viernes, 30 de abril de 2021

El único Camino

De la carta de san Clemente primero papa, a los Corintios

    Éste es, amados hermanos. el camino por el que llegamos a la salvación. Jesucristo. el sumo sacerdote de nuestras oblaciones. sostén y ayuda de nuestra debilidad.
    Por él, podemos. elevar nuestra mirada hasta lo alto de los cielos; por él. vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el resplandor de su gloria y ha llegado a ser tanto mayor que los ángeles, cuanto es más augusto que el de ellos el nombre que ha recibido en herencia.
    Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo sus órdenes irreprochables.
    Fijémonos en los soldados que prestan servicio bajo las órdenes de nuestros gobernantes: su disciplina, su obediencia. su sometimiento en cumplir las órdenes que reciben. No todos son generales ni comandantes ni centuriones ni oficiales ni todos tienen alguna graduación; sin embargo, cada cual, en el sitio que le corresponde, cumple lo que le manda el rey o cualquiera de sus jefes. Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción de todos.
    Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo. Procuremos. pues. conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios.
    El fuerte sea protector del débil, el débil respete al fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan. El que es casto en su cuerpo no se gloríe de ello, sabiendo que es otro quien le otorga el don de la continencia.
    Consideremos, pues, hermanos, de qué materia fuimos hechos, cuáles éramos al entrar en este mundo; de qué sepulcro y tinieblas nos sacó nuestro Creador, para introducimos en su mundo, donde ya de antemano, antes de nuestra existencia. nos tenía preparados sus dones.
    Por esto debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 29 de abril de 2021

Nuestro pecado

"Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros".
Es muy común que, cuando hacemos el examen de conciencia no encontremos, a veces, grandes pecados, lo cual no quiere decir que no hayamos pecado. Porque el Señor nos dijo que "el justo peca 7 veces por día". Claro que no pensamos que nosotros, siendo tannnn buenos, vamos a pecar tantas veces por día. Entonces ¿será mentira lo que nos ha dicho el Señor? ¿No será acaso que no sabemos lo que es el pecado? ¿Quizás no sepamos examinar bien nuestra conciencia?
¿Qué es el pecado? Pecado es toda acción consciente y libre en contra de la Voluntad de Dios. Voluntad de Dios que se manifiesta en los mandamientos (los 10) y los consejos evangélicos que nos dio Jesús en sus predicaciones, y, sobre todo, en el mandamiento último que el Señor nos dio: "un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como yo os he amado".
Y, si vamos a lo importante de todo es: ¿me he preguntado por la Voluntad de Dios? ¿Qué es lo que quiere Dios para mi vida? ¿Qué es lo que cada día tengo que hacer para agradar a Dios y vivir según su Voluntad?
Generalmente, el examen que hacemos de nuestra conciencia es sobre la letra de los 10 mandamientos. Y eso está bien, pero no sólo es no mato ni robo. Sino que tengo que llegar a interpretar que significan esos 10 mandamientos, más allá de la letra de la Ley, ir al Espíritu de la Ley, que es lo que Jesús quiere decirnos en su mensaje de salvación.
A veces te encuentras con gente que dice: padre hágame usted las preguntas para saber si tengo pecado. Y yo esbozo una sonrisa y digo: ¿sabe usted cuántas preguntas tendría que hacerle para ver por dónde ha pecado y cuánto? Si nos ponemos a desglosar los mandamientos y el mandamiento del amor, y todo lo que Jesús nos va pidiendo día a día...
Es así que tenemos que madurar en nuestra fe, en nuestro deseo de ser fieles al Señor, pero no sólo cumplir con la letra de ley, pues el cumplimiento no es lo que Jesús vino a predicar, lo que Jesús quiere de nosotros es que vivamos en Dios, por Dios y para Dios, entregados en el servicio por amor a los hermanos y, especialmente, a los que más nos necesitan. Para que la Ley se haga vida en nosotros y podamos darle plenitud a la Ley y los Profetas y al mensaje de Salvación que nos trajo Jesús.
Y, sobre todo, no tengamos miedo a descubrir que hay mucho más pecado del que creemos, porque eso es normal, somos imperfectos y, como dice san Pablo: "no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero", y eso nos hace ir más al Señor, a pedirle a Él que nos enseñe el camino y nos de la fuerza del Espíritu para levantarnos de cada caída y seguir avanzando en el camino de la santidad.
"Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero".

 

miércoles, 28 de abril de 2021

Por los frutos los conocereis

"Un día que estaban celebrando el culto al Señor, y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:
«Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado».
Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron. Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre".
Tanto la comunidad de los apóstoles, como la primera comunidad cristiana vivía muy unida en oración, y, en ese estado, el Espíritu Santo podía hablar con ellos, decirles lo que el Padre quería en cada momento y en cada situación. Eran apóstoles y discípulos conscientes de su misión y de Quién era el que dirigía su misión en la tierra.
Con el tiempo nos hemos acostumbrado a que nuestra misión la dirigimos nosotros, aunque, seguramente, confiamos en que Dios nos guíe, pero, como dice el Señor: por los frutos los conoceréis. Aunque nos cueste decirlo o asumirlo no somos comunidades cristianas que nos dejemos conducir por el Espíritu Santo, ni que, en muchas situaciones, estemos abiertos a sus impulsos y sugerencias, sino que vamos acostumbrándonos a nuestros gustos y costumbres, sin darle lugar a lo que Dios quiere para tal situación, comunidad o momentos histórico.
Cuando en las comunidades cristianas nos olvidamos de que Cristo y su Esprítu tienen que ser el centro de la vida común, entonces todo va perdiendo calor y calidad. Vamos haciendo cosas para ver si llegamos a la gente, sabiendo que no somos nosotros quienes tenemos que llegar a la gente, sino que es la Palabra de Dios la que tiene que llegar, y esa Palabra tiene que ser transmitidas por personas que vivan la fe y se dejen conducir por el Espíritu.
Es así que, en estos tiempos que corren, deberíamos volver a mirar a las Primeras Comunidades y tomar el ejemplo de cómo vivían, para que, como ellos, nuestras comunidades también sean un "lugar donde Dios envía a aquellos que necesitan salvarse".
Y esto es lo que tenemos que tener en cuenta, pues para ser cristianos, no sólo hay que seguir a Cristo, sino vivir como Cristo:
"Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre".
Él nunca se atribuyó la misión a sí mismo, sino que era consciente que era un Enviado del Padre, y "así como el Padre lo envió a Él, Él nos envió a nosotros", pero no para fuéramos nosotros los dueños de la Verdad y de la Gracia, sino que anunciáramos con nuestras vidas, unidos al Espíritu Santo, la Verdad, el Camino y la Vida que es Él mismo.

 

martes, 27 de abril de 2021

Las obras que yo hago

"Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas".
"Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí".
Es lo más importante en nuestra vida de cristianos, hacer las obras de Cristo, no para que crean en nosotros, sino para que los obren encuentren a Cristo en la vida de los cristianos. No es poca la gente que dice que no cree en los curas y en la iglesia, y es bueno, porque no tiene que creer en hombres, sino que los hombres tenemos que llevar a los no creyentes a Dios. Los curas son hombres imperfectos, y la iglesia es una comunidad de hombres, varones y mujeres, que desde la imperfección y el pecado, buscan el Camino para la perfección en la santidad.
Desde nuestra pobreza, es decir, desde nuestro pecado y nuestra imperfección, seguimos insistiendo en buscar la perfección del amor, la perfección en la santidad, para que nuestras obras y palabras hablen de Dios, hablen de Cristo, y, como dice el mismo Jesús: "los hombres por sus buenas obras daran gloria a Dios".
La perseverancia en nuestra perfección en el Amor es lo que más nos cuesta, porque es el único signo por el que los hombres conocerán que somos hijos de Dios. Y es lo que, generalmente, nos olvidamos que tenemos que cultivar. Nos esforzamos en muchas cosas: en lo intelectual, en las leyes, en las normas, en lo exterior de la religión, y nos olvidamos de lo más importante que es el crecer en el Amor: "en la medida en que os améis unos a otros conocerán que sois mis discípulos".
Y, en realidad, si miramos con detenimiento a nuestras comunidades, a nuestra iglesia parroquial, diocesana o universal, no vemos que estemos todos edificados en el Amor que Jesús nos ha pedido vivir. No. Hay desuniones, hay divisiones, hay gente que no se habla, hay rencores, hay apetito de poder, hay.... mucho pecado en contra del Amor Fraterno, y ese no es el testimonio que tenemos que dar si nos llamamos y somos cristianos, y si seguimos así, nada cambiará y los hombres seguirán pidiendo signos para poder creer, pues no le mostramos el verdadero rostro de Cristo.

 

lunes, 26 de abril de 2021

Es el Espíritu el que da Vida

Del Libro de san Basilio Magno, obispo; Sobre el Espíritu Santo

    El Señor, que es quien nos da la vida, estableció para nosotros la institución del bautismo, símbolo de muerte de vida: por el agua es representada la muerte y por eI Espíritu se nos dan las arras de la vida.
    El bautismo tiene una doble finalidad: la destrucción del cuerpo de pecado, para que no fructifiquemos ya más para la muerte, y la vida en el Espíritu, que tiene por fruto la santificación; por esto el agua, al recibir nuestro cuerpo como en un sepulcro, suscita. la imagen de la muerte; el Espíritu, en cambio, nos infunde una fuerza vital y renueva nuestras almas, pasándolas de la muerte del pecado a la vida original. Esto es lo que significa renacer del agua y del Espíritu, ya que en el agua se realiza nuestra muerte y el Espíritu opera nuestra vida.
    Con la triple inmersión y la triple invocación que la acompaña se realiza el gran misterio del bautismo, en el que la muerte halla su expresión figurada y el espíritu de los bautizados es iluminado con el don de la ciencia divina. Por tanto, si alguna virtualidad tiene el agua, no la tiene por su propia naturaleza, sino por la presencia del Espíritu. Porque el bautismo no es remoción de las manchas del cuerpo, sino la petición que hace a Dios una buena conciencia. Y para prepararnos a esa nueva vida; que es fruto de su resurrección, es por lo que el Señor nos propone toda la doctrina evangélica: que no nos dejemos llevar por la ira, que soportemos los males, que no vivamos sojuzgados por la afición a los placeres, que nos libremos de la preocupación del dinero; todo esto nos lo manda para inducirnos a practicar aquellas cosas que son connaturales a esa nueva vida.
    Por el Espíritu Santo se nos restituye en el paraíso, por él podemos subir al reino de los cielos, por él obtenemos la adopción filial, por él se nos da la confianza de llamar a Dios con el nombre de Padre, la participación de la gracia de Cristo, el derecho de ser llamados hijos de la luz, el ser partícipes de la gloria eterna y, para decirlo todo de una vez, la plenitud de toda bendición, tanto en la vida presente como en la futura; por él podemos contemplar como en un espejo, cual si estuvieran ya presentes, los bienes prometidos que nos están preparados y que por la fe esperamos llegar a disfrutar. En efecto, si tales son las arras, ¿cuál no será la plena posesión? Y si tan valiosas son las primicias, ¿cuál no será su total realización?

domingo, 25 de abril de 2021

Escucho su Voz

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Domingo del Buen Pastor. Una bella imagen que el Señor nos ofrece de sí mismo. Pero no es un Buen Pastor a imagen de los pastores de este mundo, sino una imagen que nos habla de su entrega por cada uno de nosotros que, a diferencia de las ovejas, no somos tan dóciles como las ovejas, pues tenemos libertad y razón.

Sí, Él nos conoce, y nos conoce mejor que nosotros mismos pues Él tiene la mirada de Dios, y nos conoce desde lo más íntimo de nosotros mismos. Y sabe cuáles y cómo serán nuestras reacciones a Su Voz, cuáles y cómo serán nuestras reacciones cuando Él, el Buen Pastor nos quiera llevar a otros pastos que no sean los que nosotros queremos.

Las ovejas se acostumbran a la voz del pastor y a sus silbos, y acuden a su presencia y siguen sus órdenes y se dejan conducir por su cayado. Nosotros, a diferencia de ellas, no siempre conocen la Voz del Pastor, o, incluso, conociéndola nos hacemos los sordos cuando no queremos escuchar lo que nos pide. Y, cuando lo escuchamos, pero no queremos seguirlo, tomamos por otro camino, pues nos gustan otros lugares, otras voces, y, nuestro instinto humano nos hace ir a otras praderas que no son junto al Pastor.

También sabemos que Él va a ir en busca de la perdida, pero es en el caso de que la perdida no tenga conciencia de que se ha perdido, porque cuando el hijo decide irse de la casa paterna, el Padre no va a buscarlo, simplemente espera que vuelva, ¿por qué? Porque el Padre nos ha dado el Don de la Libertad, y cada uno de nosotros somos responsables de nuestras propias decisiones. Somos responsables de querer escuchar al Pastor o de hacer oídos sordos a su Voz. Somos responsables de vivir de acuerdo con Su Voluntad o tomar otros caminos, porque es Él quien pone delante nuestro el Bien y el Mal, la Vida y la Muerte, y somos nosotros, cada uno quien elige qué camino seguir.


sábado, 24 de abril de 2021

Cristo se entregó por nosotros

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan

    «Muero por todos -dice el Señor-, para que todos tengan vida por mí, y con mi carne he redimido la carne de todos. Con mi muerte será destruida la muerte, y la naturaleza humana, derrumbada junto con la mía, resucitará. Por esto me he hecho como uno de vosotros, es decir, hombre de la descendencia de Abraham, para asemejar me en todo a mis hermanos.»
    San Pablo, que había entendido bien esto, dice: Así pues, como los hijos participan de la carne y de la sangre, también él entró a participar de las mismas, para reducir a la impotencia, por su muerte, al que retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio.
    Nunca hubiera podido ser destruido de otra manera el que retenía el imperio de la muerte, y por tanto la misma muerte, si Cristo no se hubiese entregado a sí mismo por nosotros, él solo en pago por todos; pues él estaba por encima de todos.
    Por esto dice en el salmo, al ofrecerse a Dios Padre como víctima inmaculada: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no te complaciste en holocaustos ni en sacrificios por el pecado; entonces yo exclamé: «Ya estoy aqui
    Fue crucificado por todos y en favor de todos, a fin de que, muriendo uno solo por todos, todos vivamos en él; pues no era posible que la vida estuviera sujeta a la muerte o que sucumbiera a la corrupción, según su propia naturaleza. Por sus mismas palabras sabemos que Cristo ofreció su carne por la vida del mundo, ya que dice: Padre santo, guárdalos. Y también: Yo por ellos me santifico (es decir: «Me ofrezco en sacrificio.»)
    Al decir me santifico, quiere decir: «Me consagro y ofrezco como víctima en olor de suavidad»; ya que, según la ley antigua, era santificado o llamado santo lo que se ofrecía sobre el altar. Cristo, pues, entregó su cuerpo por la vida de todos los hombres y, por su mismo cuerpo, vuelve a introducir la vida en nosotros. Procuraré explicarlo en lo posible.
    Después que la Palabra vivificante de Dios habitó en la carne, la restauró en aquello que es su bien propio, es decir, la vida, y, uniéndose a ella de un modo inefable, la hizo vivificante, como lo es él por naturaleza propia.
    Por tanto, el cuerpo de Cristo vivifica a los que de él participan: aleja la muerte al hacerse presente en nosotros, sujetos a la muerte, y aparta la corrupción, ya que contiene en sí mismo la virtualidad necesaria para anularla totalmente.

viernes, 23 de abril de 2021

Sufrir remando

"El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Es lo que el Señor le dijo a Ananías sobre Saulo.
Al leerlo me acordaba de algo que una vez me dijo una persona, después de algún tiempo viviendo, en serio, la fe cristiana: "antes todo era más fácil, ahora todo es más difícil pero estoy mejor que antes". Y es así, vivir radicalmente la fe cristiana nos hace sufrir, pero nos ayuda a vivir en plenitud.
Y ¿por qué hay que sufrir para vivir cristianamente? Es un sufrimiento que no es el físico, es el sufrimiento del buscar la Voluntad de Dios, pues cuando no somos conscientes de la Voluntad de Dios, de sus Mandamientos y de sus consejos evangélicos, vivimos como sin preguntarnos si lo que hacemos es lo que Dios quiere, y, sobre todo, sin renunciar a nosotros mismos para hacer lo que Dios quiere y no lo que yo tengo ganas de hacer.
Cuando no nos decidimos por ser verdaderamente cristiaanos, nos da lo mismo si hacemos las cosas bien o si las dejamos de hacer. Pero cuando nos decidimos por vivir santamente, entonces, la vida diaria tiene más preguntas y decisiones radicales que hay que tomar. Ya no podemos dejarnos llevar por lo que es normal en el mundo, sino que tenemos que ponernos a pensar si lo que vamos a hacer es propio de un cristiano, si es propio de alguien que está intentando ser apóstol de Jesús, pues la vida tiene que ser el espejo de lo que predico y de lo que intento vivir: la vida de Jesús en mi vida, por eso me llaman y me llamo cristiano: quiere ser imagen de Cristo.
Es lo que san Pablo decía sobre sí mismo: hay una lucha constante en mí, entre el espíritu y la carne, entre lo que debo hacer y lo que quiero hacer, porque no siempre hago lo que debo sino lo que no quiero. Esa lucha, esa guerra entre lo cristiano y lo mundano, es lo que nos lleva, muchas veces a sufrir, pues habrá veces en que estaré en contra de lo que los demás hagan y, quizás, me tilden de "santurrón" o "beato", pero es que no siempre tengo que hacer lo que los demás quieran, sino lo que me he decidido a vivir.
Así San Juan Pablo II decía en el 2000: "sed mártires de remar contra la corriente del mundo". ¿Estáis dispuestos a vivirlo?

 

jueves, 22 de abril de 2021

Dejándome conducir

"El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza».
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?»
A veces, cuando leemos estas cosas o cuando vemos o leemos la vida de los santos, podemos descubrir cómo ellos se dejaron conducir por el Espíritu, por las alocuciones internas, y cómo pudieron hacer grandes cosas, y, muchas veces, sin salir de un convento. Descubrir estas cosas nos dan ganas de poder vivirlo o nos preguntamos cómo vivieron esa disponibilidad, cómo pudieron hacer para escuchar al Espíritu o a los ángeles que le susurraban al oído... y nos surge la pregunta ¿por qué yo no puedo escucharlo o sentirlo o vivirlo de ese modo?
Y, en realidad, todos tenemos esos ángeles que nos susurran al oído o al Espíritu que nos está, siempre, hablando de las cosas del Padre. Pero no siempre estamos atentos o en silencio como para poder escuchar, o, quizás, tampoco sabemos entender lo que nos dicen. Es que estamos tan metidos en el lenguaje del mundo que nos olvidamos el modo de hablar de Dios, sobre todo, porque no llegamos al silencio interior para poder escuchar.
Sin embargo, muchas veces, sin saberlo vamos obrando lo que Dios quiere, porque nuestra vida está en Dios. No tenemos, quizás, esas alocuciones interiores donde podríamos ponernos a escribir lo que el Espíritu suscita en nuestros corazones, pero obramos de acuerdo a sus impulsos.
Quizás no escuchemos la voz del Ángel en nuestro oído, pero salimos corriendo al encuentro de alguien que necesita de mi ayuda, de mi palabra, o, tan siquiera de mi oído.
Cuando, con el tiempo, hemos ido siendo fieles al diálogo con el Padre en la oración, en la reflexión de Su Palabra, en la recepción del Pan de la Vida, y de los sacramentos, entonces, nuestra vida se va transformando, sin grandes espectáculos, en una vida cristiana, y, sin saberlo, voy aceptando la Voluntad de Dios, pues he ido disponiendo mi vida a Su Voluntad.
Puede ser que me ponga a pensar y mire hacia atrás y no vea cambios profundos, pero seguramente los ha habido, y, por eso el Señor me pide que si pongo "la mano en el arado no mire hacia atrás", porque lo que tengo que hacer es ir hacia adelante, dejándome conducir por Él, que es el Capitán de mi barco.
Así, sin querer, podré ir marcando la diferencia en mi vida, y no porque hayan habido grandes hechos extraordinarios, sino porque en lo ordinario de todos los días he ido cultivando mi relación con el Señor, y he dejado que Él me conduzca, haciendo que mis días sean suyo, y yo de Él.

 

miércoles, 21 de abril de 2021

El baño de regeneración

De la Apología primera de san Justino, mártir, en favor de los cristianos

    Vamos ahora a explicar cómo nos consagramos a Dios los renovados por Cristo.
    A todos los que han aceptado como verdadero lo que les hemos enseñado y explicado, y se han comprometido a vivir según estas enseñanzas, se los exhorta a que pidan perdón a Dios de los pecados cometidos, con oraciones y ayunos, y nosotros nos unimos también a sus oraciones y ayunos.
    Después los conducimos hasta el lugar donde se halla el agua bautismal, y allí son regenerados del mismo modo
que lo fuimos nosotros, es decir, recibiendo el baño de agua en el nombre del Padre, Dios y Señor de todos, y de nuestro salvador Jesucristo y del Espíritu Santo.
    Jesucristo dijo, en efecto: El que no nace de nuevo no podrá entrar en el reino de los cielos. Y para todos es evidente que no es posible que, una vez nacidos, volvamos a entrar en el seno materno.
    También el profeta Isaías nos enseña de qué manera apartan de sí el pecado los que han faltado y se arrepienten. He aquí sus palabras: Lavaos, purificaos. apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo. haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces. venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana. blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana. Pero, si no sabéis obedecer. la espada os comerá. -Lo ha dicho el Señor-.
    Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión de nuestros padres, y sufrimos la influencia de costumbres malas y de una instrucción desviada. Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre y consciente elección, y consigamos por el agua el perdón de los pecados anteriormente cometidos, se pronuncia sobre aquel que quiere ser regenerado y está arrepentido de sus pecados el nombre del Padre. Señor y Dios de todos; y éste es el único nombre que aplicamos a Dios, al llevar a la piscina bautismal al que va a ser bautizado.
Nadie hay, en efecto, que pueda llamar por su nombre propio al Dios inefable, y, si alguien se atreviese a decir que puede ser capaz de ello, daría pruebas de una locura sin remedio.
Este baño se llama iluminación, porque son iluminadas las mentes de los que aprenden estas cosas. Pero, además, el que es iluminado es también lavado en el nombre de Jesucristo (que fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilatos. y en el nombre del Espíritu Santo, que anunció de antemano, por boca de los profetas, todo lo referente a Jesús.

 

martes, 20 de abril de 2021

Los grandes milagros de todos los días

"En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Seguramente, alguna vez en nuestra vida, o varias veces, le hemos pedido a Dios un signo, un milagro, un algo para poder creer o madurar en nuestra fe. Y, también, seguramente, Dios no nos ha dado ni un milagro, ni un signo, ni hemos visto nada de extraordinario en nuestras vidas. Y ¿nuestra fe ha madurado? ¿Hemos notado que ha disminuido o ha crecido? Seguramente que tampoco hemos visto modificación alguna. Pero ¿hemos seguido creyendo? Eso seguro que sí, aún seguimos creciendo y creyendo. Porque, en verdad, no necesitamos más signos y milagros que los que tenemos y que vemos a diario. Y, muchos más son los que no vemos ni nos damos cuenta que están, pero que son los que nos ayudan a seguir manteniendo nuestra fe, quizás no tan madura como nos gustaaria, pero sí que seguimos sostenidos por el Amor de Dios.
Y ¿entonces cuál es el punto? Aprender a mirar los signos que Dios nos da día a día. Sí, porque Dios día a día hace milagros en nuestras vidas, pero no siempre los vemos o valoramos, así como tampoco vemos o valoramos lo que hace quien está a mi lado todos los días, o con quien me encuentro en la calle que me saluda y me regala una sonrisa, o quien después de mucho tiempo se toma un tiempo y me llama por teléfono o me invita un café.
Y, también, es seguro que nos hemos fijado en quién no nos ha llamado o saludado, o qué cosa no ha hecho quien está a mi lado, o lo que me falta en la vida, o lo que ya no tengo.
Sí, siempre vemos lo que no está o falta, y no aprovechamos lo que tenemos. Así somos los humanos: siempre esperamos lo que no tenemos y nos olvidamos de lo que hay, el vaso siempre tiene menos de lo que necesitamos, es lo que creemos.
"Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».
Todos los días tenemos al Señor que nos alimenta, que hace el milagro inmenso de dársenos como Pan de Vida y Caliz de Salvación, para ayudarnos y fortalecernos en nuestra vida de fe. Todos los días tenemos Su Palabra a nuestro alcance para poder escucharlo y para ayudarnos a madurar en nuestra fe, y fortalecernos en nuestra disponibilidad a la Voluntad del Padre. Todos los días y a cada instante podemos elevar nuestro corazón hacia el Padre para hablarle y para escucharle, para sentarnos con Él y hablar de nuestras cosas, para contarle nuestros problemas y darle las Gracias por todo lo que hace, pero...
Si no sabemos valorar las pequeñas cosas que los que nos quieren hacen por nosotros cada día, ¿cómo aprenderemos a valorar los pequeños milagros que Dios nos regala cada día y a cada instante? Son las pequeñas cosas de todos los días las que nos ayudan a crecer en el amor y a madurar en nuestra fe. No las desaprovechemos esperando los grandes milagros y signos.

 

lunes, 19 de abril de 2021

Linaje escogido

Del Comentario de san Beda el Venerable, presbítero, sobre la primera carta de san Pedro

    Vosotros sois linaje escogido. sacerdocio regio. Este título honorífico fue dado en otro tiempo por Moisés al antiguo pueblo de Dios, y ahora con toda razón lo da el apóstol Pedro a los gentiles, porque han creído en Cristo, el cual, como piedra angular, ha reunido a todos los hombres para que tengan parte en aquella salvación que era antes exclusiva del pueblo de Israel.
    Los llama linaje escogido a causa de su fe, para distinguirlos de aquellos otros que, al desechar al que es la piedra viva, se han hecho ellos mismos dignos de ser desechados.
    Los llama también sacerdocio regio, porque están unidos al cuerpo de aquel que es el rey supremo y sacerdote verdadero, que, en su calidad de rey, da el reino a los suyos y, en su calidad de pontífice, limpia los pecados de ellos con la oblación de su propia sangre. Les da el nombre de sacerdocio regio, para que no olviden la esperanza del reino perpetuo y la obligación que tienen de ofrecer continuamente a Dios el sacrificio de una conducta inmaculada.
    Son llamados también nación santa y pueblo adquirido, de conformidad con lo que dice el apóstol Pablo, explicando la afirmación del profeta: «El justo vivirá por la fe, pero si vuelve atrás no pondré más en él mi complacencia.» Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino hombres de fe que vamos hacia la salvación de nuestras almas. Y dice también en los Hechos de los apóstoles: El Espíritu Santo os ha constituido como pastores de la Iglesia de Dios. que él adquirió con la sangre de su Hijo. Así, pues, por la sangre de nuestro Redentor hemos sido hechos pueblo adquirido, como lo era en otro tiempo el pueblo de Israel, redimido de Egipto por la sangre del cordero.
    Por esto en el versículo siguiente, reflexionando también sobre el sentido figurativo de la historia de Israel, enseña cómo obtiene su perfecto cumplimiento en el nuevo pueblo de Dios, diciendo: Para proclamar sus hazañas. Pues, del mismo modo que los israelitas, liberados por Moisés de la esclavitud de Egipto, después del paso del mar Rojo y del hundimiento del ejército del Faraón, cantaron al Señor un himno triunfal, también nosotros, después de haber recibido en el bautismo el perdón de los pecados, debemos tributar a Dios una digna acción de gracias por estos beneficios espirituales.
    Porque los egipcios, que afligían al pueblo de Dios y que por eso eran como un símbolo de las tinieblas y de la tribulación, significan adecuadamente los pecados que nos perseguían, pero que fueron borrados por el bautismo. También la liberación de los hijos de Israel y su conducción hacia la patria en otro tiempo prometida, concuerda con el misterio de nuestra redención, por la cual tendemos, mediante la iluminación y la guía de la gracia de Cristo, hacia la luz de la morada celestial; de esta luz de la gracia era también símbolo aquella nube y columna de fuego que durante todo el camino los defendió de las tinieblas de la noche y los llevó, por un sendero inefable, hasta la posesión de la tierra prometida.

domingo, 18 de abril de 2021

Las dudas

“Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Siempre seguirán surgiendo dudas en nuestro corazón. El Camino de la Fe es un camino de dudas, porque no vemos, no sentimos, no experimentamos con nuestros sentidos humanos, sino que se nos ha dado un sentido sobrenatural: el Don de la Fe, con el cual vemos, sentimos y escuchamos de un modo diferente.
Cuando dejamos de estar “en sintonía” con la Palabra de Dios, por medio de la oración, los sacramentos, entonces nos entrarán dudas que serán productos de nuestro dejar de estar en Gracia.
Es la Gracia santificante la que nos ayuda a seguir fortaleciendo y madurando en nuestra vida de Fe. No serán los libros, los estudios o los títulos teológicos los que nos ayuden a madurar, sino una experiencia vital, cierta y constante con las Personas Divinas.
Para los apóstoles y los primeros discípulos fue necesario que Jesús se les apareciera y lo pudieran tocar: meter el dedo en la llaga de las manos y la mano en su costado, porque serían los testigos verdaderos de su Resurrección, y serían ellos quienes nos pasaran el testigo, o nos dieran un testimonio creíble de los misterios de nuestra fe. Pero, a nosotros, sólo se nos ha concedido creer lo que otros creyeron, y madurar en esa fe de acuerdo con nuestra necesidad de creer.
Es claro que, cuando no tenemos hambre o sed de vida espiritual, o cuando vivimos tan insertos en la sociedad material y mundana, los criterios o la vida espirituales, ya son algo que no me interesa o no significa nada en mi vida. Es así como se va perdiendo lo esencial de nuestra vida cristiana, hasta el punto de llegar, no sólo a dudar de la fe, sino a renegar de lo que alguna vez he creído y vivido.
Pero, cuando tengo en claro que mi vida espiritual ha sido una elección o una respuesta a un llamado del Señor, entonces tengo que poner todos los medios necesarios para seguir madurando, para seguir confiando aunque, como dice el Salmo, el Señor me permita transitar por cañadas oscuras, o llevar cruces pesadas, pues sabré con certeza que Él siempre estará conmigo, y, en todo momento, se sentará conmigo para alimentarme con el Pan de la Vida y el Vino de la Salvación, para satisfacer mi hambre y mi sed de Dios.

 

sábado, 17 de abril de 2021

Por María nos llega la bendición del Padre

De las Disertaciones de san Sofronio, obispo

    Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente inferior.
    El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros celestiales.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les obtendrá la salvación divina.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a luz a Dios.
    Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
    Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.

viernes, 16 de abril de 2021

No pidas el milagro

"Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer".
Jesús o el Padre cuando nos ponen una prueba en nuestra vida, saben qué es lo que van a hacer, cómo lo van a hacer, y qué es lo que tienen en Sus Manos para que podamos hacer lo que nos están pidiendo. Pero ¿nosotros sabemos cómo vamos a responder? Generalmente, como nos sucede con muchas personas, ante una situación que nos sorprende siempre respondemos ¡no! Por las dudas, aunque no sabemos qué es lo que nos van a pedir y si nos va a costar mucho realizarlo, decimos que no. Después pensamos si podemos hacerlo o cómo, pero, primero nos escudamos en un no, pues creemos que siempre habrá tiempo para dar un sí.
Creo que era San Angustín quien decía "temo al Dios que pasa y sigue de largo", que se une a la frase del Apocalipsis: "estoy a tu puerta y llamo, si me abres cenaremos juntos", pero, si no me abres ¿estará toda la vida esperando que le abras? NO.
No, Dios no nos espera toda la vida porque, cuando Él necesita que hagamos algo es para ese momento, no para después. Para ese momento tiene la Gracia necesaria que yo necesitaré para hacer lo que Él me pide. Si responde que no... Acordémonos del diálogo de Jesús con el joven rico: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Cuando el joven oyó esto, se fue triste, porque tenía muchas riquezas". Se fue triste y Jesús no lo retuvo, simplemente lo vio irse.
Contamos, muchas veces, con nuestras propias fuerzas, con nuestras ganas, con nuestros proyectos, con lo que somos para poder responder a un llamado de Dios. Pero Dios ya sabe qué somos, cómo somos, cuáles son nuestros pecados y debilidades. Y Él cuenta con su poder, con su Gracia, con su Amor. Él sabe por qué me llama a mí y no a otro, por eso espera que mi respuesta sea un ¡SÍ! y no un no, ni tampoco un si condicional, sino un SÍ, con mayúsculas y con acento en la i, asegurando que estoy dispuesto a seguirlo, que estoy dispuesto a hacer todo lo que Él me pida, como María: "he aquí la esclava del Señor".
No permitas que tus miedo e inseguridades, ni que tu pecado o debilidades, le nieguen la entrada a Dios en tu vida, ni tampoco le digas que no a lo que Él te pida, pues dejarás un vacío en tu historia y en la Historia, pues sólo tú puedes hacer lo que el Señor quiere en ese momento. Aunque sólo veas que tienes 5 panes y dos pescados, ponlos en las manos del Señor y Él se encargará del milagro.

 

jueves, 15 de abril de 2021

Obediencia

 "Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".

¿Por qué hay que obedecer a Dios?
Porque hemos respondido a un llamado: el llamado de Jesús a seguirlo, y Él "aunque era hijo, aprendió, por medio del sufrimiento a obedecer".
Sí, seguirlo a Jesús no sólo es acercarnos para tocarle el manto y que nos cure de nuestras dolencias, sino que nos invita a seguirlo como lo hizo con los apóstoles que, dejándolo todo lo siguieron y, aunque, en un momento (el de la Cruz) lo abandonaron, con la fuerza del Espíritu Santo "fueron sus testigos hasta el fin del mundo" y entregaron su vida por defender su fe.
Pero, además: ¿quién mejor que Aquél que nos tejió en las entrañas de nuestra madre, y que nos conce desde antes de la creación del mundo, puede saber mejor lo que nos conviene? ¿Quién mejor que Aquél a quien le llamamos nuestro Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra, para creerle y escucharle?
Claro que, desde hace unos años la obediencia cambió de forma o de lugar: antes los hijos obedecían a los padres, los alumnos a los maestros... pero ahora parece que es al revés: los padres tienen que obedecer a los hijos, los maestros a los alumnos... y, por eso, Dios tiene que obedecernos a nosotros.
"El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos".
Y, sabemos que no sólo somos de la tierra, del mundo, hemos nacido del agua y del Espíritu, lo que nos lleva a pensar que hemos de vivir de acuerdo al Espíritu, y ¿cómo se vive del Espíritu? Míralo a Jesús, Él es quien nos enseña cómo vivir del Espíritu: "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi padre", "mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre", "y ¿qué he de decir: que pase de mí esta hora, si para esta hora he venido ¡Padre, glorifica tu nombre!".
Los discípulos de Jesús tenemos que volver a creer y vivir en la obediencia a Dios, para ser verdaderos testigos de la Verdad, para mostrar el Camino que nos conduce a la Vida.

miércoles, 14 de abril de 2021

Cristo vive en su Iglesia

De los Sermones de san León Magno, papa

    No hay duda, amadísimos hermanos, que el Hijo de Dios, habiendo tomado la naturaleza humana. se unió a ella tan íntimamente, que no sólo en aquel hombre que es el primogénito de toda creatura, sino también en todos sus santos, no hay más que un solo y único Cristo; y, del mismo modo que no puede separarse la cabeza de los miembros, así tampoco los miembros pueden separarse de la cabeza.
    Aunque no pertenece a la vida presente, sino a la eterna, el que Dios sea todo en todos, sin embargo, ya ahora, él habita de manera inseparable en su templo, que es la Iglesia, tal como prometió él mismo con estas palabras: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo.
    Por tanto, todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó con miras a la reconciliación del mundo no sólo lo conocemos por el relato de sus hechos pretéritos, sino que también lo experimentamos por la eficacia de sus obras presentes.
Él mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo; es quien fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la regeneración bautismal, una multitud Innumerable de hijos sea engendrada para Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
    Es en él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abraham por la adopción del mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las naciones, cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe.
Él mismo es quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones hay bajo el cielo, un solo rebaño de ovejas santas, cumpliendo así día tras día lo que antes había prometido: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja. y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor.
    Aunque dijo a Pedro, en su calidad de jefe: Apacienta mis ovejas, en realidad es él solo, el Señor, quien dirige a todos los pastores en su ministerio; y a los que se acercan a la piedra espiritual él los alimenta con un pasto tan abundante y jugoso, que un número incontable de ovejas, fortalecidas por la abundancia de su amor, están dispuestas a morir por el nombre de su pastor, como él, el buen Pastor, se dignó dar la propia vida por sus ovejas.
y no sólo la gloriosa fortaleza de los mártires, sino también la fe de todos los que renacen en el bautismo, por el. hecho mismo de su regeneración, participan en sus sufrimientos.
    Así es como celebramos de manera adecuada la Pascua del Señor, con ázimos de pureza y de verdad: cuando, rechazando la antigua levadura de maldad, la nueva creatura se embriaga y se alimenta del Señor en persona. .
    La participación del cuerpo y de la sangre del Señor, en efecto, nos convierte en lo mismo que tomamos y hace que llevemos siempre en nosotros, en el espíritu y en la carne, a aquel junto con el cual hemos muerto, bajado al sepulcro y resucitado.

martes, 13 de abril de 2021

Volver al principio

"El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común".
Me gusta mucho esta frase que usa el escritor para definir la vida de la primera comunidad de cristianos: tenía un solo coraón y una sola alma. La misma frase que se usa para la unión de esposos, para el amor esponsalicio: un amor de entrega de uno al otro. Un amor que se ha ido perdiendo a lo largo de la historia, tanto en algunos matrimonios, como en las comunidades cristianas. El amor mutuo parece que ya no se estila y, sin embargo, es el único signo por el cual, dijo Jesús, nos reconocerán como discípulos suyos.
"Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado".
Un amor mutuo que, muchas veces, tampoco se da entre los apóstoles del Señor, entre los que han recibido una consgración especial, ya sea como obispos, sacerdotes, religiosos, consagrados... Nos hemos olvidado del mandamiento principal, pues nos ha ganado el espíritu del mundo, haciendo que nuestros pecados e imperfeccionen se cuelen en el primer lugar de nuestras vidas, haciendo que la vida en común, que la verdadera comunidad pierda sentido y quedemos solamente para una vida sacramental, aunque sólo en apariencia.
Así cada vez queda menos gente que forme las comunidades cristianas, pues cada día hay más divisiones, más peleas, más desentendimiento, y, sobre todo, se dan por el apetito de poder, por el no saber compartir, no sólo los bienes materiales, sino, sobre todo, los bienes espirituales.
¿No será hora de volver a nuestras raíces del evangelio y de la verdadera fe? ¿No será hora de reconocer que no somos un testimonio de comunidad de creyentes en Cristo porque no vivimos como Él nos pidió? ¿No será hora de reconocer que nos hemos equivocado y que tenemos que convertir el corazón para volver al Camino que el Señor nos marcó con su vida?
«¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad re digo; hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hable de las coas celestiales? Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre".
No somos pocos los que nos creemos maestros, pero, también es cierto, que son pocos los que se dejan llevar por el Espíritu y viven de acuerdo a Él y no de acuerdo al mundo.

 

lunes, 12 de abril de 2021

Nacer de nuevo

 

"Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
No basta el nacer en la Pila Bautismal, no basta nacer de una madre, pues después de nacer viene todo lo que hace a nuestra personalidad, a nuestra vida. Puede haber un nacimiento en España pero si ese bebé es adoptado por una familia china, ese bebé aprenderá chino y vivirá como chino, aunque haya nacido en España. Así sucede con nuestra vida fe: nacemos como cristianos por el agua bautismal, pero luego crecemos dentro de una familia determinada, y de una realidad determinada. Si esa familia no vive cristianamente, los valores cristianos no serán aprendidos y, por lo tanto, la vida de fe no estará en la raíz de la personalidad, no estará como parte fundamental de esa persona y, por lo tanto, no sabrá hablar o pensar en cristiano, tendrá que aprenderlo como un segundo idioma en su vida, que puede ser o no valioso, depende lo que elija.
Cada uno de nosotros somos, una vez que hemos tomado la decisión de ser cristianos de aprender y de vivir como tal, no podremos recibir el agua bautismal por segunda vez, pero sí podemos recibiir el Espíritu Santo que nos ayude a ser fieles a nuestro Nuevo Nacimiento, y aprender a vivir segúne se mismo espíritu y no según el espíritu del mundo. Porque, en realidad, esa es nuestra verdad: nacimos por el Espíritu pero nos fuimos formando en el mundo, y, por eso, somos más fieles a las costumbres del mundo que a los impulsos del Espíritu Santo.

domingo, 11 de abril de 2021

No seas incrédulo

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Este Segundo Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, nos ayuda no sólo a descubrir la Divina Misericordia, sino también a descubrirnos Dichosos, Bienaventurados porque hemos creído sin haber visto. Sí, nosotros, tú y yo, hemos creído en lo que nos fue anunciado. Hemos creído porque nuestros padres y abuelos nos dejaron el mejor de los legados: el Don de la Fe, nos bautizaron y nos han permitido creer.

Quizás, como santo Tomás, algunas veces necesitemos ver y tocar para creer, porque los misterios de la Fe tienen esa parte de oscuridad que, muchas veces, se hace, en nuestras vidas, más intensa; pero que, también es cierto, en otras muchas veces, tenemos la certeza de creer con toda nuestra alma y corazón, pues sabemos de la existencia no sólo de Dios, sino de Su Amor por cada uno de nosotros, por mí y por ti.

Y es ese Amor que Jesús nos demostró que el Padre tiene lo que nos ayuda a tener esperanza, a creer en una vida nueva que no sólo se manifestará en el Reino Eterno, sino en una vida nueva que cada día pedimos: la vida del Reino de Dios aquí en la tierra como en el cielo. Confiamos, por ello, en la misericordia de Dios que, habiéndonos perdonado y reconciliado consigo mismo, nos de la Gracia para poder edificar, día a día, el Reino del Amor, de la Justicia, de la Verdad y de la Paz aquí en la tierra.

Una misión que cada uno tiene que llevar a cabo, pues en el bautismo hemos recibido el Espíritu Santo que nos ha transformado y nos ha confirmado para ser los Discípulos de Jesús, apóstoles de Su Mensaje de Salvación, y constructores del Reino de Dios en la tierra. Y no porque seamos los mejores, o los más perfectos, no, sino porque confiamos en que Él que nos ha llamado y elegido, nos dará los talentos necesarios para poder ser Fieles a la Vida Nueva que nos ha regalado con su Resurrección. Una Vida Nueva que nace de su costado abierto y es regado con la Sangre del Cordero que se derramó sobre todos los hombres para el perdón y la reconciliación.


sábado, 10 de abril de 2021

Obedecer a Dios o a los hombres?

"Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado".
Así como muchas veces decimos que "no hay peor sordo que el que el que no quiere oír", podemos decir que no hay peor incrédulo que el que no quiere creer.
Muchas veces, Jesús, Dios, nos envía sus instrumentos para que podamos entender, comprender, creer, o discernir cuál es Su Voluntad, pero no siempre estamos abiertos escuchar su Voz a través de nueustros hermanos, porque, no siempre, estamos dispuestos a darle a Dios esa oportunidad de que nos dirija Su Palabra por medio de otras personas. Buscamos, eso creemos, Su Voluntad o que nos diga algo o que nos de algún signo de lo que debemos hacer, pero no siempre estamos dispuestos a aceptar el modo de cómo Él lo quiere hacer o lo hace. Y, por eso, nos perdemos las oportunidades de creer, de comprender, de aceptar, y, sobre todo de cumplir con Su Proyecto.
"Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón".
Todavía pertenecemos a esa generación, o, mejor dicho, somos de esa generación de hombres (varones y mujeres) que somos duros de corazón para aceptar la Voluntad de Dios, siempre y cuando no esté de acuerdo con mi voluntad. Claro que nuestra situación es muy diferente a la de los apóstoles de aquellos tiempos, pues ahora nosotros tenemos más elementos y más conocimiento acerca de los MIsterios de la Fe, y, por eso, es más incomprensible que seamos tan duros de entendimiento y de corazón, pues hemos "aprendido" mas cosas acerca de nuestra Fe, pero así y todo, no siempre entendemos o no queremos entender el modo de proceder del Padre.
¿Podríamos decir lo que respondió Pedro?
"Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
¿Es justo que obedezcamos a Dios antes que a los hombres? ¿Es justo que obedezcamos a Dios antes que a mí mismo? Seguramente nuestra respuesta será que no es justo obedecer a nadie antes que a Dios, pero ¿en el día a día lo realizamos? ¿lo creemos? ¿lo vivimos? Porque obedecer a Dios antes que a mí o a los demás hombres, significará que estoy, realmente, siendo Fiel a la misión que Dios me ha encomendado, y que, a pesar de que a muchos no les agrade lo que vaya a hacer o dejar de hacer por ser obedientes, tendré que ser Fiel a Su Voluntad, pues de lo contrario estaré siendo infiel a la Voluntad de Dios, para quedar bien con los hombres.

 

viernes, 9 de abril de 2021

La unción del Espíritu Santo

 De las Catequesis de Jerusalén


    Bautizados en Cristo y habiéndoos revestido de Cristo, habéis adquirido una condición semejante a la del Hijo de Dios. Pues Dios, que nos predestinó a la adopción de hijos suyos, nos hizo conformes al cuerpo glorioso de Cristo. Por esto, hechos partícipes de Cristo (que significa Ungido), no sin razón sois llamados ungidos; y es refiriéndose a vosotros que dijo el Señor: No toquéis a mis ungidos.
    Fuisteis hechos cristos (o ungidos) cuando recibisteis el signo del Espíritu Santo; todo se realizó en vosotros en imagen, ya que sois imagen de Cristo. Él, en efecto, al ser bautizado en el río Jordán, salió del agua, después de haberle comunicado a ella el efluvio fragante de su divinidad, y entonces bajó sobre él el Espíritu Santo en persona, y se posó sobre él como sobre su semejante.
    De manera similar vosotros, después que subisteis de la piscina bautismal, recibisteis el crisma, símbolo del Espíritu Santo con que fue ungido Cristo. Respecto a lo cual, Isaías, en una profecía relativa a sí mismo, pero en cuanto que representaba al Señor, dice: El Espíritu del Señor está sobre mi, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres.
    Cristo no fue ungido por los hombres con aceite o ungüento material, sino que el Padre, al señalarlo como salvador de todo el mundo, lo ungió con el Espíritu Santo. Como dice Pedro: Dios ungió a Jesús de Nazaret con poder del Espíritu Santo; y en los salmos de David hallamos estas palabras: Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real; has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
    El Señor fue ungido con un aceite de júbilo espiritual, esto es, con el Espíritu Santo, el cual es llamado aceite de júbilo porque es el autor del júbilo espiritual; pero vosotros, al ser ungidos materialmente, habéis sido hechos partícipes de la naturaleza de Cristo.
    Por lo demás. no pienses que es éste un ungüento común y corriente. Pues, del mismo modo que el pan eucarístico, después de la invocación del Espíritu Santo, no es pan corriente, sino el cuerpo de Cristo, así también este santo ungüento, después de la invocación, ya no es un ungüento simple o común, sino el don de Cristo y del Espíritu Santo, ya que realiza, por la presencia de la divinidad, aquello que significa. Tu frente y los sentidos de tu cuerpo son ungidos simbólicamente y, por esta unción visible de tu cuerpo, el alma es santificada por el Espíritu Santo, dador de vida.

jueves, 8 de abril de 2021

El Bautismo es signo de la Pasión

De las Catequesis de Jerusalén

    Fuisteis conducidos a la sagrada piscina bautismal, del mismo modo que Cristo fue llevado desde la cruz al sepulcro preparado.
    Y se os preguntó a cada uno personalmente si creíais en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y, después de haber hecho esta saludable profesión de fe, fuisteis sumergidos por tres veces en el agua, y otras tantas sacados de ella; y con ello significasteis de un modo simbólico los tres días que estuvo Cristo en el sepulcro.
    Porque, así como nuestro Salvador estuvo tres días con sus noches en el vientre de la tierra, así vosotros imitasteis con la primera emersión el primer día que estuvo Cristo en el sepulcro, y con la inmersión imitasteis la primera noche. Pues, del mismo modo que de noche no vemos nada y, en cambio, de día nos hallamos en plena luz, así también cuando estabais sumergidos nada veíais, como si fuera de noche, pero al salir del agua fue como si salierais a la luz del día. Y, así, en un mismo momento moristeis y nacisteis, y aquella agua salvadora fue para vosotros, a la vez, sepulcro y madre.
    Y lo que Salomón decía, en otro orden de cosas, a vosotros os cuadra admirablemente; decía, en efecto: Tiene su tiempo el nacer y su tiempo el morir. Mas con vosotros sucedió al revés: tiempo de morir y tiempo de nacer; un mismo instante realizó en vosotros ambas cosas: la muerte y el nacimiento.
    ¡Oh nuevo e inaudito género de cosas! No hemos muerto ni hemos sido sepultados físicamente ni hemos resucitado después de ser crucificados en el sentido material de estas palabras, sino que hemos llevado a cabo unas acciones que eran imagen e imitación de estas cosas, obteniendo con ello una salvación real y verdadera.
    Cristo verdaderamente fue crucificado, fue sepultado y resucitó; y todo esto se nos ha dado a nosotros como un don gratuito, para que, siendo por la imitación partícipes de sus dolores, adquiramos, de un modo real, nuestra salvación.
    ¡Oh exuberante amor para con los hombres! Cristo recibió los clavos en sus inmaculados pies y manos, y experimentó el dolor; y a mí, sin dolor ni esfuerzo alguno, se me da gratuitamente la salvación por la comunicación de sus dolores.
    Nadie piense, 'pues, que el bautismo consiste únicamente en el perdón de los pecados y en la gracia de la adopción -como era el caso del bautismo de Juan, que confería tan sólo el perdón de los pecados-, sino que, como bien sabemos, el bautismo de Cristo no sólo nos purifica de nuestros pecados y nos otorga el don del Espíritu Santo, sino que también es tipo y signo sensible de su pasión, En este sentido exclamaba el apóstol Pablo: Cuantos en el bautismo fuimos sumergidos en Cristo Jesús fuimos sumergidos en su muerte. Por nuestro bautismo fuimos, pues, sepultados con él, para participar de su muerte.

miércoles, 7 de abril de 2021

Cristo, Resurrección y Vida

De una Homilía pascual de un autor antiguo

    El apóstol Pablo, recordando la dicha de la salvación restaurada, exclama: Del mismo modo que por Adán la muerte entró en el mundo, así también por Cristo ha sido restablecida la salvación en el mundo; y también: El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo es del cielo.
    Y aun añade: Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, esto es, del hombre viejo, pecador, seremos también imagen del hombre celestial, esto es, del reconocido por Dios, del redimido, del restaurado. Esforcémonos, por tanto, en conservar la salvación que nos viene de Cristo, ya que el mismo Apóstol dice: Primero, Cristo, esto es, el autor de la resurrección y la vida; después, los de Cristo, esto es, los que, imitando el ejemplo de su vida íntegra, tendrán una esperanza cierta, basada en la resurrección del Señor, de la futura posesión de la misma gloria celestial que él posee, como dice el mismo Señor en el Evangelio: El que me sigue no perecerá, sino que pasará de la muerte a la vida.
    Así, pues, la pasión del Salvador es la salvación de la vida humana. Para esto quiso morir por nosotros, para que nosotros, creyendo en él, viviéramos para siempre. Quiso hacerse como nosotros en el tiempo, para que nosotros, alcanzando la eternidad que él nos promete, viviéramos con él para siempre.
    Éste, digo, es aquel don gratuito de los misterios celestiales, esto es lo que nos da la Pascua, esto significa la ansiada solemnidad anual, éste es el principio de la nueva creación.
    Por esto los neófitos que la santa Iglesia ha dado a luz mediante el baño de vida hacen resonar los balidos de una conciencia inocente con sencillez de recién nacidos. Por esto unos castos padres y unas madres honestas alcanzan por la fe una nueva e innumerable progenie.
    Por esto, bajo el árbol de la fe, brilla el resplandor tilo los cirios en la fuente bautismal inmaculada. Por esto los que han nacido a esta nueva vida son santificados con el don celestial y alimentados con el solemne misterio del sacramento espiritual.
    Por esto la comunidad de los fieles, alimentada en el regazo maternal de la Iglesia, formando un solo pueblo, adora al Dios único en tres personas, cantando el salmo de la festividad por excelencia: Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo.
    ¿De qué día se trata? De aquel que nos da el principio de vida, que es el origen y el autor de la luz, esto es, el mismo Señor Jesucristo, quien afirma de sí mismo: Yo soy el día; quien camina de día no tropieza, esto es, quien sigue a Cristo en todo llegará, siguiendo sus huellas, hasta el trono de la luz eterna; según aquello que él mismo pidió al Padre por nosotros, cuando vivía aún en su cuerpo mortal: Padre, quiero que todos los que han creído en mí estén conmigo allí donde yo esté; para que, así como tú estás en mí y yo en ti, estén ellos en nosotros.

martes, 6 de abril de 2021

El Mesías tenía que padecer

De las Disertaciones de san Anastasio de Antioquía, obispo

    Después que Cristo se había mostrado, a través de sus palabras y sus obras, como Dios verdadero y Señor del universo, decía a sus discípulos, a punto ya de subir a Jerusalén: Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten, hagan burla de él y lo crucifiquen. Esto que decía estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano la muerte que había de padecer en Jerusalén. Las sagradas Escrituras habían profetizado desde el principio la muerte de Cristo y lodo lo que sufriría antes de su muerte; como también lo que había de suceder con su cuerpo, después de muerto; con ello predecían que este Dios, al que tales cosas acontecieron, era impasible e inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al contemplar la realidad de su encarnación, no descubriésemos en ella el motivo justo y verdadero para profesar nuestra fe en ambos extremos, a saber, en su pasión y en su impasibilidad; tomó también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo como podía ser salvado el hombre. Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y aquellos a quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de la misma manera que el Espíritu penetra la profundidad de los misterios divinos.
    El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria. Porque él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por medio de la pasión, y que había de ser atribuida al que nos guiaba a la salvación, como nos enseña la carta a los Hebreos, cuando dice que él es el que nos guía a la salvación, perfeccionado por medio del sufrimiento.
    Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido; dice, en efecto, san Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el Salvador que brotaría como un torrente del seno del que crea en él: Esto lo dijo del Espíritu Santo, que habían de recibir los que a él se unieran por la fe, pues aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado; aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz. Por esto el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de su pasión, le pide que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el mundo existiese.