"Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
La compasión de Jesús siempre ha tenido límites. Bueno, no me entendáis mal, no es que tenga límites sino que nos enseña que hay que saber con quien se tiene compasión. Me voy a explicar mejor.
En este pasaje de la multiplicación de los peces y los panes Jesús tiene compasión de la gente, pero no sólo porque tienen hambre, sino que tuvo compasión ya desde el comienzo porque se ha quedado con ellos durante tres días. Ellos eran los pobres, los necesitados, los enfermos. Eran todos los que estaban necesitados de Jesús, y Él tuvo compasión con ellos y, seguramente, no sólo los curó e hizo milagros, sino que con sus palabras sanó las heridas de sus corazones.
Pero, con otra gente, como con los fariseos, los escribas, los doctores de la ley, les exige, constantemente, mucho más. Seguramente siente compasión por ellos porque no pueden desprenderse de la ceguera con que mirar a Jesús, y por eso los reprende, los exhorta, los lleva hasta el límite de exigirles una conversión para que puedan descubrir en él al Salvador prometido. Pero no, no pueden dejar de creer en sus propias ideas y pensamientos.
Por eso decía que hay límites para la compasión, porque en algunos casos hay que ayudar, acompañar, comprender, y otras no, hay que saber exigir a quien puede dar.
Pero también, en este pasaje con llama a la esperanza. Sí, a la esperanza de saber que no necesitamos mucho para poder llegar a tener lo necesario.
"Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete y algunos peces».
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos".
Dios sabe lo que necesitamos y con lo poco que tengamos, si lo ofrecemos de corazón, Él se encargará del resto y nos dará lo que necesitemos en el momento apropiado. Sólo basta que creamos y que nos dispongamos a recibir el milagro.
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