sábado, 21 de diciembre de 2019

Una historia de amor

"¡La voz de mi amado! Vedlo, aquí llega, saltando sobre los montes, brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo, parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca, mirando por la ventana, atisbando por la celosía.
Habla mi amado y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía y ven".
Siempre me ha gustado esta lectura del Cantar de los cantares, aunque siempre la leído en las celebraciones de matrimonios, y hoy está para prepararnos a la Venida del Señor. Y creo que es muy lindo pensar la Navidad como ese encuentro de Amor con aquél que viene a salvarnos. Es un encuentro de Amor con Aquél a quien se lo ha esperado por mucho tiempo. Es el amor que espera impacientemente al Amor y todo me recuerda a él (como dice alguna canción)
Y creo que así quiere el Señor que lo esperemos, con un corazón ansioso y anhelante de la llegada del Amor de Dios a nuestras vidas, a nuestra historia, y no sólo para que sea una historia de salvación, sino que sea una historia de amor, del Amor de Dios hacia los hombres, hacia nosotros, hacia mí.
Sí, una hisotria de amor de Dios hacia mí, porque no sólo ha pensado en la humanidad, sino que ha pensado en mí, porque a mí me ama con amor de Padre, con Amor de Madre: para me lleva escrito en la palma de sus manos, y me cuida como a la pupila de sus ojos.
Y es una historia donde si lo pienso en singular, o sea, desde mí, me daré cuenta que en esta historia tengo que ser protagonista, no ser sólo un actor secundario, sino que soy el protagonista, aquél que se moja constantemente para permanecer fiel a ese Amor que viene a mí, a ese Amor que tanto he esperado, a ese Amor que ha venido desde el Cielo para que yo pueda llegar al Cielo.
Claro que también, nos surgirá, como Isabel la misma pregunta: "¿Quien soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?". Y esa respuesta es simple, soy a quien ama, soy su hijo, su hijo pequeño y como Madre y como Padre, saben que necesito que me demuestren su amor por mí. Necesito sentirme amado para poder amar, porque el amor lo aprendemos a dar cuando lo recibimos de pequeños, y nosotros somos esos niños pequeños que aprenden a amar porque ha recibido un Amor Infinito qu ese hizo hombre en el seno de la Virgen y viene a nuestra vida en cada Eucaristía.

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