martes, 10 de diciembre de 2019

Consolar el corazón

"Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén".
Esta lectura es una que siempre me ha gustado, sobre todo el mandato del Señor: consolar, hablar al corazón. Es cierto que no son misiones fáciles, porque no siempre tenemos las palabras apropiadas para decir o los gestos adecuados para hacer, pero no por eso tenemos que claudicar o hacer cosas que no son propias de aquél que quiere consolar.
Muchas veces, nos encontramos en situaciones difíciles que han vivido otras personas y nos toca consolar, ¿qué les decimos? ¿qué hacemos? A veces escuchas cosas que no ayudan a consolar el corazón de nadie, sino que simplemente usamos frases sacadas de libros de autoayuda o que son del refranero popular o les hablamos de lo que ya estaba escrito por Dios...
Y Dios nos envía a dar una palabra de consuelo verdadera, que salga de nuestro corazón y llegue al corazón del hermano. Pero tiene que ser una palabra que, verdaderamente, uno la crea, porque sino no causa el mismo efecto. Y esa palabra es La Palabra de Dios, es la única que pueda dar luz y sentido a los dolores del corazón del hombre. Aunque no sepamos explicar o entender los misteriosos caminos por los que el Señor nos permite transitar, tenemos que entender que a todo el Señor quiere que le demos un sentido, y, sobre todo, el sentido del Amor de la Cruz.
Pero ¿cómo hablar de Dios cuando no se tiene una relación constante y clara con el Padre? Porque podemos dar muchas explicaciones teóricas, pero esas no llegan al corazón del hombre, esas palabras no calman el dolor. Por ejemplo: acordémonos del Sermón de la montaña de Jesús, ¿crees que esas palabras calmaron la ansiedad y la necesidad de los que lo estaban escuchando? Frente a Jesús había pobres, lisiados, enfermos, moribundos... y Jesús no le habló de "eso es el destino", "Dios así lo tenía pensado", sino que les ayudó a elevar su espíritu y descubrir una Bienaventuranza en la necesidad.
Claro es que no siempre vemos en las Bienaventuranzas un Camino de Vida sino que vemos que ha hecho de la pobreza un estandarte, y eso no lo queremos vivir. Sí, lo decimos muchas veces, pero que lo vivan otros.
Y, por otro lado, también está el saber encontrar el momento para decir lo que el otro necesita escuchar. Por que no siempre que quiero es el momento, sino sólo cuando la persona está dispuesta a escuchar lo que el Señor quiere decirle, pues en medio del dolor, lo que se necesita, es, muchas veces, silencio, comprensión, cercanía... y no que me quieran hacer entender lo que no quiero entender o no puedo entender.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.