jueves, 27 de diciembre de 2018

Vio y creyó

"Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó".
No siempre es fácil creer en lo que no vemos, no sentimos, no escuchamos. Somos seres que se guían por la percepción, en cambio, también, somos seres espirituales aunque al espíritu tampoco lo vemos, ni lo sentimos, pero sabemos que existe. Así nos pasa con lo que nos cuesta creer, porque para negar siempre hay un camino fácil: decimos que no creemos en tal cosa y ¡listo! seguimos viviendo. Aunque para decir que algo no existe, primero he tenido que saber que existe, pero no me quiero meter en ese berenjenal.
A los apóstoles les costó creer lo que le decían las mujeres, y hasta que no vieron no creyeron, aunque en este pasaje del evangelio, en realidad, no vieron nada, porque no estaba Jesús, pero podría haber sido, como dijeron otros, que se habían robado el cadaver. Juan y Pedro al llegar al sepulcro no vieron a Jesús, pero tenían en su mente las palabras que Él les había dicho, y en su corazón esperaban que esas palabras fueran ciertas, lo mismo que lo que le había dicho María Magdalena. Tenían el deseo de creer, por eso cuando vieron la tumba vacía, creyeron.
Seguramente nos ha pasado muchas veces algo similar en orden a la fe: siempre nos cuesta creer en las cosas de Dios, sobre todo. Digo sobre todo en las cosas de Dios, porque nos encontramos con gente que cree en montón de otras supersticiones, siendo cristiana, pero no cree demasiado en las cosas de Dios. O, mejor dicho, porque no tiene la suficiente confianza en la Providencia Divina, en el Amor del Padre, y por eso comienza a creer en muchas otras "creencias" o supersticiones que no son cristianas, y, en algunos casos, son contrarias a lo que decimos creer como cristianos.
El camino de la Fe, la vida de fe que intentamos vivir no es una vida fácil, pues, se podría decir, que creemos sin ver, sin tocar, sin sentir, sin experimentar sensaciones que nos demuestren que lo que creemos es verdad. Sabemos que es verdad lo que creemos pero aún seguimos caminando en oscuridad, nos sostenemos de Verdades que nos han transmitido y dejamos que el Espíritu Santo confirme esas verdades con la Paz que le da a nuestra alma.
Por eso es tan necesario, en nuestra vida, en nuestro camino de fe, tener una constante relación con las Personas Divina, para que siempre pueda permanecer unido a ellas, para que el Amor, la Gracia, el Fuego siempre esten en mí. Que el Amor al Padre nos ayude a sentirnos hijos que son cuidados y amados por un Padre Todopoderoso y creador de Cielos y Tierra. Para que la Gracia que el Hijo nos dió con su muerte y resurrección, permanezca y nos perfeccione como hijos de Dios, para que siempre podamos aceptar y vivir en la Voluntad del Padre. Y así, el Fuego de los Dones del Espíritu nos ayude a madurar nuestras fe y nos encienda en la entrega cotidiana de nuestra vida hacia la santidad.

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