El día de la Sagrada Familia de Nazaret, un día en el que rezamos por las familias de todo el mundo, y miramos a José, María y Jesús para ayudarnos a alcanar la perfección como familias cristianas, una perfección que, claro está, no se da en ser inmaculados, justos o dioses, sino en buscar lo que Ellos encontraron para forjar una familia santa.
"Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todas esto en su corazón".
Si pensamos en la Sagrada Familia podemos verlos como un ejemplo muy lejano e imposible de alcanzar, porque cada uno de ellos alcanzó una perfección espiritual muy alta, y, generalmente, no estamos atentos a lo que vivieron. Pero, Ellos, como nuestras familias han pasado por muchos momentos parecidos, y nos lo demuestra este pequeño pasaje de Jesús perdido y hallado en el Templo (sí, como el misterio del Rosario) Jesús adolescente se aleja de la vista de sus padres y se queda solo en Jerusalen, sin decirle nada a ellos. María y José, confiados vuelven a su pueblo, pero en el viaje se dan cuenta que no estaba Jesús entre ellos y comienzan a buscarlo. Sí, son cosas que pasan y ese descuido no los marca como "malos padres", porque se olvidaron de su hijo.
Al encontrar a Jesús surge ese hermoso diálogo, aunque, un poco difícil de entender por la respuesta que da Jesús a sus padres, que, a nosotros nos puede parecer un poco fuera de lugar porque "no esas las formas de contestar a los padres", pero Jesús era un adolescente. Pero, en el fondo, en la respuesta hay algo que siempre ha estado en la Familia de Nazaret: la obediencia a Dios antes que a los hombres: "¿no sabíais que yo debía estaar en las cosas de mi Padre?". "Estar en las cosas de Dios", fue el centro de la vida de los tres, porque sus vidas estaba marcada por la presencia de Dios, por la escucha de la Palabra y la vivencia plena de la Voluntad de Dios en todo momento, tanto en el gozo de la anunciación como en el dolor del Calvariio.
Es cierto que esa respuesta de Jesús a sus padres no les impidió llevárselo a su casa y seguir, Jesús, obedeciendo a sus padres. Aunque María y José no entendieran lo que les quiso decir, pero, seguramente sabían en sus corazones que eso se lo habían enseñado ellos con su vida. Y así, Jesús siguió bajo su techo y creciendo con el ejemplo de María y José, viviendo en obediencia a quienes Dios había puesto para ser sus padres.
Por eso creo que a pesar de todo lo que han tenido que pasar, pues fueron una familia como la de cualquiera de nosotros, pudieron alcanzar (como diría san Pablo) "la meta" por la viviencia en plenitud de la Voluntad de Dios, la Fidelidad a la Vida que Dios les iba mostrando. Es esta fidelidad a Dios la que Ellos quieren mostrarnos a nosotros, que si nuestras vidas como familias están sostenidas y unidas en el mismo Ideal podremos alcanzar la santidad como Ellos la vivieron.
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