domingo, 31 de mayo de 2020

El envío del Espíritu

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

    El Señor dijo a los discípulos: Id y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Con este mandato les daba el poder de regenerar a los hombres en Dios.
    Dios había prometido por boca. de sus. profetas que en los últimos días derramaría el Espíritu sobre sus siervos y siervas, que éstos profetizarían; por esto descendió el Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios, que se había hecho Hijo del hombre, para así, permaneciendo en él, habitar en el género humano, reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las manos de Dios realizando así en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la antigua condición a la nueva, creada en Cristo.
    Y Lucas nos narra cómo este Espíritu, después de la ascensión del Señor, descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés, con el poder de dar a todos los hombres entrada en la vida y para dar su plenitud a la nueva alianza; por esto, todos a una, los discípulos alababan a Dios en todas las lenguas, al reducir el Espíritu a la unidad los pueblos distantes y ofrecer al Padre las primicias de todas las naciones.
    Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Abogado que nos haría capaces de Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertimos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de lo alto.
    Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el baño bautismal la unidad destinada a la incorrupción, pero nuestras almas la recibieron por el Espíritu.
    El Espíritu de Dios descendió sobre el Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y de temor del Señor, y el Señor, a su vez, lo dio a la Iglesia, enviando al Abogado sobre toda la tierra desde el cielo, que fue de donde dijo el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto necesitamos de este rocío divino, para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego; y, ya que tenemos quién nos acusa, tengamos también un Abogado, pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre, posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y vendó sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que nosotros, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado, retornándolo al Señor con intereses.

sábado, 30 de mayo de 2020

La astucia y el Espíritu

El otro día veíamos cómo Pablo usó de la astucia para no ser condenado a muerte, y, del mismo modo, volvió a usarla para poder llegar a Roma, donde lo quería el Señor para anunciar el Evangelio. Claro es que no fue como hombre libre, sino que fue preso para que pudiera ser juzgado por el César, que era el privilegio que tenían los que gozaban de la condición de ser ciudadanos romanos.
"Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba...
Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos".
La astucia para ser Fiel a la Voluntad de Dios, es lo que le permitió poder alcanzar la meta. Pero no una meta que él había planeado, sino la meta que el Señor le había propuesto: llevar el anuncio del Evangelio a Roma y de ahí hasta el fin del mundo. Y, porque fue Fiel, el Señor pudo, con su Gracia, hacer que el mensaje fuera predicado por Pablo "sin estorbos" por mucho tiempo, haciendo que no sólo fuera predicado, sino que puidera echar raíces profundas en esa comunidad y en tantas otras.
Los apóstoles fueron así sembrando en todo el mundo conocido la semilla de la Fe, de la Esperanza y, sobre todo del Amor, para que el mundo pudiera ser un germen de Hombres Nuevos que vivan a imagen de Nuestro Señor.
Si ponemos la mirada en el evangelio de hoy vamos a ver a un apóstol diferente. Pero no diferente porque Pedro no haya sido Fiel como lo fue Pablo, sino diferente porque el Espíritu Santo aún no había transformado definitivamente el corazón de Pedro, y, como hombre sólo pensaba en cosas de hombre:
"En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y este ¿qué?».
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
Lo humano siempre nos deja preocuparnos de cosas humanas, que son guiadas por la envidia, los celos... y no nos deja poner la mirada en un punto más alto. Por eso le preocupaba a Pedro qué es lo que pasaría con Juan, el discípulo a quien Jesús amaba, porque veían que con él tenía una especial relación. Y Jesús le responde muy bien, en otras palabras, se podría decir "a tí que te importa lo que le suceda", lo que te tiene que importar es que sea Fiel por eso ¡Sígueme!.
Seguir el llamado de Jesús sin mirar hacia otro lado que no sea Su Vida y Su Palabra, es lo que más le tiene que importar a un apóstol. Por eso, cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos ya no miraron más al suelo, sino que con la mirada puesta en Dios siguieron fieles a la Su Voluntad y entregaron su vida para cumplir con el mandato del Señor.

viernes, 29 de mayo de 2020

Las dos caras del amor

"Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, le dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
«Sí, Señor, tú, sabes que te quiero».
Jesús le dice:
«Apacienta mis corderos».
En este diálogo entre Jesús y Pedro podemos descubrir dos cosas (por lo menos son las que se me ocurren en este momento):
Para seguirlo a Jesús, para ser su discípulo, para ser cristiano, es necesario amarlo, pero amarlo en serio (por eso las tres preguntas, para que quede bien claro que hay que amar a la Persona y no a las leyes que la persona dio) Y, por lo tanto, ser cristiano no es seguir una serie de normas o preceptos, sino amar a una Persona y vivir como esa persona vivió. Así, ser cristiano no es sólo una serie de normas a cumplir sino una vida a vivir: la vida de Cristo, por esa misma razón a los discípulos los llamaron cristianos, porque en ellos veían la vida Cristo, esa vida que ellos mismos predicaban.
Y, segundo, (lo de antes era lo primero), que ese amor a Cristo no es una amor pasivo y afectivo, por que a la respuesta de Pedro de "Sí, Señor, tú sabes que te quiero", Jesús le exhige una acción: "apacienta mis corderos".
Muchas veces nos quedamos en un amor afectivo: me siento bien con Cristo; y cuando el Señor me pide algo que no me gusta, o no exige algo que no está dentro de mis planes, el amor se va al garete, ya dejo de amar al Señor porque lo que me está pidiendo no es lo que yo pensaba que viviría. Y esto sucede porque no me he puesto a pensar cuál o cómo ha sido la vida de Cristo: "siendo hijo aprendió, por medio del sufrimiento, a obedecer" (dice la carta a los Hebreos) Pero como me quedé con el amor al Buen Jesús, al Dulce Corazón de Jesús, nunca pensé que Jesús me exigiría "niégate a tí mismo, carga con tu cruz de cada día y sígueme", pero sígueme en todos los caminos y momentos de la vida. Por eso, no es sólo un amor afectivo de ¡cuánto me ama! ¡cuánto amor que tiene para mí!; sino también, un amor efectivo que se muestra en todos los momentos de la vida.
Y este amor efectivo se demuestra en la acción concreta que el Señor me pide: "mi alimento es hacer la Voluntad del que me envió", "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre", es decir, mi acción concreta por el amor que le tengo al Señor será ser Fiel a la Voluntad de Dios. En Pedro esa acción fue "apacentar a las ovejas y corderos", es decir ser Pastor del Gran Rebaño del Señor. Y, por eso, a cada uno de nosotros nos ha dado una misión, una vocación, una profesión en la que se verá, claramente, si soy o no soy Fiel a la Voluntad de Dios.

jueves, 28 de mayo de 2020

Astutos o violentos?

"Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín:
«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos».
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas)".
"Sed astutos como serpientes y mansos como palomas", había dicho Jesús, y es una virtud que san Pablo supo usar en todo momento, sobre todo, cuando sabía que el Plan del Señor no era el que se dejara matar. Así como el Señor nunca se dejó "atrapar" por los que querían matarlo hasta que no llegó su Hora.
La astucia usada para el bien, está bien usada, pero siempre tenemos que tener presente que el pecado original reside en nosotros, y, muchas veces, somos astutos para liberarnos no del mundo, sino de Dios. Usamos la astucia del mundo para escondernos frente a la Voluntad de Dios. Sí, como lo intentó hacer Adán y Eva después del pecado original, que el Génesis nos presenta aquella imagen de que se habían tapado con hojas y se habían escondido detrás de los árboles. Sin embargo Dios se hace el tonto y pasa buscándolos como si no supiera lo que habían hecho o dónde estaban. Y por eso mismo San Agustín dice: "temo al Dios que pasa y no vuelve". "Señor, que no dejemos pasar las oportunidades que Vos nos das. No seamos nosotros los que desperdiciemos una bendicion".
Al usar la astucia para no dejar pasar las oportunidades de ser Fieles a Dios, podemos así vivir la mansedumbre frente a diversas situaciones. Pablo, en este relato no tuvo que vocear ni usar la violencia, para poder liberarse de la muerte que querían sus acusadores, sino que viendo dónde estaba la grieta entre ellos, supo usar su astucia para seguir adelante con el Plan de Dios:
"La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo:
«¡Animo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».
Cuando no entendemos la Voluntad de Dios y nos seguimos guiando por nuestra propia voluntad, siempre nos dejamos llevar por el genio o el temperamento malo y así generamos divisiones y desuniones, queremos forzar, muchas veces, situaciones que no son propias del evangelio para poder hacer nuestros gustos y deseos, sin embargo, el Señor no va a darnos su Gracia para hacer nuestra voluntad. Y nos daremos cuenta porque la Paz no llega a nuestro corazón, cuando nos dejamos llevar por la violencia de tener que obligar a otros a aceptar mi voluntad y no la Voluntad de Dios.
Siempre el Señor, como en el relato del Génesis, vendrá a buscarnos, pero por miedo seguiremos ocultos tras nuestros propios argumentos y excusas, dejando pasar la Gracia que viene a salvarnos y a restaurarnos de nuestras caídas. Si nos ponemos frente al Señor y dejamos que la Verdad se haga presente, entonces, nos salvará y nos rescatará y nos ayudará a recomenzar un Camino de Fidelidad a la Vida en la Verdad, pero no en mi verdad, sino en la Verdad del Evangelio, en el Camino de la Voluntad de Dios.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Los lobos no salvan

"Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta..."
Esto que le decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso, también nos lo podría (y nos lo dice) a los que formamos la Iglesia del siglo XXI: porque todos somos guardianes del tesoro de la fe que ellos nos han legado; todos somos guardianes del depósito de fe que guarda la Iglesia a través de la Tradición y que fiellmente tenemos que llevar a todos los Hombres; todos somos guardianes de que se mantenga íntegro el Evangelio y que lleguemos a anunciar con alegría y, como dice Pablo: "con lágrimas en los ojos a cada uno en particular", para que el testimonio sea verdadero y fiel a lo que Jesús nos invitó vivir.
Porque si miramos la historia de la Iglesia, y nuestra propia historia en nuestra iglesia, veremos como siempre aparecen lobos rapaces que no buscan llevar a los hombes hacia Dios, sino que los quieren como discípulos propios para "arrastrarlos pos de sí". Y, nosotros, nos tenemos que dar cuenta que el Único Salvador del mundo es Jesús, todos los demás somos instrumentos de Él para "anunciar hasta el confín de la tierra" el mensaje de Salvación.
Los lobos rapaces que se hacen pasar por ovejas en el rebaño del Señor, son los que creen que pueden salvar a los hombres, sin darse cuenta que sólo los llevan por el mismo camino de la perdición, pues van sembrando no los dones del Espíritu Santo, sino los dones del mundo: desaveniencias, discordias, desuniones, rencores, perversión...
"Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia con todos los santificados". Veis lo que dice Pablo, él no los quiere tras de sí, aunque valora el aprecio que tienen por él, sino que los une, cada vez más, a la Palabra de Dios, pues sólo la Palabra da vida, y la Palabra nos conduce al Hijo y el Hijo al Padre; porque sólo la Palabra de Dios eterna como el mismo Dios, y los instrumentos somos, no sólo pasajeros, sino imperfectos y pecadores como todos los hombes, porque hemos nacido con pecado original, y, a pesar de querer vivir la santidad de cada día, la espina del pecado sigue actuando en cada uno. Por eso debemos estar atentos, buscar en la Gracia de Dios la fortaleza para escuchar la Palabra y Obedecer al Amor, para que nuestra vida siga siendo santificada por el Espíritu y así podamos ser testigos fieles de la Vida de Jesús.

martes, 26 de mayo de 2020

La acción del Espíritu Santo

Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo

    ¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares.
    Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.
    Fuente de santificación, luz de nuestra inteligencia, él es quien da, de sí mismo, una especie de claridad a nuestra razón natural, para que conozca la verdad.
    Inaccesible por su naturaleza, se hace accesible por su bondad; todo lo llena con su poder, pero se comunica solamente a los que son dignos de ello, y no a todos en la misma medida, sino que distribuye sus dones a proporción de la fe de cada uno.
    Simple en su naturaleza, diverso en su virtualidad, está presente todo él en cada uno, sin dejar de estar todo él en todas partes. De tal manera se divide, que en nada queda disminuido; todos participan de él, aunque él permanece intacto, a la manera del rayo de sol, del que cada uno se beneficia como si fuera para él solo y, con todo, ilumina la tierra y el mar y se mezcla con el aire.
    Así también el Espíritu Santo está presente en cada uno de los que son capaces de recibirlo, como si estuviera en él solo, infundiendo a todos la totalidad de la gracia que necesitan. Gozan de su posesión todos los que de él participan, en la medida en que lo permite la disposición de cada uno, pero no en la medida del poder del mismo Espíritu.
    Por él. los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfección; iluminando a los que están limpios de toda mancha, los hace espirituales por la comunión con él.
    Y, del mismo modo que los cuerpos límpidos y transparentes, cuando les da un rayo de luz, se vuelven brillantes en gran manera y despiden un nuevo fulgor, así las almas portadoras del Espíritu y por él iluminadas se hacen ellas también espirituales e irradian a los demás su gracia.
    De ahí procede el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las cosas ocultas, la distribución de dones, el trato celestial. la unión con los coros angélicos; de ahí deriva el gozo que no termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que imaginarse pueda, nuestra propia deificación.

domingo, 24 de mayo de 2020

Enviados

"Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».
Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y “hasta el confín de la tierra”».
Los que se habían reunido junto a Jesús antes de la ascención, tenían en su cabeza, todavía, una idea falsa de lo que sería el Mesías: ellos pensaban que vendría a restaurar el Reino de Israel, a liberarlos de la opresión del imperio romano que tanto daño les hacía. Seguían con la idea de que Jesús sería el Rey que gobernaría en el Reino y les daría la libertad que esperaban desde había mucho tiempo. Pero no, no era esa la misión.
Así como en el evangelio nos relata que todavía algunos dudaban de Jesús, algunos todavía no habían enendido cuál era la misión de Jesús, ni cuál sería su misión como discípulos de Jesús.
Es Jesús mismo quien alcara antes de ascender las dos cosas:
- no os toca a vosotros conocer los tiempos o momentso que el Padre ha establecido con su propia autoridad.
Es decir, como alguna vez lo dijo Él mismo: no nos preocupemos de lo que puede llegar a venir, sino vivamos el presente siendo fieles a la Voluntad de Dios. No está en nuestras manos ni el pasado ni el futuro, sino que, la confianza en al Providencia Divina nos ayudará a vivir el presente con total fidelidad.
- en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el confín de la tierra.
Será el Espíritu Santo quien nos fortalezca y oriente para ser Fieles a la Voluntad de Dios, pues la misión encomendada, no sólo a los apóstoles, sino a todos los discípulos es llevar la Buena Noticia a todos los hombres hasta el fin de los tiempos. Pero no será que lo hagamos por nuestra cuenta y riesgo, sino que lo haremos según nos inspire y oriente el Espíritu Santo, que el Señor nos dará el día de Pentecostés, siendo ese día, para nosotros el día de nuestro Bautismo y nuestra Confirmación de la Fe.
Es cierto que las cosas que van sucediendo en el día a día nos preocupes, nos desorientan y nos quitan, muchas veces, la esperanza de poder ser Hombres Nuevo, de poder vivir en un Mundo Nuevo; es por ello que el Señor no quiere preocuparnos en cuándo será el día o cómo será ese día, sino que dejando actuar al Espíritu Santo en nosotros, sólo nos ocupemos en vivir en Fidelidad a Dios, en Fidelidad a la Vida que el Padre nos pide día a día. No permitamos que las preocupaciones del mundo nos quiten la alegría de sabernos hijos de Dios, ungidos por el Espíritu Santo y enviados a llevar un Mensaje de Salvación a todos los Hombres hasta el final de los tiempos.

viernes, 22 de mayo de 2020

La alegría perfecta

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo, vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría".
"Vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre". El mundo se alegra cuando piensa que ha podido matar a Aquél que le estorbaba para seguir mientiendo, para seguir viviendo de acuerdo a sus propios planes. El mundo, al que se refiere Jesús, es a los que se dejaron tentar por el Príncipe de este mundo y quisieron darle muerte en la Cruz pensando que, así, ya nunca oirían Su Nombre. Y, por esa misma razón, los apóstoles y los discípulos, como dice Jesús, lloraron y se lamentaron, porque veían morir sus esperanzas, veían morir a Aquél en quien habían puesto su esperanza, que era el sentido de sus vida.
Pero, sobre todo, se pusieron tristes, o la tristeza invadió sus corazones porque no recordaron las palabras de Jesús en las que ya les había anunciado no sólo su muerte, sino también su resurrección. Por que lo que daba esperanza a la Cruz es la Resurrección, lo que da sentido a la Cruz es la Resurrección. Así lo dice san Pablo: si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe. Porque lo que Jesús vino a traer al mundo no es la muerte sino la Vida, y la Vida vino con su resurrección.
"Pero vuestra trsiteza se convertirá en alegría". El día que Jesús resucitado estuvo junto a ellos no podían hablar del asombro y la alegría, porque ese día volvió todo a la vida, no sólo Jesús resucitó, sino que también resucitó la esperanza, la alegría y la confianza en las Promesas del Padre, y de Jesús.
"También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada".
Esos días cuando lo vieron resucitado no tuvieron preguntas para hacrese ni para hacerles, porque su presencia llenaba todo de respuestas y de alegría.
Así nos pasa, también, a nosotros, en los días que estamos bien o no sucede nada, nunca le preguntamos nada a Dios, ni tan siquiera ¿cual es tu Voluntad para mi vida? (bueno, esa pregunta nunca se la hacemos, en realidad) Pero el día en que Dios nos pide llevar la Cruz, o suscede algo cerca de nuestra vida, ese día sí, levantamos nuestra voz al Cielo y le preguntamos ¿por qué a mí Señor? Pero... ¿no tendría que ser diferente, pregunarle todos los días al Señor cuál es Su Voluntad, y poder, con la Gracia del Espíritu, recordar siempre sus palabras y sus promesas, para que nuestra alegría siempre sea perfecta?

jueves, 21 de mayo de 2020

Sembrar en otros campos

"Como ellos se oponían y respondían con blasfemias, Pablo sacudió sus vestidos y les dijo:
«Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza. Yo soy inocente y desde ahora me voy con los gentiles».
San Pablo, desde antes de su conversión era un hombre de fuerte temperamento, y, como dicen las Escrituras, muy celoso de su fe, tanto lo era de la fe judía, como después de la fe en Cristo. Por eso nunca podía dejar de predicar, y de predicar con fervor y con ese fuego que le quemaba por dentro, pues, como muchas veces había dicho Jesús: había encontrado un tesoro y por eso había vendido todo lo que tenía para comprarlo. Ese tesoro era la Fe en Jesucristo, una revelación que le transformó la vida y por eso quería y neceistaba compartirlo y anunciarlo a todos los hombres, primero a los de su raza.
Esta necesidad de anunciarlo al pueblo judío era porque Jesús era el Mesías esperado, el Prometido por Dios para su Pueblo, y, por eso, cuando su gente no lo quería escuchar o no querían entender, se encendía ante la falta de fe y de disposición a creer. Al tomar conciencia de esta falta de disposición comprendió que ya no tenía que seguir insistiendo con ellos: "desde ahora me voy con los gentiles".
Y ¿qué nos enseña esta actitud de Pablo? Muchas veces nos empeñamos en que alguien, a quien queremos, pueda llegar a comprender lo que estamos viviendo: queremos convertirlo y que crea en lo que creemos; pero esa persona no está dispuesta a creer, no está dispuesta a convertir su corazón y disponerse a escuchar lo que queremos compartir. Hay veces que nos pasamos años queriendo que creean, pero no hay caso, no abren su corazón a lo que les estamos compartiendo. Es ahí cuando nos tenemos que dar cuenta que quien no quiere creer "aunque resucite un muerte no va a creer", y hay que dejarlo que siga su propio camino y nosotros comenzar a recorrer otro camino.
Quizás sea el momento de descubrir, como Pablo, que tenemos que ir a predicar a otros o predicar de otro modo, buscar nuevos métodos de evangelización y nuevos campos para realizar el anuncia de la Palabra.
Muchas veces somos nosotros los que nos empecinamos en que tal o cual crea, y no nos damos cuenta que hay otros corazones que nos están esperando pero que no les damos importancia, porque nos hemos cerrado a tal o cual cosa o tal o cual caso, y Dios nos está queriendo decir: ¡ya basta! hay que ir o mirar para otro lado.
Porque así lo hizo Pablo, tomó la decisión de mirar e ir hacia otro lado:
"Se marcho de allí y se fue a casa de Ticio Justo, que adoraba a Dios y cuya casa estaba al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios, al escuchar a Pablo, creían y se bautizaban".

miércoles, 20 de mayo de 2020

Desde la oscuridad

"Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir".
Jesús se iba y se fue adelantando al pensar del hombre, porque siempre queremos saber algo más, siempre nos es difícil aceptar la oscuridad de la fe, pues no queremos andar a tientas el Camino que Él nos propone, pero así es la vida de la Fe: un andar en la oscuridad, pero con la seguridad de que es el Espíritu el que nos guía: "aunque pase por cañadas oscuras nada temo...".
¿Por qué no podemos saber todo lo que queremos y deseamos? "Muchas cosas me quedan por dediros, pero no podéis cargar con ellas por ahora", esa es la respuesta que, seguramente, en los tiempos que vivimos no nos alcanza para satisfacer nuestro deseo de saber.
Hace unos días miraba una serie en donde la protagonista se encontraba por primera vez con un ordenador, y en el buscador ponía la pregunta: ¿existe Dios? ¿Cómo lo conocemos?, y el buscador le llenó la pantalla de miles de opciones y... ¿cuál es la válida?
Y es lo que se encontró Pablo en Atenas:
"Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”.
Y le comenzó a hablar de Jesús. Pero muchos no le creyeron porque le hablaba de la resurrección. Sólo unos pocos creyeron en la Palabra de Dios, aquellos que aceptaron el Don de la Fe, y el no pode entender algunas cosas, porque muchas están en el Misterio de la Fe.
Por eso, en estos tiempos en donde parece ser que todo lo encontramos explicado y si lo necesitamos lo encontramos en Google, hay momentos en nuestras vidas, que, como María, tenemos que obrar igual: "ella conservaba estas cosas para meditarla en su corazón". Y así será con muchos momentos y situaciones de nuestra vida, porque si no llegamos a la desesperanza o a la ansiedad de no poder dar explicaicón a todo, por lo cual terminamos perdiendo la Fe.
Y será el Espíritu Santo quien nos ayudará a aceptar y comprender, desde la contemplación y la meditación, aquellas cosas que quedan ocultas a nuestro saber humano:
"cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir".

martes, 19 de mayo de 2020

Cristo es el vínculo de la unidad

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan

    Todos los que participamos de la carne sagrada de Cristo alcanzamos la unión corporal con él, como atestigua san Pablo, cuando dice, refiriéndose al misterio del amor misericordioso del Señor: El misterio que no fue dado a conocer a las pasadas generaciones ahora ha sido revelado por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas: esto es, que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y coparticipes de las promesas divinas, en Cristo Jesús.
    Y si somos unos para otros miembros de un mismo cuerpo en Cristo, y no sólo entre nosotros mismos, sino también para aquel que está en nosotros por su carne, ¿por qué, entonces, no procuramos vivir plenamente esa unión que existe entre nosotros y con Cristo? Cristo, en efecto, es el vínculo de unidad, ya que es Dios y hombre a la vez.
    Siguiendo idéntico camino, podemos hablar también de nuestra unión espiritual, diciendo que todos nosotros, por haber recibido un solo y mismo Espíritu, a saber, el Espíritu Santo, estamos como mezclados unos con otros y con Dios. Pues, si bien es verdad que tomados cada uno por separado somos muchos, y en cada uno de nosotros Cristo hace habitar el Espíritu del Padre y suyo, este Espíritu es uno e indivisible, y a nosotros, que somos distintos el uno del otro en cuanto seres individuales, por su acción nos reúne a todos y hace que se nos vea como una sola cosa, por la unión que en él nos unifica.
    Pues, del mismo modo que la virtualidad de la carne sagrada convierte a aquellos en quienes actúa en miembros de un mismo cuerpo, pienso que, del mismo modo, el único e indivisible Espíritu de Dios, al habitar en cada uno, los vincula a todos en la unidad espiritual.
    Por esto nos exhorta también san Pablo: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del espíritu, con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios. Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo y lo invade todo. Al estar en cada uno de nosotros el único Espíritu, estará también, por el Hijo, el único Dios y Padre de todos, uniendo entre sí y consigo a los que participan del Espíritu.
    Y el hecho de nuestra unión y comunicación del Espíritu Santo, en cierto modo, se hace también visible ya desde ahora. Pues, si, dejando de lado nuestra vida puramente natural, nos sometimos de una vez para siempre a las leyes del espíritu, es evidente para todos nosotros que -por haber dejado nuestra vida anterior y estar ahora unidos al Espíritu Santo, y por haber adquirido una hechura celeste y haber sido en cierta manera transformados en un nuevo ser- ya no somos llamados simplemente hombres, sino también hijos de Dios y hombres celestiales, por nuestro consorcio con la naturaleza divina.
    Por tanto, somos todos una sola cosa en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; una sola cosa por la identidad de condición, por la asimilación que obra el amor, por la comunión de la carne sagrada de Cristo y por la participación de un único y Santo Espíritu.

lunes, 18 de mayo de 2020

El Espíritu Santo nos renueva en el bautismo

Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad

    El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte; nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste. para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del infierno.
    Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así como su doctrina.
    Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
    La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro cuerpo y nuestra alma.
    Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu, dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego.

domingo, 17 de mayo de 2020

Dar razones de nuestra fe

"Queridos hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo".
Dar razones de nuestra esperanza... es lo que nos pide Dios por medio de San Pedro. Es lo que llamamos dar testimonio de lo que creemos, pero siempre, como dice Pedro, con delicadeza y con respeto. En estos tiempos que vivimos no siempre nos encontramos con quienes quieren debatir sobre nuestra fe, o, mejor dicho, quieren que reneguemos de nuestra fe, y para ello, siempre usan los mismos argumentos terrenales: que el oro del vaticano, que los pecados de los curras, que la vida de estos, que aquello, que lo otro... Generalmente, como se llama en idioma de internet son los trolls que lo que buscan es irritar y no confrontar, porque cuando quieren confrontrar comienzan a utilizar otro lenguaje que no se puede aceptar.
Por eso mismo san Pedro nos pide delicadeza y respeto, y, sobre todo teniendo buena conciencia, es decir sabiendo que lo que yo vivo es lo correcto (aunque siempre tengamos noción de nuestro pecado personal), y, sobre todo, entendiendo que quien no quiere entender nunca va a entender aunque baje Dios y se lo explique.
Por eso tenemos que tener siempre conciencia de en Quién hemos puesto nuestra confianza, y Quién es a quién le creemos y por Quién vivimos. Las razones de nuestra esperanza están puestas en Dios, en el Amor de Dios por mí, por los hombres, en la Palabra y en la Promesa de Dios, y no en la palabra y la promesa de los hombres.
Lamentablemente todos somos humanos, los que habitamos este mundo, y todos tenemos nuestro pecado personal, además del pecado original, por lo cual ninguno puede tirar la primera piedra por ser Inmaculado, sin ningún pecado. Pero sí saber que estamos en el Camino de perfección constante, de querer vivir en Cristo y vivir para Cristo, pues sabemos que es el Único Camino que nos lleva a la Vida Verdadera, en la Verdad y la Justicia.
Sabemos y estamos seguros que en el momento de nuestra defensa, no seremos nosotros quienes nos tengamos que defender sino que será el Espíritu que mora en nosotros quien nos dará las palabras necesarias y justas para alcanzar la razón y la confianza en el Señor:
"Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros".
Quienes no lo han conocido no pueden dar razones de lo que quieren o esperan, pero nosotros que lo hemos recibido y que lo tenemos en nuestros corazones tenemos que aprender a escucharlo para que nos ayude, en cada momento, a saber hablar y dar razones del por qué creemos y por qué vivimos en Dios y para Dios.

sábado, 16 de mayo de 2020

Como no son del mundo, el mundo los odia

Como el Evangelio de hoy es muy corto, lo copio íntegro. Pero no sólo porque es corto, sino que lo que dice Jesús, como siempre, nos tiene que dar a pensar y reflexiionar mucho en estos tiempos que corren.
"Jesús dijo a sus discípulos:
«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.
Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»
En estos tiempos hemos escuchado muchas voces de reclamos, de injusticias contra la Iglesia: de reclamos de los fieles a los obispos, de los sacerdotes al gobierno, de esto para aquí, de esto otro para allá, y, muchos hasta han llegado a hablar de la persecución a la Iglesia, y por ese motivo han hablado mucho contra muchas personas.
Y yo me pregunto ¿no esa una consecuencia de estar viviendo el mensaje evangélico? ¿Jesús no nos advirtió que sería así? ¿Por qué no podemos ser perseguidos por predicar la Palabra de Dios, si también Él fue perseguido por lo mismo?
"Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si usedes fueran del mundo, el mndo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia".
Es cierto que estas palabras no le dan a nadie el privilegio de perseguir y matar a los cristianos, pero también forma parte de nuestro ser cristianos. ¿Por qué?
"Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes... Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió".
Si muchos quieren "enterrar" a la Iglesia es porque les molesta la Luz que ilumina el error, la corrupción, el pecado, el mal que se está sembrando desde los estamentos de poder, y que, como es habitual, muchos nos hacemos ecos de la maldad del mundo, y aceptamos la vida del mundo y no la vida de Dios.
En estos momentos me acuerdo de algo de decía mi formador, el P. Efraín, que vivió una de las peores épocas de argentina (el gobierno militar y la persecución) "si nadie hablaba mal de mí, me cuestionaba, porque pensaba que no estaba predicando bien el evangelio. Pero cuando veía que muchos comenzaban a criticarme y a querer quitarme del medio, entonces sabía que el Evangelio había llegado y lo estaba predicando".
Y vuelvo a lo mismo: a nadie se le ha dado permiso para perseguir y matar a nadie, pero la persecución a formado parte de la vida de la Iglesia desde siempre. ¿Por qué nos aflige que el mundo no nos quiera?
Por eso, el Señor nos lo advirtió para que, cuando eso suceda, no nos asombremos y ni nos pongamos mal, sino todo lo contrario que ahondemos nuestras raíces en Su Palabra, para que fieles a Su Espíritu sepamos permanecer en Su Amor y en Su Palabra, para seguir iluminando con nuestra vida la oscuridad del mundo.

viernes, 15 de mayo de 2020

Mas papistas que el Papa

Hay gente, como se dice habitualmente: que se cree más papista que el Papa, es decir, hay muchos que se creen que por haber estudiado o aprendido, o que creen que saben, se dedican a sembrar cizaña o ideas contrarias al evangelio, o simples ideas que confunden a los que quieren, de verdad, seguir al Señor. No sólo ocurre en estos tiempos, sino que siempre ha ocurrido, por eso, en la lectura de hoy, después del Primer Concilio de Jerusalen (cuando se reunieron los apóstoles para discernir sobre ciertas cuestiones) decían:
"Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos..."
¿Por qué generar más cuestiones si con lo que el Señor nos plantea en el Evangelioi ya tenemos bastante y de sobra? Si ya es difícil vivir el Evangelio con radicalidad, ¿por qué algunos se empecinan en buscar más conflictos? Por que somos muchos los que vivimos de nuestras "medallas", y siempre queremos colgarnos alguna más en nuestro cuello.
La vanidad y la soberbia de algunos que les hace creer que saben más que el Señor, y, en algunos casos, más que Dios mismo.
Sí, todos somos capaces de sembrar dudas acerca de la fe, de intentar poner trabas para que alguien pueda vivir simplemente y eficazmente la fe. No caemos en la certeza, todavía, de que el pecado original siempre mete su cizaña en nuestras vidas y nos lleva a creer que nuestro pensamiento, que nuestras ideas, o que nuestro conocimiento de la Sagrada Escritura, de la litrugia, del derecho o de vaya a saber qué cosa, nos hace capaces de ser renovadores del Evangelio.
Y no es así. El Evangelio está terminado y no habrá más revelación hasta que vuelva el Hijo del Hombre, y es para ese momento que tenemos que estar intentando vivir lo que Él nos ha dejado dicho en Su Palabra. Por eso decimos, cada vez que la proclamamos: Es Palabra de Dios. Porque creemos que es Palabra de Dios, sino diríamos es palabra de tal o cual Papa u Obispo. Y si fuera de ellos sí que podría ser modificada de acuerdo a los aires del mundo. Pero no es así, es Palabra de Dios.
Por eso no nos creamos mejores que Jesús, sino que intentemos pedir al Espíritu la fortaleza para crecer en humildad y fidelidad a la Palabra de Dios. Por eso mismo, los apóstoles le contestaban a esas comunidades y les decían:
"Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».
¿Qué es lo indispensable? La Palabra de Jesús, la Palabra de Dios.

jueves, 14 de mayo de 2020

Permanecer como apóstol

Cuando Pedro tomó la palabra para poder elegir a uno que ocupara el lugar de Judas Iscariote, puso una condición, pues para ser apóstol había que:
"Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en el que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección».
"Uno de los que acompañaron todo el tiempo en el que convivió con nosotros el Señor Jesús", la permanencia junto al Señor es una condición sin la cual no se puede llegar a ser apóstol, pues no anunciamos un mensaje aprendido de memoria, sino que anunciamos una vida vivida junto al Señor.
Cualquier puede aprenderse de memoria la vida de Jesús, así como cualquiera puede llegar a conocer lo que se dijo sobre la vida de alguien, pero eso no significa que se haya vivido junto a ella.
Y, nosotros, hemos sido elegido para pertenecer a una Iglesia católica y apostólica, y no sólo porque esté construída sobre la fe de los 12 apóstoles, sino porque ese es su rasgo esencial: todos en ella son apóstoles, todos anunciamos la Buena Noticia que nos trajo Jesús, porque a todos, es lo que creemos, nos ha llamado Él, y por Él vamos al Padre, sin dejar de vivir la misión fundamental: "id al mundo entero".
¿Cómo y cuándo nos eligió el Señor? Eso no es importante, lo importante es saber que Él nos llamó y nos consagró para ser sus testigos hasta el fin de los tiempos. Porque, hoy, tenemos el ejemplo de Matías, apóstol o, también, de San Pablo, ninguno de los dos fueron elegidos como el resto de los apóstoles, pero sin embargo, ninguno de los puede dejar de ser llamado apóstol de Cristo.
Lo que importa es la respuesta al llamado: y por eso el Señor en el Evangelio nos habla de la permanencia en su Amor y en su Palabra:
"Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado".
Y sabes que este permanecer no es un permanecer pasivo, sino que es un permanecer activo, pues el Amor es la fueza que nos mueve a llevar a todos el mensaje que hemos recibido, a llevar a todos la Vida que nos ha sido dada "y ¡a qué precio!". Por eso, debemos, siempre, pedir al Espíritu que nos de la fortaleza para saber permanecer en el Amor, para saber permanecer en Fidelidad a la Vida que el Señor nos ha dado, nos ha enseñado y pedido vivir, y nos ha pedido que la transmitamos al mundo entero.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Los cristianos en el mundo

De la Carta a Diogneto

    Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.
    Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.
    Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida.
    Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.
    Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto,' se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.
    El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

martes, 12 de mayo de 2020

Una Paz contradictoria

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde".
La paz es algo que buscamos constantemente y no sólo la Paz Mundial, sino, sobre todo la paz en nuestras vidas. Pero ¿cuál es la paz de la que nos habla Jesús? Porque Él dice que no es la paz como la da el mundo, es Su Paz.
Cuando pensamos en paz, pensamos en tranquilidad, en sosiego, pero esa no es la Paz que nos da Jesús, porque su Paz era hacer la Voluntad del Padre, es una paz activa que busca constantemente ser instrumento en las Manos de Dios. Por eso, cuando sigue hablando nos dice: que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde, porque en esa búsqueda de la Voluntad de Dios, siempre habrá situaciones que nos lleven al límite de querer o no querer realizar lo que Dios nos pida. Sí, como le paso a Jesús en el Huerto de los Olivos.
La Paz de Jesús es la tranquilidad que da saber que he intentado, por todos los medios, ser Fiel a la Voluntad del Padre, que no he dejado momento en mi vida sin que ese Ideal marcara mi vida. Y, sobre todo, sabiendo que "aunque pase por oscuras quebradas no temeré ningún mal, por Él está conmigo".
La Paz de Jesús es saber que soy coherente con lo que digo vivir y con lo que vivo, porque por mi vida los hombres creerán en Dios, por que "el Señor es mi Luz y mi Salvación", y es esa Luz la que ilumina la vida de los demás para que encuentren el camino de la salvación.
La Paz que me da Jesús no es la paz de aquél que no hace nada, porque se escuda en su falsa "humildad" para no hacer nada, sino que es la Paz de aquél que puede decir al final de cada día: "siervo inútil soy" he sido Fiel a la Voluntad de Dios.
La Paz que nos da Jesús es aquella Paz que incomoda nuestro corazón cuando no estamos viviendo como Jesús nos pide, cuando nos hemos quedado sentados en el sofá de la comodidad de mi casa sin mirar hacia los hermanos que necesitan que lleve una palabra de esperanza, de fe, confianza; porque sabemos que nuestra vida ya no nos pertenece porque hemos sido consgrados el día de nuestro Bautismo y se nos ha instituído como misioneros de la Palabra del Señor.
La Paz es una búsqueda constante de Gracia para poder llegar a alcanzar la meta de la santidad, como dice el Apóstol: he alcanzado la meta, no he perdido la fe. La Paz es una carrera constante en el Camino de la Vida, una carrera que trae como consecuencia la Paz del Señor a nuestras vidas.

lunes, 11 de mayo de 2020

El primogénito de la Nueva Creación

De las Disertaciones de san Gregario de Nisa, obispo

    Ha llegado el reino de la vida y ha sido destruido el imperio de la muerte. Ha hecho su aparición un nuevo nacimiento, una vida nueva, un nuevo modo de vida, una transformación de nuestra misma naturaleza. ¿Cuál es este nuevo nacimiento? El de los que nacen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
    Sin duda te preguntarás: -¿Cómo puede ser esto?- Pon atención, que te lo vaya explicar en pocas palabras. Este nuevo germen de vida es concebido por la fe, es dado a luz por la regeneración bautismal, tiene por nodriza a la Iglesia, que lo amamanta con su doctrina y enseñanzas, y su alimento es el pan celestial; la madurez de su edad es una conducta perfecta, su matrimonio es la unión con la Sabiduría, sus hijos son la esperanza, su casa es el reino y su herencia y sus riquezas son las delicias del paraíso; su fin no es la muerte, sino aquella vida feliz y eterna, preparada para los que se hacen dignos de ella.
    Éste es el día en que actuó el Señor, día en gran manera distinto de los días establecidos desde la creación del mundo, que son medidos por el paso del tiempo. Este otro día es el principio de una segunda creación. En este día, efectivamente, Dios hace un cielo nuevo y una tierra nueva, según palabras del profeta. ¿Qué cielo? El firmamento de la fe en Cristo. ¿Qué tierra? El corazón bueno de que habla el Señor, la tierra que absorbe la lluvia, que cae sobre ella, y produce fruto multiplicado.
    El sol de esta nueva creación es una vida pura; las estrellas son las virtudes; el aire es una conducta digna; el mar es el abismo de riqueza de la sabiduría y ciencia; las hierbas y el follaje son la recta doctrina y las enseñanzas divinas, que son el alimento con que se apacienta la grey divina, es decir, el pueblo de Dios; los árboles frutales son la observancia de los mandamientos.
    Éste es el día en que es creado el hombre verdadero a imagen y semejanza de Dios. ¿No es todo un mundo el que es inaugurado para ti por este día en que actuó el Señor? A este mundo se refiere el profeta, cuando habla de un día y una noche que no tienen semejante.
    Pero aún no hemos explicado lo más destacado de este día de gracia. Él ha destruido los dolores de la muerte, él ha engendrado al primogénito de entre los muertos.
    Cristo dice: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. ¡Oh mensaje lleno de felicidad y de hermosura! El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma raza.

sábado, 9 de mayo de 2020

Ser dignos de la vida eterna

"Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Me resultó fuerte esta frase de San Pablo y Bernabé: "como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna", una frase que podemos trasladar a muchos aspectos de nuestra vida cristiana. Porque en algunos sentidos siempre vemos gente que rechaza algo de la vida, que no está de acuerdo con lo que se vive y, entonces, se aleja, se aparta de la Comunidad, de la Comunión; y no lo hace porque lo hayan dejado de lado, sino que se aparta sólo por que tal gente o tal persona, o tal actitud no le ha gustado.
Claro que, lamentablemente, quien se aparta de la comunión de la Comunidad no se queda en silencio, alegre por haberse ido de donde no se sentía a gusto, sino que como lo hace por envidia, por soberbia o por apetito de poder dañado, entonces abre fuego contra aquellos o aquella comunidad:
"La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio".
Así, en muchas comunidades o familias, por la envidia y los rencores se han alejado o destruído, y no han podido disfrutar de la alegría de ser lo deben ser: una comunidad de personas que se aman. El pecado original nos ha dejado tan dañados que no nos damos cuenta no sólo el daño que nos hacemos porque nos alejamos de la comunión, sino el daño que le hacemos a los demás queriéndoselo hacer sólo a una persona. Porque cuando tiramos plumas (por decir una palabra decente) al aire nunca sabemos dónde van a caer y a quien van a dañar.
Pero al malvado, al envidioso, al rencoroso no le importa a quién daña, sino que lo que le importa es hacer daño y sentirse el ganador de la batalla, sin darse cuenta de lo que dice san Pablo, pues destruyendo la comunión no alcanza la salvación.
Por eso es importante que en comunidad no busquemos sólo nuestro bien, sino el bien común que es el ideal que el Señor nos ha pedido vivir: "sean uno, como el Padre y yo somos uno, para que el mundo crea", pero no es una unidad cualquier, no es sólo un montón de gente debajo de un mismo techo, sino la Unidad que el Señor nos pide vivir está basada en el Nuevo Mandamiento: "amaos unos a otros como yo os he amado", "en la medida en que se amen unos a otros el mundo creerá que sois mis discípulos".

viernes, 8 de mayo de 2020

Ante la duda consulte a Cristo

"Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».
No siempre llegamos a comprender las Palabras del Señor y, en el camino de la vida, nos surgen muchas dudas y preguntas. A veces, nos parece que no podemos cuestinar al Señor sobre lo que El dice o nos pide, pensamos que (como se decía o se dice muchas veces) "Dios nos va a castigar si le preguntamos". Y no, Dios no nos castiga, o mejor dicho tendría la posibilidad de castigarnos, pero si no le preguntamos cuando tenemos dudas. Así nos lo enseña Tomás quien con sus dudas siempre fue al Señor para que sea Él quien lo iluminara y le respondiera a lo que necesitaba.
Claro está que las respuestas del Señor pueden ser más difíciles de entender, pero no imposible de aceptar o asumir. ¿Por qué? Porque con las respuestas que el Señor nos da, aunque no las comprendamos de primera vez, siempre vendrá su Gracia para ayudarnos a asumir lo que nos pide vivir o lo que nos dice, y, como María: conservándolas en el corazón, luego de meditarlas podremos encontrar la Luz para entender.
Nuestro problema es que vivimos en el tiempo en que todo lo tenemos a nuestro alcance, y pareciera que no hay tiempo para recibir algo que necesito. Todo lo quiero ahora y, en muchos casos, lo recibo mañana. Pero si tengo alguna duda voy a Google y enseguida encuentro alguna respuesta, aunque no se si será verdad (porque no siempre me habla con la verdad) pero ya quedo satisfecho y paso a otra cosa, porque lo importante no es la respuesta sino satisfacer mi necesidad de respuesta.
En cambio, cuando voy al Señor, Él no me responde en el momento, sino que me lleva a buscar en el silencio del corazón la respuesta que necesito de Él, porque Él me habla por medio de su Espíritu que habita en mí, y con el que yo neceisto entablar un diálgo en el silencio y en el tiempo. Sabiendo que esos dos ingredientes: tiempo y silencio, me darán no sólo la respuesta, sino que me ayudarán a alcanzar la sabiduría para comprender y para iluminar, porque esas respuestas no sólo serán para mi vida sino que iluminarán la vida de otros, pues yo también soy un instrumento en manos del Señor.
Así ante la pregunta de Tomás "¿cómo podemos saber el Camino? Él es el Camino, entonces tendremos que ir a Él, a Jesús para encontrar el Camino para nuestra vida, tendremos que ir a Él para encontrar la Luz que ilumine el camino que le da sentido a mi vida. Y Él, con su Gracia iluminará delante de mí su Vida porque el sentido de mi vida es Su Vida, su Caminar es mi caminar, su Verdad tiene que ser mi verdad, su Vivir es lo que me ha dado vida y viviré muriendo en Él.

jueves, 7 de mayo de 2020

El mandamiento nuevo

San Agustín
Sobre el evangelio de San Juan (Tratado 65,1-3: CCL 36,490-492)
El Señor Jesús pone de manifiesto que lo que da a sus discípulos es un nuevo mandamiento, que se amen unos a otros: Os doy, dice, un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros
¿Pero acaso este mandamiento no se encontraba ya en la ley antigua, en la que estaba escrito: Amarás a tu prójimo como a ti mismo? ¿Por qué lo llama entonces nuevo el Señor, si está tan claro que era antiguo? ¿No será que es nuevo porque nos viste del hombre nuevo después de despojarnos del antiguo? Porque no es cualquier amor el que renueva al que oye, o mejor al que obedece, sino aquel a cuyo propósito añadió el Señor, para distinguirlo del amor puramente carnal: como yo os he amado
Éste es el amor que nos renueva, y nos hace ser hombres nuevos, herederos del nuevo Testamento, intérpretes de un cántico nuevo. Este amor, hermanos queridos, renovó ya a los antiguos justos, a los patriarcas y a los profetas, y luego a los bienaventurados apóstoles; ahora renueva a los gentiles, y hace de todo el género humano, extendido por el universo entero, un único pueblo nuevo, el cuerpo de la nueva esposa del Hijo de Dios, de la que se dice en el Cantar de los Cantares: ¿Quién es ésa que sube del desierto vestida de blanco? Sí, vestida de blanco, porque ha sido renovada; ¿y qué es lo que la ha renovado sino el mandamiento nuevo? 
Porque, en la Iglesia, los miembros se preocupan unos por otros; y si padece uno de ellos, se compadecen todos los demás, y si uno de ellos se ve glorificado, todos los otros se congratulan. La Iglesia, en verdad, escucha y guarda estas palabras: Os doy un mandato nuevo: que os améis mutuamente. No como se aman quienes viven en la corrupción de la carne, ni como se aman los hombres simplemente porque son hombres; sino como se quieren todos los que se tienen por dioses e hijos del Altísimo, y llegan a ser hermanos de su único Hijo, amándose unos a otros con aquel mismo amor con que él los amó, para conducirlos a todos a aquel fin que les satisfaga, donde su anhelo de bienes encuentre su saciedad. Porque no quedará ningún anhelo por saciar cuando Dios lo sea todo en todos. 
Este amor nos lo otorga el mismo que dijo : como yo os he amado, amaos también entre vosotros. Pues para esto nos amó precisamente, para que nos amemos los unos a los otros; y con su amor hizo posible que nos ligáramos estrechamente, y como miembros unidos por tan dulce vínculo, formemos el cuerpo de tan espléndida cabeza.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Unidad de los fieles

Del Tratado de san Hilario. obispo, Sobre la Santísima Trinidad

    Si es verdad que la Palabra se hizo carne, también lo es que en el sagrado alimento recibimos a la Palabra hecha carne; por eso hemos de estar convencidos que permanece en nosotros de un modo connatural aquel que, al nacer como hombre, no sólo tomó de manera inseparable la naturaleza de nuestra carne, sino que también mezcló, en el sacramento que nos comunica su carne, la naturaleza de esta carne con la naturaleza de la eternidad. De este modo somos todos una sola cosa, ya que el Padre está en Cristo, y Cristo en nosotros. Por su carne, está él en nosotros, y nosotros en él, ya que, por él, lo que nosotros somos está en Dios.
    Él mismo atestigua en qué alto grado estamos en él. por el sacramento en que nos comunica su carne y su sangre, pues dice: El mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros también; porque yo estoy en mi Padre, y vosotros estáis en mi y yo estoy en vosotros. Si se hubiera referido sólo a la unidad de voluntades, no hubiera usado esa cierta gradación y orden al hablar de la consumación de esta unidad, que ha empleado para que creamos que él está en el Padre por su naturaleza divina, que nosotros, por el contrario, estamos en él por su nacimiento corporal, y que él, a su vez, está en nosotros por el misterio del sacramento. De éste modo se nos enseña la unidad perfecta a través del Mediador, ya que, permaneciendo nosotros en él, él permanece en el Padre y, permaneciendo en el Padre, permanece en nosotros; y, así, tenemos acceso a la unidad con el Padre. ya que, estando él en el Padre por generación natural, también nosotros estamos en él de un modo connatural, por su presencia permanente y connatural en nosotros.
    A qué punto esta unidad es connatural en nosotros lo atestigua él mismo con estas palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi, y yo en él. Para estar en él, tiene él que estar en nosotros, ya que sólo él mantiene asumida en su persona la carne de los que reciben la suya.
    Ya antes había enseñado la perfecta unidad que obra este sacramento. al decir: Asi como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera quien me come vivirá por mi. Él, por tanto, vive por el Padre; y, del mismo modo que él vive por el Padre, así también nosotros vivimos por su carne.
    Emplea, pues, todas estas comparaciones adecuadas a nuestra inteligencia, para que podamos comprender, con estos ejemplos, la materia de que trata. Ésta es, por tanto, la fuente de nuestra vida: la presencia de Cristo por su carne en nosotros, carnales; de manera que nosotros vivimos por él a la manera que él vive por el Padre.

martes, 5 de mayo de 2020

Los llamaron cristianos

"Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna..."
Los judíos estaban ansiosos por que Jesús no les decía con todas las letras que Él era el Hijo de Dios, el Mesías que iba a venir, el Esperado; por eso, en todo momento, intentaban que se los dijera o que les diera un signo más claro y evidente. Pero, en realidad, no era que no les hablaba claro o que no hacía los signos evidentes, sino que no querían entender y aceptar la verdad que Jesús les estaba mostrando.
Y así, también, nos pasa a nosotros, muchas veces: no queremos aceptar la Voluntad en nuestras vidas, y, seguimos pedimos signos y milagros, pero, en definitiva, solo queremos hacer nuestra voluntad y que Dios se amolde a lo que nosotros queremos.
"Os lo he dicho, y no creéis... Pero vosotros no creéis, poruqe nos ois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz..."
Ser de Cristo, ser cristiano no es sólo llevar un nombre colgado del cuello o una cruz puesta en la oreja, sino es saber escuchar la Voz del Pastor, saber abrir el corazón a la Voluntad de Dios para seguir sus pasos, para poder ir detrás de Él. "Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen".
"Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño..."
Cuando escuchamos la Voz del Pastor, cuando aceptamos Su Voluntad, cuando vivimos según Su Palabra, entonces buscamos la unidad, la armonía en la comunidad, en la familia, somos instrumentos de Dios y por eso constructores del Reino aquí en la Tierra. Es lo que hicieron y fueron cimentando los apóstoles y los discípulos en las primeras comunidades, por eso, el ejemplo de sus vidas les hacía comprender y ver, en las primeras comundiades a Jesús, al Cristo que ellos predicaban por eso:
"Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron llamados cristianos".