"Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».
La misión del profeta es alzar la voz, porque lo que tiene que anunciar viene de Dios y no de él. No se puede no hablar cuando la Palaba llena el corazón y hace que los labios pronuncien lo que sienten, lo que viven, lo que anhelan. Dios llena el corazón del profeta con sus Palabras e implora al profeta que las proclame, que no se quede callado, porque es el que anuncia una buena noticia o el que advierte de un peligro. El profeta nunca puede dejar en el olvido las Palabras del Señor, porque su misión es anunciar aunque no le guste lo que ha recibido de parte del Señor.
Si bien esta lectura nos habla de que el profeta anuncia el consuelo para Jerusalén porque llega el Señor, aún así le habla de lo efímero que es la vida sobre la tierra, y de la eternidad de la Palabra de Dios, puesto que es la Palabra lo que le da eternidad a la vida del hombre. Cuando el hombre recibe la Palabra no sólo recibe una palabra, sino que recibe el mismo Espíritu del que nos dirige la palabra y nos invita y nos conduce por un Camino Nuevo hacia nuestra salvación.
Hoy somos nosotros los nuevos profetas de este siglo, y por eso tenemos que saber escuchar la Palabra de Dios para que vaya penetrando en nuestro corazón y nuestros labios puedan anunciar lo que Dios quiere, pero, fundamentalmente lo anunciará nuestra vida toda, porque la Palabra que el hombre de hoy escuchará es la Vida misma del cristiano. Cuando el cristiano no es coherente con su vida y su palabra entonces da un mensaje distorsionado y los que buscaban a Dios en esa vida no lo encontrarán, o encontrarán un camino distorsionado que no los conducirá a la salvación, sino a la perdición.
De este modo vuelven a sonar las palabras de San Juan Bautista: "preparad el camino, allanad los senderos", preparémonos para que no seamos un obstáculo o un estorbo en el camino de aquellos que buscan a Dios, sino que, todo lo contario, nuestra vida llena de Dios sea una lámpara que ilumine el al que busca con sincero corazón.
Sabiendo de nuestra misión anunciemos con nuestra vida la llega del Señor, anunciemos con nuestra vida la alegría de ser cristianos, anunciemos con todo nuestro ser el gozo de haber encontrado el camino de la salvación y mostremos con sinceridad la Vida que Cristo nos ha dado.
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