domingo, 28 de febrero de 2021

Quedémonos aquí...

“Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Cuando se ha vivido, realmente, una experiencia religiosa, ya sea en oración personal, comunitaria o en la Misa, está ese mismo sentimiento de Pedro: ¡qué bien estamos aquí! Pero cuando no ha ocurrido eso, siempre estoy pensando en otra cosa o mirando el reloj para ver cuánto tiempo falta para irme de ese lugar.

En realidad, no sólo nos pasa con las personas divina, sino también con las humanas. Cuando hay una buena relación de amistad, cuando el amor ha crecido y madurado, uno no quiere alejarse de esa persona, ya sea amigo, familia, pareja.

Por eso lo que a primera vista puede llegar a ser un flechazo, hay que saber madurarlo, pues después de ese flechazo, bajamos a la realidad y esa realidad puede no se igual a la que imaginamos.

Así les pasó a los apóstoles. Jesús no hizo tres tiendas para que se quedasen ahí para siempre, sino que bajó del Monte y se puso a caminar, decididamente, hacia Jerusalén. Y no iba a dar un paseo por la capital, sino que iba a entregar su vida en manos de los ancianos, sumos sacerdotes; iba, en definitiva, a cumplir con la voluntad del Padre, aunque su alma estuviera en una agonía de muerte.

El Padre nos invita a escuchar a Jesús, a abrir nuestro corazón a Su Palabra, pues su Palabra es Vida, y una Vida que nos va a fortalecer y encender para que, en la realidad complicada de cada día, podamos ser Fieles, como Él a la Voluntad del Padre. Y así al comenzar el día y al finalizarlo, volveremos al Monte de la Oración para recibir Su Gracia y Fortaleza, para aceptar Su Voluntad y, para entregar con humildad todo lo vivido, y reconocer lo que no hemos podido hacer o hemos hecho mal.

Y una cosa cierta que debemos tener siempre en cuenta: debemos dejarnos conducir por Jesús, tanto al Monte de la transfiguración como al Monte de los Olivos y al Monte de la Crucifixión, pues sólo de Su Mano podremos llegar al final del Camino.


sábado, 27 de febrero de 2021

No parecer sino ser

La magnanimidad es un valor propiamente humano, es la búsqueda no sólo de lo grande sino de lo más grande, para nuestra vida, es la fuerza interior para superarnos y llegar a ser lo que debemos ser, aunque muchas veces, por el pecado original se desvía y termina siendo un apetito de poder y un mero deseo de tener, creyendo que el tener nos da poder.
Jesús utiliza este valor humano para hacer descubrir un nuevo camino, y nos muestra un horizonte para que ese valor lo podamos llevar a la verdadera plenitud de nuestro ser.
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
Jesús no pretende que seamos simples cumplidores de la Ley, por eso nos ha dicho: "si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos". Él no entregó su vida para que nuestra vida sea sólo una máscara de cristianismo, sino que quiere que vivamos como Él vivió, y que amemos como Él amó.
Por eso, la perfección a la que Él nos invita no es la perfección del nunca pecar o nunca tener un traspié, sino la perfección del amor, pues sólo en el Amor podemos encontrar la perfección de nuestro ser. No hay otro camino que el Camino de la Vida en el Amor, pues del Amor hemos nacido y hacia el Amor vamos caminando, pues el Reino de los Cielos es el Reino del Amor, porque Dios es Amor.
Así que la invitación de Jesús no es sólo a cumplir con los requesitos mínimos, sino a ir más allá, como diría la Madre Teresa: hasta que duela. Y es cierto que dolerá llegar al extremo que nos pide Jesús: no hagamos lo que puede hacer cualquier persona que no tenga fe y no crea en Cristo Jesús, sino que nuestra vida es Vida en Cristo, nuestra vida es la Vida de Cristo, por eso nuestro vivir, nuestro actuar, nuestro hablar tiene que ser como el de Cristo, por eso nos llamamos cristianos. Ahora sólo nos queda ser cristianos.

 

viernes, 26 de febrero de 2021

El amor fraterno

Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad

    La perfección de la caridad consiste en el amor a los enemigos. A ello nada nos anima tanto como la consideración de aquella admirable paciencia con que el más bello de los hombres ofreció su rostro, lleno de hermosura, a los salivazos de los malvados; sus ojos, cuya mirada gobierna el universo, al velo con que se los taparon los inicuos; su espalda a los azotes; su cabeza, venerada por los principados y potestades, a la crueldad de las espinas; toda su persona a los oprobios e injurias; aquella admirable paciencia, finalmente, con que soportó la cruz, los clavos, la lanzada, la hiel y el vinagre, todo ello con dulzura, con mansedumbre, con serenidad. En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
    ¿Quién, al oír aquellas palabras, llenas de dulzura, de amor, de inmutable serenidad: Padre, perdónalos, no se decide al momento a amar de corazón a sus enemigos? Padre -dice-, perdónalos. ¿Puede haber una oración que exprese mayor mansedumbre y amor?
    Hizo más aún: le pareció poco orar; quiso también excusar. «Padre -dijo-, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Su pecado ciertamente es muy grande, pero su conocimiento de causa muy pequeño; por eso, Padre, perdónalos. Me crucifican, es verdad, pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Ellos me creen un transgresor de la ley, un usurpador de la divinidad, un seductor del pueblo. Les he ocultado mi faz, no han conocido mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
    Por tanto, que el amor del hombre a sí mismo no se deje corromper por las apetencias de la carne. Para no sucumbir a ellas, que tienda con todo su afecto a la mansedumbre de la carne del Señor. Más aún, para que repose de un modo más perfecto y suave en el gozo del amor fraterno, que estreche también a sus enemigos con los brazos de un amor verdadero.
    Y, para que este fuego divino no se enfríe por el impacto de las injurias, que mire siempre, con los ojos de su espíritu, la serena paciencia de su amado Señor y Salvador.

 

jueves, 25 de febrero de 2021

Está en mis hermanos

"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Una simple frase que marca un estilo de vida, pero que no siempre la tenemos en cuenta. Y lo mismo sucede con otra similiar, pero en negativo: "no hagáis a lo demás lo que no os gustaría que hagan con vosotros".
¿Por qué no las tenemos más en cuenta en nuestro diario vivir y actuar? Por que lo que más tenemos en la memoria es el: "ojo por ojo y diente por diente", la ley de la venganza y no la de la caridad, que es definitiva la que nos ha dejado Jesús como Testamento de Vida: "amaos unos a otros como yo os he amado". Y prueba de ello nos lo dio en su vida, pasión y muerte.
Y, claro, también nos lo muestra cada vez que vamos al sacramento de la Reconciliación pues siempre encontraremos el Perdón del Señor, si es que estamos sinceramente arrepentidos.
También es cierto que en muchos casos no usamos la venganza o el rencor, pero tampoco el amor, porque usamos otra famosa frase (que no es para nada evangélica), y decimos: "para mí fulanito o fulanita están muertos, me son indiferentes". Y paso de sus vidas... Y así vamos dejando rastros de gente "muerta" en nuestro camino, pero que, en realidad, siguen viviendo en nuestro corazón, pues a todos nos duele cuando no podemos estar con alguien con quien, sinceramente, hemos compartido la vida y estuvimos unidos profundamente.
Hay rastros en el corazón que no son fácilmente borrable, tanto el dolor como el amor. Y eso nos trae a cuenta cómo debemos entender las frases de Jesús: no es que nos quiere hacer difícil el vivir, el perdonar y el amar, sino que quiere que nuestra vida alcance la alegría del perdón, del seguir amando, del no guardar rencores que siempre nos quitarán la paz, sino que quiere que conservemos la paz del alma, porque sólo un alma en paz puede alcanzar la plenitud de la Gracia y la alegría del sabernos Amados, no solamente por Dios sino por nuestros hermanos.
Es cierto, también, que no podremos amar a todos, pero sí tener una relación afable con todos y buscar, en cada uno, lo que Dios le ha regalado y amar la obra de Dios en los hermanos. Siempre teniendo en cuenta aquello que nos dijo el Señor: "todo lo que hagáis con uno de esto mis hermanos, conmigo lo hacéis". Y ahí está el mayor trabajo de nuestra fe: mirar a nuestros hermanos, sobre todo a los que son más difíciles de comprender o amar, como si miráramos a Jesús, pues Él está en su corazón. Y así todo lo que hacemos con los demás lo estamos haciendo con Jesús, y buscaremos de ese modo hacer siempre lo mejor para demostrarle nuestra gratitud y amor.

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

A quien sigo? A quién escucho?

"La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
Tenía intención de volver a poner todo el evangelio, pero creo que con estos párrafos alcanzará. Quería ponerlo todo porque creo que es válido todo el evangelio para los tiempos que vivimos. Bueno, siempre es válido todo el Evangelio, pero quería decirlo en función de lo que hoy nos dice Jesús, y de lo que me llevó a mí a pensar.
"Aquí hay alguien que es más que Salomón", "aquí hay alguien que es más que Jonás", lo dice en función de que hubo gente que se desplazó miles de kilómetros para esuchar a Salómón, pero ahí no querían escuchcar a Jesús; hubo gente que se convirtió de su mala conducta por la predicación de Jonás, y Jesús es más que Jonás pero no le creyeron.
Y, creo, que a nosotros, los cristianos de estos tiempos nos puede estar pasando lo mismo. Hay muchos cristianos que no creen en la Palabra de Dios, y buscan otras palabras humanas para sentirse bien, para dar sentido a sus vidas, para encontrar la paz, la suerte, la salud. Y, lamentablemente, los entiendo.
¿Los entiendo? Sí, que los entiendo. Porque las generaciones de estos tiempos de cristianos somos como los fariseos de aquellos tiempos de Jesús. Sí, porque las exigencias que nos pide vivir Jesús para encontrar la Paz, para alcanzar la Vida, no son las exigencias que nos dan otros profetas humanos.
Los "nuevos profetas" de estos tiempos no nos hablan de la negación a nosotros mismos, no nos hablan de cargar con la cruz de cada día, no nos hablan de la pobreza espiritual, ni de la obediencia a la Voluntad de Dios. Y, entonces ¿a quien voy a escuchar? ¿a quien me ofrece todo sin pedirme nada a cambio o aquél que para darme la Vida me exige que le siga?
Pero, igualmente tenemos que guardar las formas cristianas, y, en realidad no soy cristiano, porque no creo en la Palabra de Cristo, ya que Él nos dijo: "que tu sí sea sí, y que tu no sea no", si digo que soy cristiano intentaré vivir como Cristo, sino no tiene sentido decirlo ni pensarlo. Si digo que soy cristiano no puedo mezclar las ideologías ni del mundo, ni de otras religiones o de pseudo religiones con las exigencias del evangelio. "No se puede servir a dos señores", y si los sirvo siempre me quedaré sólo con lo mejor y más fácil de cada uno, pero al final ¿qué es lo que ganaré?
Por esto tendré que entrar en la soledad de mi corazón y frente al Señor decidir qué vida quiero vivir: la de Cristo o la del mundo? y comenzar a purificar mi estilo de vida de acuerdo al evangelio, o dejar el evangelio de lado y seguir otro rumbo.

 

martes, 23 de febrero de 2021

No uséis muchas palabras

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis".
"No uséis muchas palabras", dice el Señor, para cuando rezamos. Pero ¿rezamos? Sí, en serio ¿rezamos? o ¿cotorreamos? (¿qué significa cotorrear? En argentina existen los loros y las cotorras, que son lo mismo, aprenden a hablar y se la pasan hablando todo el día, pero, no saben lo que dicen, sólo repiten lo que han escuchado)
Por eso, cuando el Señor nos enseña a rezar, las primeras palabras son: Padre nuestro. Porque vamos a hablar con un alguien que tiene, como nosotros, la capacidad de escuchar y de hablar, es decir, vamos a comenzar un diálogo con una Persona, no vamos a hacer un monólogo, es decir, no vamos a hablar sólo nosotros para que el otro me oiga y nada más.
En la oración personal, tiene que haber un diálogo con el Padre o con el Hijo o con el Espíritu Santo o con María, para que en ese diálogo no sólo ellos se puedan enterar de lo que quiero, pues como dice Jesús: vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis, sino que voy a buscar la ayuda de la Gracia para poder interpretar o entender o asumir la Voluntad de Dios en mi vida. Por eso es necesario que no cotorree solamente, sino que haga silencios para escuchar a Dios, quien a través del Hijo o del Espíritu o de la Madre, nos va a hablar.
¿Entonces las oraciones de memoria no sirven? Sí, sirven, pero no puedo madurar en mi vida espiritual solamente haciendo oración de memoria, sin darle tiempos de silencio al Padre para escuchar Su Voluntad. O sí puedo si es que sólo quiero aparentar que rezo pero que no quiero hacer la Voluntad de Dios en mi vida.
Es que todavía queda un resto, de hacer las cosas para cumplir, en la vida de los cristianos que hay que desterrarlo y dejar paso a una espiritualidad mucho más profunda: necesito de la oración para hablar con mi Padre, para entender Su Palabra, para saber cuál es Su Voluntad; necesito la Eucaristía por que es el Alimento que nutre mi alma y fortalece mi espíritu para que pueda ser verdaderamente Fiel a la Voluntad de Dios, y recorrer el camino de la santidad. No es sólo una obligación, no sólo debo hacerlo para cumplir con un trámite, pues así vamos vaciando de sentido las cosas más necesarias de nuestra vida espiritual.

 

lunes, 22 de febrero de 2021

Actualicemos la Bondad del Señor

De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo

 

Reconoce de dónde te viene que existas, que tengas vida, inteligencia y sabiduría, y, lo que está por encima de todo, que conozcas a Dios, tengas la esperanza del reino de los cielos y aguardes la contemplación de la gloria (ahora, ciertamente, de forma enigmática y como en un espejo, pero después de manera más plena y pura); reconoce de dónde te viene que seas hijo de Dios, coheredero de Cristo, y, dicho con toda audacia, que seas, incluso, convertido en Dios. ¿De dónde y por obra de quién te vienen todas estas cosas?

Limitándonos a hablar de las realidades pequeñas que se hallan al alcance de nuestros ojos, ¿de quién procede el don y el beneficio de que puedas contemplar la belleza del cielo, el curso del sol, la órbita de la luna, la muchedumbre de los astros y la armonía y el orden que resuenan en todas estas cosas, como en una lira? ¿Quién te ha dado las lluvias, la agricultura, los alimentos, las artes, las casas, las leyes, la sociedad, una vida grata y a nivel humano, así como la amistad y familiaridad con aquellos con quienes te une un verdadero parentesco?

¿A qué se debe que puedas disponer de los animales, en parte como animales domésticos y en parte como alimento? ¿Quién te ha constituido dueño y señor de todas las cosas que hay en la tierra? ¿Quién ha otorgado al hombre, para no hablar de cada cosa una por una, todo aquello que le hace estar por encima de los demás seres vivientes?

¿Acaso no ha sido Dios, el mismo que ahora solicita tu benignidad, por encima de todas las cosas y en lugar de todas ellas? ¿No habríamos de avergonzarnos, nosotros, que tantos y tan grandes beneficios hemos recibido o esperamos de él, si ni siquiera le pagáramos con esto, con nuestra benignidad? Y si él, que es Dios y Señor, no tiene a menos llamarse nuestro Padre, ¿vamos nosotros a renegar de nuestros hermanos?

No consintamos, hermanos y amigos míos, en administrar de mala manera lo que, por don divino, se nos ha concedido, para que no tengamos que escuchar aquellas palabras: Avergonzaos, vosotros, que retenéis lo ajeno, proponeos la imitación de la equidad de Dios, y nadie será pobre.

No nos dediquemos a acumular y guardar dinero, mientras otros tienen que luchar en medio de la pobreza, para no merecer el ataque acerbo y amenazador de las palabras del profeta Amós: Escuchad, los que decís: «¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano?»

Imitemos aquella suprema y primordial ley de Dios, que hace llover sobre los justos y los pecadores, y hace salir igualmente el sol para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a disposición de todos sus habitantes; el aire se lo entrega a las aves, y el agua a los que viven en ella, y a todos da, con abundancia, los subsidios para su existencia, sin que haya autoridad de nadie que los detenga, ni ley que los circunscriba, ni fronteras que los separen; se lo entregó todo en común, con amplitud y abundancia, y sin deficiencia alguna. Así enaltece la uniforme dignidad de la naturaleza con la igualdad de sus dones, y pone de manifiesto las riquezas de su benignidad.


domingo, 21 de febrero de 2021

Las tentaciones de nuestro desierto

“En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían”.

El desierto y las tentaciones de Jesús son en el primer Domingo de Cuaresma, un tema que siempre está en todos los ciclos litúrgicos para ayudarnos a profundizar en el Misterio que vamos a celebrar. Un Misterio que siempre tendremos que seguir profundizando para que le de sentido a todo lo que vivimos, a lo que Dios permite que vivamos y a lo que Dios quiere que vivamos.

En este caso Dios, por medio del Espíritu, ha llevado a Jesús al desierto, una imagen que nos hace pensar en el no tener nada que me asegure nada, pues en el desierto no hay agua, no hay comida, y, tampoco en esos días, había señal de móvil. Es decir, Jesús estaba en una completa soledad, Él y Su Padre del Cielo.

Y es en esa completa soledad donde Dios permite que Satanás lo tiente a Jesús con diferentes modos de vivir. Y son esas tentaciones las que fortalecen su decisión, como Él mismo dice: de ser Fiel a la Voluntad de su Padre: “no he venido a hacer otra cosa que lo que he visto hacer a Mi Padre” o “mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre”.

Y así sucede en nuestras vidas. Hay momentos donde las tentaciones surgen en un plis plas, y no, muchas veces no sabemos cómo actuar o qué hacer. Y, por lo general, son las tentaciones las que ganas las partidas. ¿Por qué? Porque nuestro espíritu no está fortalecido y enraizado en la Palabra de Dios. Lo que no quiere decir que no queramos estar con Dios, sino que todavía nuestro pensar y existir no está radicalmente convencido de seguir la Voluntad de Dios.

Cuando a las tentaciones no respondemos rápidamente con la Voluntad de Dios, es porque quiero dejar convencer por esa tentación o por esa situación, porque después tendré tiempo para arrepentirme. Lo cual no es bueno, porque no siempre tendré el tiempo suficiente, ni la Gracia para poder arrepentirme y volver al Camino de la Fidelidad a Dios.


sábado, 20 de febrero de 2021

Nuestros juicios y condenas

«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?».
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
¿Quiénes son, generalmente, los que critican a Jesús? Aquellos que se creen demasiados santos y cumplidores de la Ley, y, buscan, en cada momento, algún detalle para condenarlo por blasfemo.
Y, así también, nos pasa a nosotros algunas veces (o muchas) nos creemos los mejores o más buenos, o creemos que sabemos qué es lo que hay que hacer, o, mejor aún, creemos que lo que el otro está haciendo no es lo que debería hacer, o, simplemente lo criticamos porque no sabemos qué o por qué hace lo que hace.
Y vuelvo, como siempre, a lo mismo: nuestro prejuicios y juicios. Los fariseos no sabían cuál era la intención de Jesús, ellos sólo se basaban en que no podían estar junto a cierta clase de gente, porque ellos eran el Pueblo Elegido y no podían mezclarse con los que no era parte de ellos. Entonces ¿cómo llegaba la Palabra de Dios a los demás?
Jesús buscaba siempre a aquellos que, realmente, necestaban oir la Palabra de Dios, aceptaba la cercanía de los que verdaderamente tenían el corazón preparado para aceptar Su Mensaje. Los otros no tenían el corazón abierto a la Palabra de Jesús, no lo comprendían, ni tampoco querían comprenderlo, porque para ellos ya estaba condenado de ante mano, no porque obraba mal, sino porque para ellos era una piedra en el zapato.
Y, por eso, por haber teniado ya un prejuicio elaborado sobre Jesús, no pudieron aceptar Su Palabra y por eso no pudieron convertirse, sino que, cada día, se fueron alejando más y más de la Palabra de Dios, aunque creyeran que eran los únicos que estaban cerca.
Así es el falso orgullo, el orgullo mal usado o la vanidad y la soberbia, nos van alejando de Dios, poco a poco, aunque creamos que lo llevamos en el corazón y que escuchamos su Palabra y todo eso, pero no, nos alejamos de Él porque no nos acercamos al que lo necesita verdaderamente, porque ya hemos condenado al que creemos pecador y por eso no le anunciamos el Amor MIsericordioso y Providente de Dios, no nos acercamos a ellos para darles la Buena Noticia de la Salvación, sino que los dejamos solos con sus pecados y nuestras condenas.

 

viernes, 19 de febrero de 2021

Para qué ayunar?

Dios le decía al Pueblo por medio de Isaías:
"Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad.
Como si fuera un pueblo que practicara la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios.
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si tú no te enteras?".
Vuelvo a preguntarme ¿para que ayunamos o rezamos o vamos a misa o meditamos la Palabra? ¿Para buscar la Voluntad de Dios o solamente para estar en paz con nosotros mismos? Y, si descubrimos la Voluntad de Dios ¿hacemos caso, nos enteramos que tenemos que ser Fieles a Su Voluntad o echamos en saco roto lo que hemos visto o discernido?
Porque todo lo que el Señor a querido dejarnos como instrumentos para recibir Su Gracia, es para que, al descubrir Su Voluntad, o al conocer Su Camino, podamos vivir como cristianos, para que podamos alcanzar la santidad a la que Él nos invita y nos llama.
La limosna no ayuda a estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos, no sólo de las necesidades materiales, sino también de las espirituales, y por eso, no sólo a dar de lo que nos sobra sino también de lo que no nos sobra: para los que no tienen qué comer o qué vestir, y para los que necesitan de mi alegría, de mi esperanza, de mi fortaleza, de mi fe, brindarles mi tiempo para estar junto a ellos.
El ayuno o la abstinencia nos ayudan, como decía san Pablo, a esclavizar mi carne, mis instintos, mis deseos materiales, para ponerme al servicio de la Voluntad de Dios. Para que mi espíritu se fortalezca debo llevar mi "carne" a la esclavitud de la Voluntad de Dios.
Y la oración, es el momento donde comparto mi vida con el Señor y Él me da su Gracia para poder fortalecer mi espíritu y llevar a cabo todoo su Proyecto de Salvación para mi vida, y por mí para mis hermanos, pues Él nos ha llamado para ser sus instrumentos, sus discípulos, sus apóstoles y así poder anunciar su Evangelio con nuestras vidas.


 

jueves, 18 de febrero de 2021

Una gran elección

"Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla".
"Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará".
En el Antiguo Testamento, al Pueblo de Israel, o en el Nuevo Testamento, a cada uno de nosotros, tanto el Padre como elHijo nos presentan dos cmainos a seguir, y nos dan la libertad de elegir. Sí, nos dan la libertad de elegir entre el camino del bien y del mal, de la vida y de la muerte. ¿Cuál has elegido?
Pero, claro, para elegir un camino y otro hacen falta dos condiciones (creo, por lo menos):
1. Discernir qué significa cada camino, porque, cuando alguien nos da para elegir algo, tengo que tener la precaución de saber qué voy a elegir, si esto o aquello, y para ello tengo que discernir, saber qué contiene cada cosa o a dónde me lleva ese camino.
2. la capacidad o fortaleza para que cuando elija pueda continuar o asumir las consecuencias de lo que he elegido. En este caso ser coherente con la elección que hice.
Sí, la libertad es un Don muy complicado para el hombre en pecado, porque no siempre sabe cómo usarlo, y, ni tampoco se nos ha enseñado a usar de nuestra libertad. Más en los tiempos que vivimos donde los que sostienen en alto la bandera de la libertad, la quieren sólo para ellos, pues los demás que piensan diferente no tienen libertad.
Y volvió a confirmar el Señor a Moisés:
"Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a el, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob".
No estamos obligados a ser a Dios, no estamos obligados a ser cristianos, pero si lo hemos elgido para nuestra vida, entonces sí estamos obligados a seguir Su Voluntad, por que la felicidad que tanto buscamos y anhelamos no viene por arte de magia, con sólo decir "soy cristiano", sino que es una tarea que todos los días tenemos que emprender, y, por ello, debemos pedir la Gracia para poder continuar siendo Fiel al Camino que hemos elegido recorrer.
"Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche".

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Tiempo de cuaresma, tiempo de conversión

"Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En tiempo favorable te escuché, en el día de salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de salvación".
Tiempo de Cuaresma, tiempo de relfexión, introspección, oración y conversión. Muchas palabras para que, al final de la cuaresma, no nos hayamos dado cuenta de lo que hemos hecho. Más en este tiempo donde los medios nos dicen que no habrá Semana Santa. ¿Cómo? Sí, el mundo sólo conoce Semana Santa por lo que ve fuera de las Iglesias: las procesiones. Pero lo más importante y esencial de la Semana Santa sucede dentro del Templo, que es lo que casi ni se ve. Y así sucede con nosotros si vivimos sinceramente este Tiempo de Cuaresma: lo importante es lo que vivamos dentro de nosotros.
Cada tiempo que nos presenta la liturgia de la Iglesia, es un tiempo importante, y cada tiempo tiene sus características que nos llevan a vivir de un modo diferente la vida espiritual. Por eso, el tiempo de cuaresma es especial, pues nos lleva a lo profundo de nuestro corazón, pues vamos a recordar el núcleo de nuestra Fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Salvador. Y nosotros, como dice san Pablo, somos sus "cooperadores" y por eso tenemos que estar, como ellos, a su lado para vivir con Él el Camino de la Vida.
"Anora es el tiempo favorable" ¿para qué? Para una renovación interior, para descubrir, junto a Jesús, qué cosas no son propias de su Vida y que he ido incorporando a la mía, y, por eso, mi vida no es totalmente cristiana, pues hay ideas, conceptos, pensamientos que no son propios del evangelio, que no son propiamente cristianos. Y son esos los que tengo que quitar de mi mente y corazón, para poder estar totalmente disponible, como María, para hacer la Voluntad de Dios.
Y, en este tiempo, como dice el Profeta Joel:
"Ahora -oráculo del Señor- convertíos a mí de todo corazón con ayuno, llantos, y lamentos; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera, y rico en amor, que se arrepiente del castigo".
A veces, como los fariseos, hacemos cosas para que nos vean, pero nuestro interior sigue estando lejos del evangelio, por eso, ahora es el tiempo de volver a mirarnos y descubrir que aún quedan cosas para quitar y convertirnos al Señor, a nuestro Dios y descubrir que lo esencial no es lo que se ve, sino lo que se vive y se queda en el corazón y en el alma.

 

martes, 16 de febrero de 2021

La levadura de los fariseos o de Herodes

"En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes".
¿Se había dado cuenta Jesús que no habían traído el pan y por eso les decía eso de la levadura? NO, seguramente no era por eso que les hablaba de la levadura de los fariseos y de Herodes. Había hablado mucho acerca de los fariseos y de Herodes sabían cómo actuaba, pero sí les había hablado de ser levadura en la masa, y por eso ahora era el tiempo de decirles que sean levadura buena, de la que hace grandes las cosas y no de la mala levadura que perjudica la masa.
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis en corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?».
Pero cuando estamos preocupados por lo que no hemos hecho, o por cualquier otra cosa, no nos damos cuenta real de lo que Dios nos está diciendo. Creemos que siempre nos va a criticar por lo que no hemos hecho, o por lo que hemos hecho mal, porque, generalmente, así somos nosotros que lo que vemos y de lo que hablamos es de lo que los demás hacen mal o no hacen. Pero Dios no es así.
El Señor nos quiere hacer tomar consciencia de lo que sucede o de cómo se vive en el mundo: por un lado la falsedad farisaica de querer demostrar algo que no somos, y de vivir, dejando de lado la Ley y el Evangelio; y por otro lado, el apetito de poder de Herodes de llegar a matar a inocentes por miedo a que le quiten el trono.
El peccado original nos ha dejado tan dañados que, muchas veces, no sabemos discernir como corresponde y nos dejamos llevar por los instintos más humanos o animales y es cuando perdemos de vista lo que el Señor nos quiere decir. Por eso no permitamos que el mundo nos "embote el corazón", sino que podamos acercarnos al Señor y que sea Él quien nos libere de las preocupaciones mundanas y de los vicios del mundo, para que nos llene con su Gracia y nos permita ver con claridad cuál es Su Voluntad y el sentido que quiere que le demos a nuestras vidas.

 

lunes, 15 de febrero de 2021

Hay que buscar la Sabiduría

De los sermones de san Bernardo, abad

 

Trabajemos para tener el manjar que no se consume: trabajemos en la obra de nuestra salvación. Trabajemos en la viña del Señor, para hacernos merecedores del denario cotidiano. Trabajemos para obtener la sabiduría, ya que ella afirma: Los que trabajan para alcanzarme no pecarán. El campo es el mundo -nos dice aquel que es la Verdad-; cavemos en este campo; en él se halla escondido un tesoro que debemos desenterrar. Tal es la sabiduría, que ha de ser extraída de lo oculto. Todos la buscamos, todos la deseamos.

Si queréis preguntar -dice la Escritura-, preguntad, convertíos, venid. ¿Te preguntas de dónde te has de convertir? Refrena tus deseos, hallamos también escrito. Pero, si en mis deseos no encuentro la sabiduría -dices-, ¿dónde la hallaré? Pues mi alma la desea con vehemencia, y no me contento con hallarla, si es que llego a hallarla, sino que echo en mi regazo una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. Y esto con razón. Porque, dichoso el que encuentra sabiduría, el que alcanza inteligencia. Búscala, pues, mientras puede ser encontrada; invócala, mientras está cerca.

¿Quieres saber cuán cerca está? La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón; sólo a condición de que la busques con un corazón sincero. Así es como encontrarás la sabiduría en tu corazón, y tu boca estará llena de inteligencia, pero vigila que esta abundancia de tu boca no se derrame a manera de vómito.

Si has hallado la sabiduría, has hallado la miel; procura no comerla con exceso, no sea que, harto de ella, la vomites. Come de manera que siempre quedes con hambre. Porque dice la misma sabiduría: El que me come tendrá más hambre. No tengas en mucho lo que has alcanzado; no te consideres harto, no sea que vomites y pierdas así lo que pensabas poseer, por haber dejado de buscar antes de tiempo. Pues no hay que desistir en esta búsqueda y llamada de la sabiduría, mientras pueda ser hallada, mientras esté cerca. De lo contrario, como la miel daña -según dice el Sabio-a los que comen de ella en demasía, así el que se mete a escudriñar la majestad será oprimido por su gloria.

Del mismo modo que es dichoso el que encuentra sabiduría, así también es dichoso, o mejor, más dichoso aún, el hombre que piensa en la sabiduría; esto seguramente se refiere a la abundancia de que hemos hablado antes.

En estas tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría o de prudencia: si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza y si de ella salen también palabras de edificación. En efecto, por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Y, además, lo primero que hace el justo al hablar es acusarse a sí mismo: y así, lo que debe hacer en segundo lugar es ensalzar a Dios, y en tercer lugar (si a tanto llega la abundancia de su sabiduría) edificar al prójimo.


domingo, 14 de febrero de 2021

Si quieres, puedes limpiarme

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Estamos a pocos días de comenzar el Tiempo de Cuaresma, 40 días de reflexión interior. Un tiempo de descubrir cuáles son nuestras impurezas que se nos han ido “pegando” del mundo y cuáles las que, directamente, hemos realizado nosotros. El deseo del leproso es el deseo de los corazones que se sienten empobrecidos por el pecado personal, por las faltas cometidas, y que necesitan de la Gracia para poder seguir caminando, para volver a recomenzar un camino de santidad y perfección.

Quizás en estos tiempos que vivimos hemos perdido la capacidad de “diagnosticar” el pecado y, sobre todo, el pecado personal. Decía un santo que “el mal, aunque todos lo hagan siempre será mal, y el bien, aunque nadie lo practique siempre será bien”. El mundo, en estos tiempos que vivimos, nos está queriendo enseñar que el pecado no es pecado, y que si todos lo hacen es porque está bien hecho. Y esa es la mayor de las tentaciones de satanás: hacer creer que porque todos lo hacen está bien hacerlo.

Aunque el leproso viva en una comunidad de leprosos, siempre seguirá teniendo esa enfermedad que le irá comiendo la vida. Así nos pasa con el pecado: vivimos en un mundo que vive en pecado y que nos dice que está bien, pero sigue siendo pecado, y ese pecado nos va quitando la Vida de la Gracia, va “comiendo” los cimientos de nuestra vida cristiana y nos va paganizando poco a poco.

Por eso tenemos que, como Jesús en el desierto, encontrarnos con La Verdad de la Palabra de Dios, y confiar en que la Providencia y el Espíritu Santo nos enseñen a discernir entre lo que es el pecado y la vida en la Gracia, para que, como Él nos ha pedido, volvamos a ser Luz para iluminar las tinieblas del pecado en el mundo, para que, los que buscan al Señor con sincero corazón, no equivoquen el camino por que nosotros se lo indicamos mal, sino que “viendo nuestras buenas obras glorifiquen a Dios”.


sábado, 13 de febrero de 2021

El pecado y la libertad

En el principio de la creación, según la imagen del génesis, la desnudez parece ser signo de la inocencia del Hombre, pero, después del pecado, ambos se visten con hojas de higuera, como muestra de pudor, de haber perdido la inocencia.
La desnudez la descubrimos, también, en los pequeños que sin conocer el bien y el mal, se muestran tal como son; aunque, en estos tiempos, la desnudez ya no pasa por ser algo inocente, sino que, en algunos casos son muestras de odio, de rebeldía, hasta de crueldad en algunas protestas callejeras. Lo que nos muestra que en la adultez la semilla del pecado vuelve a hacer su efecto y nos da apariencia de que todo está bien, aunque esté mal, no sólo a los ojos de Dios, sino a los ojos de muchos otros.
Cuando el hombre vivía en la inocencia de la infancia espiritual se mostraba ante Dios tal cual es, como la imagen del génesis que nos muestra que Dios bajaba a hablar con el Hombre y éste estaba desnudo. Cuando prueba el gusto del pecado, porque sabe que ha desobedecido, y es cuando se hace consciente en él la desobediencia, entonces se esconden entre los árboles para no ser vistos por Dios. Es una bella y triste imagen: sabemos y somos conscientes cuándo hemos falta a la fidelidad, cuando hemos desobedecido conscientemente a la Voluntad de Dios queremos escondernos de su mirada.
Y así es el pecado: una acción libre y consciente de actuar en dosobediencia a la Voluntad de Dios. Y no vale aquí el argumento de que alguien me tentó, sino que lo que vale es que aunque alguien me tentara yo accedía a esa tentación, y acepté conscientemente a una acción en contra de los Mandamientos y de la Voluntad de Dios.
Está claro que el escritor del génesis, inspirado por Dios, define muy bien la actitud del varón y la mujer ante el pecado: ninguno de los dos quiere hacerse cargo de su pecado, de su desobediencia, sino que ambos le echan las culpas al otro. Pero el Señor no mira sólo a quien ha tentado sino a la capacidad de respuestas del Hombre: se dejó seducir e hizo lo que sabía que no debía hacer.
Por eso, Dios, ha castigado a cada uno según su propia conducta, pues cada uno ha sido desobediente consciente y libremente. Y, a partir de ahí, comenzó toda la historia en la cual somos todos partícipez, pues como dice San Pablo: no siempre hago el bien que quiero sino el mal que no quiero, pues tengo la espina del pecado clavada en mí.
Pero, a pesar de saber que el pecado reside en mí, el Señor nos da la Gracia de la Reconciliación no sólo para purificarnos del pecado personal, sino también para renovar nuestros deseos de seguir viviendo en la Vida de la Gracia, y retomar el camiino de la santidad.

 

viernes, 12 de febrero de 2021

La serpiente está entre nosotros

"La serpiente era el más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
Desde que el hombre tiene conocimiento del bien y del mal, y, sobre todo, desde que comenzó su relación con Dios, ha entendido que la tentación es lo que hace que pierda la razón de lo que está bien, y de lo que debe hacer.
El Tentador siempre está al acecho para que podamos dejar de hacer lo que debemos para hacer lo que no podemos, pero nunca se nos presentará con toda la verdad, sino que nos irá engañando con medias verdades, para poder entablar un diálogo que nos lleve a creer como bueno lo que no lo es.
La imagen de la serpiente es porque él siempre está escondido esperando su presa, esperando con paciencia que uno se acerque a su idea para presentársela y hacerlo caer en la trampa de la tentación, para que, sobre todo, deje de hacer lo que Dios le ha pedido que haga o que no haga.
La gran tentación del hombre siempre ha sido ser el Todopoderoso, ocupar el lugar de Dios, para él poder manejarse por su cuenta: hacer nueva todas las cosas a imagen de sí mismo, y así poder darse sus propios límites o no-límites, y, según él conociendo el bien y el mal dejarse llevar por su propio instinto y capacidades.
Si miramos hacia afuera y observamos el mundo vamos a descubrir que el hombre-todopoderoso que se cree dios no ha podido mejorar la creación, sino que va por un camino de destruir todo lo que no es "útil" según su propio criterio, y, así ha llegado a definir que "ciertas vidas no son útiles", por eso "tienen el derecho de no vivir". Eso no es un dios amor, eso es un dios egoista que sólo busca su propio interés y no el de los demás.
Nuestro Dios, en el que creemos a quien adoramos, es el que no dudó en enviarnos a su propio Hijo como propiciación por nuestros pecados, y dándonos su Vida nos dio una Vida Nueva basada en el Amor: amor a la Vida, amor a la Verdad, amor a los demás, y sobre todo Amor a los que son más débiles y necesitados, en lo humano y lo espiritual, por eso el Señor no considera ninguna vida como no-útil, sino que todas las vidas desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, son útiles y tienen el derecho de vivir.
Hoy la serpiente del Edén está tan cerca de todos que no nos damos cuenta, y dejamos que su veneno se vaya introduciendo en las venas de nuestra vida de fe y vaya envenenando, lentamente, todos nuestros criterios religiosos y morales.
Con la Gracia de Dios intentemos quitar ese veneno de nuestras vidas y volver al Camino que, en la Verdad, nos ayuda a sanar y cuidar la Verdadera Vida.

 

jueves, 11 de febrero de 2021

No tienen vino

"Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» "
¿Qué tendrá que ver esta pequeña frase con la reflexión de hoy? Mucho, pues es una actitud de María que tendríamos que tener más presente en nuestro día a día. María al estar despojada de sí misma podía estar atenta a todo lo que sucedía a su alrededor, no como lo hacen muchos que están atentos a todo lo que pasa para tener tema para el cotilleo o chusmerío, sino que estaba atenta a las necesidades de los demás, aunque, para otros, sean cosas sin importancia, como en este caso. Nadie se había dado cuenta de que estaba faltando el vino, salvo aquella que estaba atenta al sufrimiento de los demás, porque, en realidad, para los que servían la mesa era un pesar el hecho de que se haya acabado el vino, sería algo tremendo en una boda que no hubiesen previsto la cantidad necesaria.
Pero, no sólo está atenta a esos detalles sino que se pone en movimiento para buscar una solución y encontrarla. Otra actitud que es muy de valorar: no quedarnos sólo con el problema, sino buscar una solución. Muchas veces ante algo que vemos que se nos viene encima o una situación complicada, nos quedamos en blanco y no hacemos nada y, en muchos casos, vamos a otros a buscar que nos solucionen el problema o nos den una respuesta. Que los problemas no nos inmovilicen, sino al contrario que activen nuestra capacidad de razones y de buscar soluciones, para uno mismo o para los demás, pues si nos quedamos inmóviles nada resolveremos y todo nos aplastará.
El desasimiento de uno mismo y la disponibilidad de María nos ayudarán a estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor para poder servir a los hermanos con prontitud, pero también, a estar atento a que las soluciones a todo está en nosotros, pues tenemos el Espíritu que nos indica y nos ayuda a ver y discernir, y nos mostrará el camino para resolver las situaciones o conflictos que se sucedan.
Y, en todo caso, siempre recordar la actitud de María, ir al Hijo para que sea Él quien nos ayude a hacer el milagro de encontrar no solo la solución, sino que transforme nuestra angustia en esperanza, nuestro dolor en gozo, nuestra tristeza en alegría, y nos renueve el espíritu para que siempre este como María dispuestos a tender una mano a quien lo necesite y, poder así, ser instrumentos de Dios para llevar el mensaje de paz y alegría a nuestros hermanos.

 

miércoles, 10 de febrero de 2021

Quién tuvo la culpa?

"El Señor Dios dio este mandato al hombre:
«Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir».
La famosa frase con la que comenzó todo el lío del pecado original y la maldad en el hombre y en el mundo. Se podría decir que la culpa la tuvo Dios, porque prohibirle algo al hombre hizo que el hombre quisiera ese algo. Si es lo que nos pasa siempre.
Cuando alguien nos prohíbe algo, ese algo prohibido se vuelve algo deseoso que aunque nunca hubiéramos pensado que era apetecible, se vuelve apetecible por el mero hecho de que está prohibido.
Pero, bueno, no tuvo la culpa Dios al prohibirlo, sino que la debilidad del hombre nos hace querer tener lo prohibido, y la tentación siempre está delante nuestro para que caigamos. Y es ese el duro caminar del hombre en la tierra: enfrentándose a las tentaciones que le hacen perder la Gracia conseguida hasta ese momento.
Porque Dios no ha prohibido algo así por que sí, sino que nos ha dado razones de por qué no: "porque el día en que comas de él, tendrás que morir". Y así fue. Pero no siempre escuchamos el por qué no podemos hacer lo que nos han prohibido, o, nos hacemos los sordos ante las razones de las prohibiciones, porque lo más lindo es saltarnos las leyes para hacer lo que tenemos ganas y lo que los instintos nos incitan a hacer.
Y, así nos olvidamos de nuestra capacidad de razonar y de usar la fuerza de voluntad para hacer lo que debemos y no lo que queremos. No sólo pecamos haciendo lo que no debemos, sino que nos volvemos irracionales por dejarnos llevar sólo por los instintos animales.
Y, al llegar las consecuencias de lo que hemos hecho no somos, a veces, capaces de asumir nuestras responsabilidades, sino que buscamos un culpable de lo que hemos hecho: "la mujer que tú me diste me tentó".
El hermoso Don que Dios nos regaló con la libertad es la capacidad de razonar y discernir, de encontrar en el discernimiento las razones más fuertes para poder hacer lo que debemos y no lo que queremos, y, sobre todo, en nuestro casos que hemos conocido el Don de Dios y la Vida que Él nos regaló, buscar la Gracia suficiente para poder caminar en santidad. Pues no es que Dios nos suelta de su Mano, sino que somos nosotros los que hemos elegido caminar sin Dios, o fuera de los límites que Él nos ha ido marcando a lo largo de la Historia de la Salvación.

 

martes, 9 de febrero de 2021

Fariseo cristiano

"Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Yo diría que el fariseo cristiano es también un soberbio espiritual, así como lo muestra el evangelio con este ejemplo de los fariseos. ¿Por qué un soberbio espiritual? Porque el soberbio cree que él todo lo sabe y que nadie es mejor que él, por eso se da el derecho de cuestionar y juzgar todo lo que hacen los demás y, sobre todo, buscar siempre el error ajeno para hacer notar lo bueno que es él.
El fariseo cristiano siempre buscará a otro cristiano que no haga las cosas tan bien, y por eso, murmurará contra él, levantará calumnias (que puedan estar bien fundamentadas), pero, sobre todo, nunca le tenderá una mano a alguien para ayudarlo a mejorar o tendrá el valor de hablar cara a cara con quien está criticando, sino que siempre lo hará de espaldas.
El fariseo cristiano se cree santo porque hace muchas "cosas buenas" o está en asociaciones o grupos cristianos, pero se ha olvidado de lo que signfica ser cristiano porque no lleva una vida verdadera junto a Cristo, ni vive de acuerdo al Evangelio del Amor, de la Fraternidad, de la Verdad, se escuda en sus propios criterios y vive de acuerdo al espíritu del mundo buscando creer tener poder.
Y, como el fariseo cristiano, cree tener poder y, cada día, quiere más, siempre está buscando cómo hacer quedar mal al que puede llegar a ser mejor que él, o a quién él le parece que puede ser mejor que él. Pero, sabemos que en el cristianismo nuestra única meta es la santidad de acuerdo al evangelio de Cristo: "Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»"

 

lunes, 8 de febrero de 2021

Perseverar en Cristo

De las cartas de san Jerónimo Emiliani a sus hermanos de religión

Hermanos dilectísimos en Cristo e hijos de la Sociedad de los Siervos de los pobres:
Os saluda vuestro humilde padre, y os exhorta a que perseveréis en el amor de Cristo y en la fiel observancia de la ley cristiana, tal como os lo demostré de palabra y obra cuando estaba con vosotros, a fin de que el Señor sea glorificado por mi en vosotros.
Nuestro fin es Dios, fuente de todo bien, y, como decimos en nuestra oración, sólo en él debemos confiar, y no en otros. Nuestro Señor, que es benigno, queriendo aumentar vuestra fe (sin la cual, como dice el Evangelio, Cristo no pudo hacer muchos milagros) y escuchar vuestra oración, determinó que vivierais pobres, enfermos, afligidos, cansados y abandonados de todos, y que os vieseis incluso privados de mi presencia corporal, aunque no de la presencia espiritual de este vuestro pobre padre, que tanto os ama.
Sólo Dios sabe por qué obra así con vosotros; pero podemos sospechar tres razones:
La primera, que nuestro Señor os quiere contar entre sus hijos queridos, con tal que perseveréis en sus caminos; esto es lo que suele hacer con sus amigos para santificarlos.
La otra razón es que pretende haceros confiar exclusivamente en él. Dios, como os he dicho, no realiza sus obras en aquellos que se resisten a depositar en él totalmente su fe y su esperanza; en cambio, infunde la plenitud de su caridad en aquellos que están llenos de fe y esperanza, y realiza grandes obras en ellos. Por eso, si tenéis auténtica fe y esperanza, hará con vosotros grandes cosas, él, que exalta a los humildes. Al hacer que me haya alejado de vosotros, y al alejar también a cualquier otro que goce de vuestro favor, Dios os da a elegir entre dos cosas: apartaros de la fe, volviendo a las cosas del mundo, o permanecer fuertes en la fe y obtener así su aprobación.
He aquí pues, la tercera razón: Dios quiere probaros como al oro en el crisol. El fuego va consumiendo la ganga del oro, pero el oro bueno permanece y aumenta su valor: De igual modo se comporta Dios con su siervo bueno que espera y persevera en la tribulación. El Señor lo levanta y le devuelve, ya en este mundo, el ciento por uno de todo lo que dejó por amor suyo, y después le da la vida eterna.
Así es como se comporta Dios con todos sus santos. Así hizo con el pueblo de Israel después de que pasó tantas tribulaciones en Egipto: lo condujo por el desierto entre prodigios, lo alimentó con el maná y sobre todo le dio la tierra prometida. Si vosotros perseveráis constantes en la fe en medio de las tentaciones, Dios os dará paz y descanso temporal en este mundo, y sosiego imperecedero en el otro.