jueves, 19 de diciembre de 2019

Lenguas opresoras

"Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo:
«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor cuando se ha fijado en mi para quitar mi oprobio ante la gente».
Nunca antes me había fijado en esta frase que san Lucas escribe sobre santa Isabel, porque siempre había puesto la atención en la concepción de Juan Bautista. Sin embargo, también fue un hecho muy importante para Isabel, el haber podido concebir. Porque para esos tiempos, quien no podía concebir era porque estaba "marcada por la esterilidad y de su seno no podría nacer el mesías", en otras palabras era tenida como una "desgraciada", sin-Gracia. Pero Dios tuvo no sólo compasión del Pueblo, a dónde era enviado Juan, sino de su madre por quitarle el oprobio que sentía su corazón.
Y, me gustaría, que entendiéramos lo que se siente cuando "soltamos" al aire (sin querer) comentarios sobre la gente: sienten su corazón oprimido, porque para ellos es un dolor enorme que alguien o algunos los marquen con tal o cual característica, riéndose o burlándose, o simplemente hablando de tal o cual persona.
Por eso, en esos momentos tenemos que levantar la cabeza y saber de dónde nos viene la salvación, de donde viene la libertad y la liberación de nuestros oprobios: de Dios. Es Él quien se encarga de satisfacer a nuestro corazón y nos libera con su Nacimiento, la Luz que nace en Belén en Navidad, será la Luz que ilumine las oscuridades de nuestros corazones, dándonos razones para seguir adelante, razones para alcanzar el gozo y la alegría de sabernos amados, perdonas, y salvados por un Dios que se hace pequeños, que se hace niño para traernos las mejor de las noticias: Dios nos ama y nos lleva escrito en la palma de sus manos, y nos cuidad como a las pupilas de sus ojos.
Por eso, cuando el Ángel saluda a María le dice: "Alégrate, llena de Gracia!, porque es esa Gracia la que nos trae la Buena Noticia, es esa Gracia la que llevamos en nuestro corazón y nos libera de la opresión de los comentarios de los demás, de lo que los demás piensen sobre mí, de las burlas del adversario.
Jesús nace para liberarnos, no sólo de nosotros mismos, porque, en algunos casos, somos nosotros quienes nos atormentamos haciéndonos eco de lo que los demás dicen, sino que nos libera de sentirnos oprimidos o determinados por lo que los demás piensan de mí.
No seamos opresores con nuestras lenguas, ni dejemos que las lenguas de los demás opriman nuestro corazón.

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