Hoy termina el año litúrgico y comienza, con la misa vespertina y de
domingo, un ciclo nuevo con la liturgia del Adviento. Es por eso que en
estos días anteriores hemos escuchado (o leído) la Palabra de Dios que
nos mostraba los signos de los últimos tiempos, no sólo como una visión
profética de parte de Jesús y en las lecturas del Apocalipsís, sino como
una advertencia de que este mundo es pasajero, que nuestra vida, aquí
en la tierra, es pasajera, pero que aún así Dios nos ha
dado un espíritu de eternidad y, al hacernos hijos suyos, nos llama a
vivir "aquí en la tierra como en el Cielo", haciendo que podamos
transformar lo efímero en eterno.
En este evangelio de sábado vemos
cómo el Señor nos pide que estemos despierto, en algún otro pasaje nos
dice: estad despiertos y vigilantes; a lo que San Pedro en su carta nos
va a decir: porque satanás está como león rugiente esperando a quien
devorar. Por que nuestra misión aquí en la tierra es una misión
apótolica, somos apóstoles del Señor y, como Él mismo, traemos al mundo
un mensaje de Salvación. Y es ese mensaje el que Satanás no quiere que
demos y por eso nos va engañando, con toda clase de sensaciones,
pensamientos y tentaciones para que no lo podamos dar. Y, si no estamos
atentos y vigilantes, seguramente caeremos en su tampa y no podré dar el
Mensaje al mundo.
El Señor no quiere que nos quedemos pensando que
ya se acerca el fin y que por eso tenemos que estar atentos, sino que
estemos atentos para no caer en la desidia de pensar que yo no tengo la
capacidad para ser apóstol, pues la pereza y la falsa humildad son las
que nos engañan para que nuestra misión no sea realizada, es así como
nos adormilamos y no salimos al paso de lo que el Señor nos pide.
Nos adormilamos con nuestros defectos y pecados y no somos capaces de
ponernos en pie para dar a conocer lo que se nos ha comunicado. Nos
dormimos pensando que no somos nada y dejamos que el mundo se vaya
encargando de dar su Mensaje sin siquiera nosotros ponerle trabas y
pregonar el Gozo de la Vida que el Señor nos ha regalado.
Nos
adormilamos con las vanas sensaciones de felicidad que nos presenta el
mundo, y no buscamos la Verdadera Plenitud que nos da la Fidelidad a la
Vida que el Señor nos presenta con su propia Vida. Nos parece que
siempre vamos a tener tiempo para convertir una situación que, a ojos
del mundo, es normal y "convenientemente" buena y no buscamos la ayuda
del Espíritu para poder cambiar y obedecer Su Voluntad.
Nos dormimos
porque el sabor del pecado embriaga nuestra mente y nos hace pensar que
"como todos lo hacen" no está mal, y que como tenemos que estar "a la
moda" con el mundo, entonces las exigencias del Evangelio no son para
esta época y le damos la espalda a la Voluntad de Dios, para vivir de
acuerdo con la Voluntad de los tiempos y del mundo.
"Estad, pues,
despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que
está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre".
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