rojo y del hundimiento del
ejército del Faraón, cantaron al Señor un himno triunfal, también nosotros,
después de haber recibido en el bautismo el perdón de los pecados, debemos
tributar a Dios una digna acción de gracias por estos beneficios espirituales.
Porque los egipcios, que afligían al pueblo de Dios y que por
eso eran como un símbolo de las tinieblas y de la tribulación, significan
adecuadamente los pecados que nos perseguían, pero que fueron borrados por el
bautismo. También la liberación de los hijos de Israel y su conducción hacia la
patria en otro tiempo prometida, concuerda con el misterio de nuestra redención,
por la cual tendemos, mediante la iluminación y la guía de la gracia de Cristo,
hacia la luz de la morada celestial; de esta luz de la gracia era también
símbolo aquella nube y columna de fuego que durante todo el camino los defendió
de las tinieblas de la noche y los llevó, por un sendero inefable, hasta la
posesión de la tierra prometida.
domingo, 18 de abril de 2021
Las dudas
sábado, 17 de abril de 2021
Por María nos llega la bendición del Padre
De las Disertaciones de san Sofronio, obispo
Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede
haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más
excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede
imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las
maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú
posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza
de una excelencia claramente inferior.
El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir
contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento
inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por
esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de
cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de
gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres,
sino también a los mismos coros celestiales.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que
yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos
de la antigua maldición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a
aquel que les obtendrá la salvación divina.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición
sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir
espinas y abrojos.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en
verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda
verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que
realmente das a luz a Dios.
Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora
en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y
comunicando a todos la luz divina.
Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha
puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual
gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en
todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto
confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.
viernes, 16 de abril de 2021
No pidas el milagro
jueves, 15 de abril de 2021
Obediencia
"Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".
miércoles, 14 de abril de 2021
Cristo vive en su Iglesia
De los Sermones de san León Magno, papa
No hay duda, amadísimos hermanos, que el Hijo de Dios,
habiendo tomado la naturaleza humana. se unió a ella tan íntimamente, que no
sólo en aquel hombre que es el primogénito de toda creatura, sino también en
todos sus santos, no hay más que un solo y único Cristo; y, del mismo modo que
no puede separarse la cabeza de los miembros, así tampoco los miembros pueden
separarse de la cabeza.
Aunque no pertenece a la vida presente, sino a la eterna, el
que Dios sea todo en todos, sin embargo, ya ahora, él habita de manera
inseparable en su templo, que es la Iglesia, tal como prometió él mismo con
estas palabras: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo.
Por tanto, todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó con
miras a la reconciliación del mundo no sólo lo conocemos por el relato de sus
hechos pretéritos, sino que también lo experimentamos por la eficacia de sus
obras presentes.
Él mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo; es quien
fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la
regeneración bautismal, una multitud Innumerable de hijos sea engendrada para
Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre ni del deseo
carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
Es en él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abraham por
la adopción del mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las
naciones, cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe.
Él mismo es quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones
hay bajo el cielo, un solo rebaño de ovejas santas, cumpliendo así día tras día
lo que antes había prometido: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es
necesario que las recoja. y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un
solo pastor.
Aunque dijo a Pedro, en su calidad de jefe: Apacienta mis
ovejas, en realidad es él solo, el Señor, quien dirige a todos los pastores en
su ministerio; y a los que se acercan a la piedra espiritual él los alimenta con
un pasto tan abundante y jugoso, que un número incontable de ovejas, fortalecidas
por la abundancia de su amor, están dispuestas a morir por el nombre de su pastor,
como él, el buen Pastor, se dignó dar la propia vida por sus ovejas.
y no sólo la gloriosa fortaleza de los mártires, sino también la fe de todos los
que renacen en el bautismo, por el. hecho mismo de su regeneración, participan en
sus sufrimientos.
Así es como celebramos de manera adecuada la Pascua del
Señor, con ázimos de pureza y de verdad: cuando, rechazando la antigua levadura
de maldad, la nueva creatura se embriaga y se alimenta del Señor en persona. .
La participación del cuerpo y de la sangre del Señor, en efecto,
nos convierte en lo mismo que tomamos y hace que llevemos siempre en nosotros, en
el espíritu y en la carne, a aquel junto con el cual hemos muerto, bajado al
sepulcro y resucitado.
martes, 13 de abril de 2021
Volver al principio
lunes, 12 de abril de 2021
Nacer de nuevo
domingo, 11 de abril de 2021
No seas incrédulo
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».
Este Segundo Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, nos ayuda no sólo a descubrir la Divina Misericordia, sino también a descubrirnos Dichosos, Bienaventurados porque hemos creído sin haber visto. Sí, nosotros, tú y yo, hemos creído en lo que nos fue anunciado. Hemos creído porque nuestros padres y abuelos nos dejaron el mejor de los legados: el Don de la Fe, nos bautizaron y nos han permitido creer.
Quizás, como santo Tomás, algunas veces necesitemos ver y tocar para creer, porque los misterios de la Fe tienen esa parte de oscuridad que, muchas veces, se hace, en nuestras vidas, más intensa; pero que, también es cierto, en otras muchas veces, tenemos la certeza de creer con toda nuestra alma y corazón, pues sabemos de la existencia no sólo de Dios, sino de Su Amor por cada uno de nosotros, por mí y por ti.
Y es ese Amor que Jesús nos demostró que el Padre tiene lo que nos ayuda a tener esperanza, a creer en una vida nueva que no sólo se manifestará en el Reino Eterno, sino en una vida nueva que cada día pedimos: la vida del Reino de Dios aquí en la tierra como en el cielo. Confiamos, por ello, en la misericordia de Dios que, habiéndonos perdonado y reconciliado consigo mismo, nos de la Gracia para poder edificar, día a día, el Reino del Amor, de la Justicia, de la Verdad y de la Paz aquí en la tierra.
Una misión que cada uno tiene que llevar a cabo, pues en el bautismo hemos recibido el Espíritu Santo que nos ha transformado y nos ha confirmado para ser los Discípulos de Jesús, apóstoles de Su Mensaje de Salvación, y constructores del Reino de Dios en la tierra. Y no porque seamos los mejores, o los más perfectos, no, sino porque confiamos en que Él que nos ha llamado y elegido, nos dará los talentos necesarios para poder ser Fieles a la Vida Nueva que nos ha regalado con su Resurrección. Una Vida Nueva que nace de su costado abierto y es regado con la Sangre del Cordero que se derramó sobre todos los hombres para el perdón y la reconciliación.
sábado, 10 de abril de 2021
Obedecer a Dios o a los hombres?
viernes, 9 de abril de 2021
La unción del Espíritu Santo
De las Catequesis de Jerusalén
Bautizados en Cristo y habiéndoos revestido de Cristo, habéis adquirido una condición semejante a la del Hijo de Dios. Pues Dios, que nos predestinó a la adopción de hijos suyos, nos hizo conformes al cuerpo glorioso de Cristo. Por esto, hechos partícipes de Cristo (que significa Ungido), no sin razón sois llamados ungidos; y es refiriéndose a vosotros que dijo el Señor: No toquéis a mis ungidos.
Fuisteis hechos cristos (o ungidos) cuando recibisteis el signo del Espíritu Santo; todo se realizó en vosotros en imagen, ya que sois imagen de Cristo. Él, en efecto, al ser bautizado en el río Jordán, salió del agua, después de haberle comunicado a ella el efluvio fragante de su divinidad, y entonces bajó sobre él el Espíritu Santo en persona, y se posó sobre él como sobre su semejante.
De manera similar vosotros, después que subisteis de la piscina bautismal, recibisteis el crisma, símbolo del Espíritu Santo con que fue ungido Cristo. Respecto a lo cual, Isaías, en una profecía relativa a sí mismo, pero en cuanto que representaba al Señor, dice: El Espíritu del Señor está sobre mi, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres.
Cristo no fue ungido por los hombres con aceite o ungüento material, sino que el Padre, al señalarlo como salvador de todo el mundo, lo ungió con el Espíritu Santo. Como dice Pedro: Dios ungió a Jesús de Nazaret con poder del Espíritu Santo; y en los salmos de David hallamos estas palabras: Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real; has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
El Señor fue ungido con un aceite de júbilo espiritual, esto es, con el Espíritu Santo, el cual es llamado aceite de júbilo porque es el autor del júbilo espiritual; pero vosotros, al ser ungidos materialmente, habéis sido hechos partícipes de la naturaleza de Cristo.
Por lo demás. no pienses que es éste un ungüento común y corriente. Pues, del mismo modo que el pan eucarístico, después de la invocación del Espíritu Santo, no es pan corriente, sino el cuerpo de Cristo, así también este santo ungüento, después de la invocación, ya no es un ungüento simple o común, sino el don de Cristo y del Espíritu Santo, ya que realiza, por la presencia de la divinidad, aquello que significa. Tu frente y los sentidos de tu cuerpo son ungidos simbólicamente y, por esta unción visible de tu cuerpo, el alma es santificada por el Espíritu Santo, dador de vida.
jueves, 8 de abril de 2021
El Bautismo es signo de la Pasión
De las Catequesis de Jerusalén
Fuisteis conducidos a la sagrada piscina bautismal, del mismo
modo que Cristo fue llevado desde la cruz al sepulcro preparado.
Y se os preguntó a cada uno personalmente si creíais en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y, después de haber hecho esta
saludable profesión de fe, fuisteis sumergidos por tres veces en el agua, y
otras tantas sacados de ella; y con ello significasteis de un modo simbólico los
tres días que estuvo Cristo en el sepulcro.
Porque, así como nuestro Salvador estuvo tres días con sus
noches en el vientre de la tierra, así vosotros imitasteis con la primera
emersión el primer día que estuvo Cristo en el sepulcro, y con la inmersión
imitasteis la primera noche. Pues, del mismo modo que de noche no vemos nada y,
en cambio, de día nos hallamos en plena luz, así también cuando estabais
sumergidos nada veíais, como si fuera de noche, pero al salir del agua fue como
si salierais a la luz del día. Y, así, en un mismo momento moristeis y
nacisteis, y aquella agua salvadora fue para vosotros, a la vez, sepulcro y
madre.
Y lo que Salomón decía, en otro orden de cosas, a vosotros os
cuadra admirablemente; decía, en efecto: Tiene su tiempo el nacer y su tiempo
el morir. Mas con vosotros sucedió al revés: tiempo de morir y tiempo de
nacer; un mismo instante realizó en vosotros ambas cosas: la muerte y el
nacimiento.
¡Oh nuevo e inaudito género de cosas! No hemos muerto ni
hemos sido sepultados físicamente ni hemos resucitado después de ser
crucificados en el sentido material de estas palabras, sino que hemos llevado a
cabo unas acciones que eran imagen e imitación de estas cosas, obteniendo con
ello una salvación real y verdadera.
Cristo verdaderamente fue crucificado, fue sepultado y
resucitó; y todo esto se nos ha dado a nosotros como un don gratuito, para que,
siendo por la imitación partícipes de sus dolores, adquiramos, de un modo real,
nuestra salvación.
¡Oh exuberante amor para con los hombres! Cristo recibió los
clavos en sus inmaculados pies y manos, y experimentó el dolor; y a mí, sin
dolor ni esfuerzo alguno, se me da gratuitamente la salvación por la
comunicación de sus dolores.
Nadie piense, 'pues, que el bautismo consiste únicamente en
el perdón de los pecados y en la gracia de la adopción -como era el caso del
bautismo de Juan, que confería tan sólo el perdón de los pecados-, sino que,
como bien sabemos, el bautismo de Cristo no sólo nos purifica de nuestros
pecados y nos otorga el don del Espíritu Santo, sino que también es tipo y signo
sensible de su pasión, En este sentido exclamaba el apóstol Pablo: Cuantos en
el bautismo fuimos sumergidos en Cristo Jesús fuimos sumergidos en su muerte.
Por nuestro bautismo fuimos, pues, sepultados con él, para participar de su
muerte.
miércoles, 7 de abril de 2021
Cristo, Resurrección y Vida
De una Homilía pascual de un autor antiguo
El apóstol Pablo, recordando la dicha de la salvación restaurada, exclama:
Del mismo modo que por Adán la muerte entró en el mundo, así también por Cristo ha
sido restablecida la salvación en el mundo; y también: El primer hombre, hecho de
tierra, era terreno; el segundo es del cielo.
Y aun añade: Nosotros, que somos imagen del hombre terreno,
esto es, del hombre viejo, pecador, seremos también imagen del hombre celestial,
esto es, del reconocido por Dios, del redimido, del restaurado. Esforcémonos, por tanto,
en conservar la salvación que nos viene de Cristo, ya que el mismo Apóstol dice:
Primero, Cristo, esto es, el autor de la resurrección y la vida; después,
los de Cristo, esto es, los que, imitando el ejemplo de su vida íntegra, tendrán una
esperanza cierta, basada en la resurrección del Señor, de la futura posesión de la misma
gloria celestial que él posee, como dice el mismo Señor en el Evangelio: El que me
sigue no perecerá, sino que pasará de la muerte a la vida.
Así, pues, la pasión del Salvador es la salvación de la vida humana. Para
esto quiso morir por nosotros, para que nosotros, creyendo en él, viviéramos para siempre.
Quiso hacerse como nosotros en el tiempo, para que nosotros, alcanzando la eternidad que
él nos promete, viviéramos con él para siempre.
Éste, digo, es aquel don gratuito de los misterios celestiales, esto es lo
que nos da la Pascua, esto significa la ansiada solemnidad anual, éste es el principio de
la nueva creación.
Por esto los neófitos que la santa Iglesia ha dado a luz mediante el baño
de vida hacen resonar los balidos de una conciencia inocente con sencillez de recién
nacidos. Por esto unos castos padres y unas madres honestas alcanzan por la fe una nueva
e innumerable progenie.
Por esto, bajo el árbol de la fe, brilla el resplandor tilo los cirios en la
fuente bautismal inmaculada. Por esto los que han nacido a esta nueva vida son santificados
con el don celestial y alimentados con el solemne misterio del sacramento espiritual.
Por esto la comunidad de los fieles, alimentada en el regazo maternal de la
Iglesia, formando un solo pueblo, adora al Dios único en tres personas, cantando el salmo
de la festividad por excelencia: Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra
alegría y nuestro gozo.
¿De qué día se trata? De aquel que nos da el principio de vida, que es el
origen y el autor de la luz, esto es, el mismo Señor Jesucristo, quien afirma de sí mismo:
Yo soy el día; quien camina de día no tropieza, esto es, quien sigue a Cristo en
todo llegará, siguiendo sus huellas, hasta el trono de la luz eterna; según aquello que él
mismo pidió al Padre por nosotros, cuando vivía aún en su cuerpo mortal: Padre, quiero
que todos los que han creído en mí estén conmigo allí donde yo esté; para que, así como tú
estás en mí y yo en ti, estén ellos en nosotros.
martes, 6 de abril de 2021
El Mesías tenía que padecer
De las Disertaciones de san Anastasio de Antioquía, obispo
Después que Cristo se había mostrado, a través de sus
palabras y sus obras, como Dios verdadero y Señor del universo, decía a sus
discípulos, a punto ya de subir a Jerusalén: Mirad que subimos a Jerusalén, y
el Hijo del Hombre será entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a
los escribas, para que lo azoten, hagan burla de él y lo crucifiquen. Esto
que decía estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían
anunciado de antemano la muerte que había de padecer en Jerusalén. Las sagradas
Escrituras habían profetizado desde el principio la muerte de Cristo y lodo lo
que sufriría antes de su muerte; como también lo que había de suceder con su
cuerpo, después de muerto; con ello predecían que este Dios, al que tales cosas
acontecieron, era impasible e inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al
contemplar la realidad de su encarnación, no descubriésemos en ella el motivo
justo y verdadero para profesar nuestra fe en ambos extremos, a saber, en su
pasión y en su impasibilidad; tomó también el motivo por el cual el Verbo de
Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo
como podía ser salvado el hombre. Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y
aquellos a quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al
Padre, de la misma manera que el Espíritu penetra la profundidad de los
misterios divinos.
El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era
totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin
inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que
el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria. Porque él, en verdad, vino
para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes
que el mundo existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de
obtenerse por medio de la pasión, y que había de ser atribuida al que nos guiaba
a la salvación, como nos enseña la carta a los Hebreos, cuando dice que él es
el que nos guía a la salvación, perfeccionado por medio del sufrimiento.
Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como
Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es
restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido; dice, en
efecto, san Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que
dijo el Salvador que brotaría como un torrente del seno del que crea en él:
Esto lo dijo del Espíritu Santo, que habían de recibir los que a él se unieran
por la fe, pues aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido
glorificado; aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz.
Por esto el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de su pasión, le pide
que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el mundo
existiese.