domingo, 22 de diciembre de 2019

Abres?


José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Ya no queda nada para la Fiesta de la Navidad. Incluso María y José ya están a las puertas de Belén, aún no saben dónde va a nacer su hijo, pero saben que transformará sus vidas. Esperan encontrar un albergue en Belén, un lugar cálido para descansar y pasar la noche. El camino se ha hecho largo para María, su embarazo estaba muy avanzado. El cansancio ya se nota, pero no el cansancio del alma y del corazón, porque en Ella, como en José, va latiendo el mismo Amor por su Dios, por su Señor, y, ahora, también, late al unísono con su Dios que está creciendo, día a día, en su interior.
Dios quiso nacer en el seno de una Virgen para que su inmaculada carne sea su mejor morada, pues no hay mejor lugar para Dios que el corazón de su madre, como no hay mejor lugar para nosotros que el corazón de Dios.
Ya se acerca el día.
Nosotros sabemos cuándo y dónde nacerá. Pero… le dejaremos lugar para nazca donde Él quiere, o le cerraremos las puertas diciéndole que estamos muy ocupados, que tenemos visitas, que tenemos que preparar la comida, que… que… ¡hay tantas excusas que ponemos para que no nazca donde Él quiere!
No, el Señor no busca grandes corazones, no busca grandes mentes, no busca hermosos cuerpos. Él se conforma con poco, porque son los “humildes de corazón” los que pueden dar alojamiento al Rey del Cielo. Son los niños en el espíritu quienes pueden preparar el lugar más cómodo y confortable para que Nazca Nuestro Dios. ¿Lo dejarás entrar?
¿Habrá lugar en nuestras vidas para que nazca el Señor?
Tampoco le importa que tu corazón esté dañado por el dolor, o por el pecado, o que tantas y tantas veces te hayas caído y, hasta quizás, no te hayas podido levantar a tiempo… No le importa que te sientas sucio o que no hayas podido limpiarte lo suficiente…
Solo abre la puerta de tu corazón, porque eres tú quien tiene las llaves por dentro: “estoy a tu puerta y llamo, si me abres entraré en tu casa y cenaremos juntos” ¿Abres?

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