jueves, 12 de diciembre de 2019

No estoy yo aquí que soy tu madre?

A pesar de que ayer, por error, pensé que era el día de la Virgen de Guadalupe, y hablé de María, hoy también tengo ganas de hacerlo. Porque mientras rezaba me acordaba del diálogo de María y el Indio Juan Diego.
La Virgen le hizo un encargo a Juan Diego de ir al Obispo a decirle lo que la Virgen quería, pero por dos veces no le hicieron caso. Y la tercera vez que tenía volver a ver a la Virgen, su tío estaba grave, por eso tomó otro camino para que no lo detuviera la Virgen, sin embargo, Ella le salió al paso por el camino que iba y le dijo:
«Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo? No te aflija la enfermedad de tu tío. Está seguro de que ya sanó. Sube ahora, hijo mío, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores; córtalas y tráelas a mi presencia.»
En muchas ocasiones, en nuestras vidas, al ir apurados le esquivamos a Dios, porque sabemos que Dios nos pedirá algo que no podemos darle en ese momento porque estamos pensando en lo que nos aflige, en lo que es urgente para nosotros. Y, sin embargo, el Señor quiere que descubramos que si ponemos nuestra confianza en Él, todo se solucionará más rápido, o, por lo menos, encontraremos la paz para poder mirar con tranquilidad y descubrir mejores soluciones.
Dejamos de lado a Dios en los momentos en que más lo necesitamos, y, Él quiere que en esos momentos nos encontremos con Él. Aunque tomemos caminos diferentes para no encontrarlo, seguramente, Él seguirá saliéndonos al paso para venir a nuestro encuentro.
María, como Madre, junto al Padre y al Hijo, quieren que aprendamos a confiar en la Providencia, porque sólo con su Gracia podemos hacer realidad el milagro que necesitamos, aunque no el queremos. Porque con su Gracia podemos encontrar la paz para sobrellevar cualquier dolor, cruz u oscuridad, pues el alma inquieta y sin paz no encuentra soluciones, sino, cada vez más encuentra problemas.
Nos encontramos, cada día, con gente de mucha oración y vida cristiana, pero casi sin nada de confianza en la Providencia Divina, pues cuando surgen las cruces en el Camino dejan de lado al Señor y oscurecen su fe con la desesperación o la desilusión de que el Señor no ha hecho nada por ellas.
Por eso, intentemos, siempre, recordar las palabras de María a Juan Diego: oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.